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Sociedad / 15 de septiembre de 2018

Pablo Piovano: “Ver a alguien morir luchando es una gran enseñanza”

Fue uno de los primeros fotógrafos en retratar el drama de Fabián Tomasi, el ex fumigador que murió tras años de manipular agroquímicos.

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Para el fotógrafo Pablo Piovano (37), autor del libro “El Costo Humano de los Agrotóxicos”, Fabián Tomasi fue, en esencia, su amigo y un punto de partida para todo lo que vendría en su vida: la decisión a renunciar a Página/12 después de 18 años de trabajo, y de solventar una investigación que lo llevó a recorrer miles de kilómetros por el Norte argentino para retratar las consecuencias en la salud de las familias que viven cerca de campos fumigados por agrotóxicos.

El exfumigador Fabián Tomasi, símbolo de la lucha contra los agrotóxicos, falleció el viernes 7, a los 52 años, en la ciudad entrerriana de Basavilbaso, luego de no haber podido sobreponerse a una neumonía que provocó su internación durante cinco días. Tomasi padecía una polineuropatía tóxica metabólica severa, que causa una disfunción de una parte del sistema nervioso. Contrajo la enfermedad a a raíz del contacto con los venenos.  Había empezado a trabajar con agroquímicos en el año 2005 para una empresa de fumigación aérea.

La historia de Fabián ya se conocía cuando, por primera vez, Piovano retrató su cuerpo macerado por tantos años de contacto con este veneno. Esas fotos permitieron que el drama de este hombre, y de muchas otras víctimas, tomara relevancia mundial y llegara, en una muestra documental, a las salas más prestigiosas del mundo como herramienta de debate sobre soberanía alimentaria.

NOTICIAS: ¿Cuándo comenzó a gestarse su investigación fotográfica?

Pablo Piovano: El “Costo humano…” comenzó en mis vacaciones por que era el único espacio que tenía libre para hacer un proyecto de largo aliento. Cada vez que salía, iba por un mes. Recorrí casi 15 mil kilómetros, fueron 7 viajes, y lamentablemente no hay ningún medio, al menos en La Argentina, que financie un trabajo de investigación así: la única manera de hacerlo era en los tiempos libres. Descubrí el trabajo a través de la red de médicos de pueblos fumigados, de algunos medios alternativos, que empezaban a hablar de esto y me hizo mucho ruido el silencio cómplice que había en los medios concentrados. Ese fue el motor también que me llevó a aventurarme y ver qué había en el escenario rural

NOTICIAS: Sus imágenes contaron el inicio de una realidad que no se conocía demasiado. ¿Era ese su propósito?

Piovano: Mi propósito primordial era entender qué pasaba, no tenía un objetivo mas allá. Todo lo fui descubriendo en el camino. Lo que sí tenía claro es que era muy difícil publicarlo en la Argentina. Podía ser publicado en cualquier revista del exterior y de afuera. A la hora de mostrarlo me tomé mi tiempo, lo hice a conciencia. El primer viaje lo hice solo, el segundo viaje fue con un periodista, en el cual, casi yo no tomé imágenes para tener la palabra escrita, recorrimos los lugares que ya conocía. Fue un viaje más alineado, más certero porque no perdíamos tiempo. Muchas casas quedan en pueblos pequeños, en medio de caminos de tierra. Como ya había detectado los lugares que teníamos que ir, lo hicimos de una manera fluida.

NOTICIAS: En este caso, ¿la fotografía es el final de un proceso creativo o se convierte en una causa para generar un cambio social?

Piovano: Internamente, a medida que uno va enfrentándose a la complejidad del tema, empieza a entender lo que sucede. Yo entré a un centenar de casas, y retraté a casi cien personas. Finalmente, el rostro del dolor se transforma en uno solo y cuando entendí que atrás de todo eso, estaba la soberanía alimenticia del pueblo, la salud, el control de los alimentos, la pérdida de la memoria antigua con lo sagrado, con la tierra, con el agua, entonces se me ancló de una manera muy clara. Casi sin quererlo, esto que podemos llamar “causa”: una lucha mundial por el derecho a la salud, a la alimentación sana y saludable. También Fabián fue un punto de inflexión que me ayudó a comprender y a ver, en su fortaleza, que allí había algo verdadero por lo cuál pelear.

Soy un poco quijotesco, creo en el poder de las herramientas, cuando son usadas de buena manera con una dirección verdadera. Creo en la transformación, a través de la fotografía documental en este caso. Tal vez no en lo inmediato, pero además de guardar memoria, testimonio de un tiempo, y de un espacio, también ayuda a acelerar el ritmo para que despertemos. Pueden masificarse, y más en este tiempo, que las puertas de la divulgación popular están abiertas a mucha velocidad. Quizá sea un poco sonso de mi parte pero sí creo en el cambio social a partir de nuestro trabajo. Por supuesto que la única manera que eso suceda es aunando fuerzas, que varias disciplinas se alineen en un mismo propósito, creo que de esa manera es posible empujar hacia una transformación.

NOTICIAS: ¿El libro tuvo más impacto en la Argentina o en el exterior?

Piovano: Al principio era muy difícil en Argentina, aunque hubo un suceso que me llamó mucho la atención y ahí me di cuenta la fuerza que tenía el trabajo y la necesidad que había de que existan imágenes. Sin querer puse, medio de bruto, un audiovisual público en vimeo, ví que se multplicaba y empezó a tener una gran cantidad de visitas en poco tiempo y me di cuenta que ahí había un espacio de comunicación que era ligero y hacía correr la voz. Por otro lado, hice una muestra muy grande en la Argentina, en el Palais de Glase, y en los medios masivos hubo una tensión que llevó a que no se comunique mi trabajo, pero si, en los medios alternativos. Durante meses hablé casi todos los días, con muchas radios, mi voz le permitía a los periodistas de los pequeños pueblos hablar del tema. Sabía que ellos habían sido maltratados al abordarlo, entonces, mi palabra sirvió para ocupar ese espacio. Fue agotador, pero creía que era necesario

Fuera del país, comencé a postular el trabajo en festivales internacionales para dar visibilidad al tema. El primer festival que postulé, el de Fotografía Ética en Italia, me llamaron para decirme que querían que ese trabajo esté en Lodi, un pueblo cercano a Milán. Ellos iban a hablar sobre alimentos, y fue una muestra bastante prestigiosa a nivel internacional. Luego seguí postulándolo en la misma dirección para visibilizar y financiar el trabajo, recuperar lo que había invertido y poder hacer otro viaje. El primer premio que postulo en México, me lo dan, luego en Francia y también gana, lo mismo sucedió en Londres con dos fundaciones muy importantes: Manuel Rivera Ortiz Foundation y Philip Jones Griffiths Foundation.

El trabajo fue expuesto en Rencontres d’Arles, France, uno de los epicentros de la fotografía contemporánea. Eso hizo que se vea mucho, quisieron hacer un libro, entonces ya tomó un camino, para mí, inesperado. Fue expuesto también, en Alemanía, en uno de los lugares más importantes para la fotografía documental que es el Willy-Brandt-Haus, de Berlin. Recorrió casi toda Europa, especialmente, porque había un debate sobre la aprobación del glifosato por cinco años y el trabajo fotográfico, funcionaba como una herramienta para esa discusión.

NOTICIAS: ¿Lo modificó como reportero gráfico el camino recorrido?

Piovano: La verdad que sí, me modificó. Yo había trabajado haciendo ensayos, con trabajos de largo aliento, pero ninguno con una significancia tan fuerte, un tema tan contemporáneo, en el cual estamos tan desprotegidos, y donde no hay mucho relato todavía.

A mí, prácticamente me obligó a tomar una decisión muy importante en mi vida y fue renunciar a un diario donde trabajé 18 años. Finalmente, el click fue descubrir que el sentido a la utilidad del periodismo, tal vez, no estaba dentro de la editorial, de los movimientos y necesidades editoriales, sino que estaba en otro lado: en identificar casi que individualmente o dentro de la visión colectiva popular qué es lo que hay que hacer. Como te decía al principio, no hay medios acá que puedan financiar la investigación y ¿qué es el periodismo sin investigación?

NOTICIAS: Fabián Tomasi se hizo conocido, en gran parte, por su trabajo. ¿Qué significó este hombre para usted?

Piovano: Fabián ya era una persona pública, lo habían entrevistado en Francia, Alemania. Yo lo conocí en el 2014 y creo que fue mutua la valoración, el aprecio, el cariño. Ir a verlo a su casa, fue el primer acercamiento que tuve con este trabajo. Estuve cuatro días viviendo en su hogar, tratando de comprender la complejidad de lo que vendría después. Ahí se tejió una amistad profunda de coincidencias que fue, realmente, muy hermosa, muy bella. Agradezco profundamente esa relación, agradezco la vida de Fabián, su maestría, porque se ha convertido en un gran maestro. En la intimidad era un gran humorista, le dolía todo, pero no se quejaba nunca y hacía reír a todos los que estábamos a su alrededor. Era capaz de levantar el ánimo a cualquiera y en una situación muy grave, muy dramática, su cuerpo lacerado te remite a los campos de concentración.

Finalmente creo que Fabián, para mí y para los sectores populares, se ha convertido en un ícono de la resistencia mundial contra los agrotóxicos. Él ha hecho un sacrificio muy grande, que es entregar su vida y ha convertido su último tiempo en un tiempo de resistencia, y lo hizo hasta su último respiro. A medida que perdía las posibilidades de moverse, lo hacía hasta que su último dedo le funcionaba en el mouse de la computadora, porque a través de las redes sociales generaba ruido y conciencia. Es posible que, a partir de su muerte, se convierta en una leyenda. Seguramente el tiempo le de la razón a muchos de sus entendimientos. Él tuvo que forjarse, leer mucho, se pasó los últimos años dando miles de entrevistas, tratando de hacer entender por qué estaba así y tratando de evitar que, a otro hermano, le pase lo mismo. Era una enseñanza para su hija Nadia y para todos nosotros. Ver a alguien morir luchando, morir de pie, es una gran enseñanza. Así que estoy, estamos, honrados y agradecidos y creo que tiene bien ganada la paz para poder descansar, después de tanta batalla.