Personajes / 15 de septiembre de 2018

Verónica Cangemi: “Salgo de cantar y busco un Malbec”

La soprano volvió al país para celebrar sus 25 años de carrera en el Colón. El desafío de formar una familia y no caer en la diva.

Llega apenas uno minutos tarde de la hora pautada a la sesión de fotos en el Salón Dorado del Teatro Colón. “Me tuve que maquillar y peinar sola, espero estar bien para las fotos”, se disculpa Verónica Cangemi, la soprano mendocina que hace más de tres décadas brilla en los escenarios de Estados Unidos y Europa. “La diva del barroco”, como la titulan, luce un vestido crudo tejido, con cuello alto y falda acampanada. Más coqueta que diva, pregunta si habrá retoque y pide ver las primeras imágenes. Luego se relaja y posa junto a un reluciente Steinway negro, el piano que remata este rincón del teatro.

Noticias: ¿En qué momentos se reconoce una diva?
Verónica Cangemi: No me considero una diva. Sí canto los roles de las divas del barroco. Soy una persona normal y con los pies en la tierra. Y hago algunos sacrificios por este trabajo que amo.

Noticias: ¿Qué sacrificios?
Cangemi: Viajo mucho por el mundo. Este año cumplo 25 años de mi debut en el Teatro Colón. Es una vida sacrificada, se viaja mucho y se pierden momentos lindos de la vida personal. Pero cuando estoy arriba del escenario es la máxima realización.

Noticias: ¿Qué momentos que perdió extraña?
Cangemi: Tengo dos hijos y a veces te perdés cosas. El primer diente que se le cayó a mi hijo, el primer día de escuela que no lo pude acompañar… Pero tiene otras recompensas, cuando se abre el telón. El que nace artista tiene esa responsabilidad.

Noticias: ¿Cuál es la responsabilidad?
Cangemi: Tengo un don. La responsabilidad es haberlo trabajado.

Noticias: ¿Elige los roles porque le gustan desde la parte actoral o los que le sientan bien a su registro?
Cangemi: Los elijo por mi registro vocal. Miro desde un lugar estratégico. Me gusta que mi voz esté fresca. No quiero que se arruine por cantar un repertorio que no es para mí.

Noticias: ¿Y en la elección de los roles, busca los de mayor impacto?
Cangemi: No me gustan los roles cortitos donde no puedo hacer un desarrollo. Siempre tuve claro que quería ser un nombre en el mundo de la ópera. No busqué la fama pero sí ser reconocida y tener prestigio. Cuando llegué a Europa, recién se ponía de moda el mundo barroco.

Noticias: ¿En qué año?
Cangemi: En el ’91, gané el concurso Francisco Viñas y el que fue mi manager estaba en el jurado y me llamó. Mi voz estaba para hacer un repertorio italiano y belcantista, pero en ese rubro había 2.000 sopranos. El diferencial fue usar el color de mi voz, latino, para buscar los roles de las divas del barroco. Me di el gusto de trabajar con los grandes directores del género como Ivor Bolton, William Christie o Neville Marriner.

Noticias: ¿Desde entonces reside en Europa?
Cangemi: Me fui en el ’89 y volví para debutar en el Colón en el ’93 para hacer Zerlina en “Don Giovanni” con Sergio Renán, quien me dijo entonces: “Nena, te prometo que vas a hacer una gran carrea”. Hace poco, antes de fallecer, me ofreció volver a hacer Don Giovanni, pero esta vez Doña Anna. No pude porque estaba con agenda en el Teatro Liceo de Barcelona y lo lamenté mucho.

Noticias: ¿Sus hijos en dónde viven hoy?
Cangemi: Entre la Argentina y Europa, aunque el año que viene uno vivirá en Londres y el otro en París. El mayor es tenor.

Noticias: Claro, mamaron la misma pasión viajando con usted.
Cangemi: Hay cantantes que no quieren una familia que las distraiga de sus carreras. No las critico, pero necesitaba la realización personal de ser mamá. Aporta mucho a lo que pongo en escena. Viajé durante diez años con una niñera por el mundo. Tenía un carrito doble con el más grande adelante y el bebé atrás del escenario en La Scala de Milán.

Noticias: ¿Cada cuánto vuelve al país?
Cangemi: Cada cuatro años. Vuelvo con los mundiales (ríe). Tengo mi familia en Mendoza. Hace dos años abrí en Mendoza un ópera estudio y una cátedra de canto en la Universidad de Cuyo junto a mi madre.

Noticias: Sorprende su acento mendocino habiéndose ido hace treinta años a París.
Cangemi: (Risas) Cada vez que vuelvo me dicen que estoy más mendocina. Nunca perdí la esencia. Además, termino de cantar y busco un Malbec.

Noticias: ¿Está en pareja?
Cangemi: Estoy descubriendo nuevas sensaciones con una persona, muy contenta (se sonroja y su voz se vuelve tímida).

Noticias: ¿Es difícil estar en pareja con una cantante?
Cangemi: Crecí en una familia con mucho cariño y no tengo una personalidad narcisista. Tengo un perfil muy bajo y no me gusta llevar los problemas del trabajo a casa.

Noticias: ¿Qué escucha cuando está en su casa?
Cangemi: Escucho mucho jazz y folclore mendocino porque soy nieta de Hilario Cuadros.

Noticias: ¿Le gusta el cruce con la música popular? El año pasado cantó con Armando Manzanero.
Cangemi: Es importante interactuar con otros géneros. Nos enriquece. Pero es un gran error quedarnos con que la ópera es elitista. No nos olvidemos de que la ópera que nació en Florencia era una manifestación popular. Hoy es para una elite y el desafío es sacarla de eso. Y para los cantantes intercambiar estilos es bueno. Aprendí mucho con Armando Manzanero. El mundo barroco tiene mucho de bolero.

Noticias: ¿Piensa en cantar boleros?
Cangemi: Por supuesto, tengo programado para grabar con Manzanero el próximo año. Y me gustaría hacer también uno de folclore cuyano. Siendo nieta de Hilario Cuadros, fundador del género, lo siento como un deber. Virgen de la Carrodilla es el rezo de los viñateros para que no llueva y tener un viñedo sano. Nací en ese mundo, cantando tonadas. Después pasé al pop y fui chelista.

Noticias: ¿Y el salto de la orquesta a primera cantante cómo fue?
Cangemi: El salto fue porque mi madre me preguntó si pensaba seguir en la fila de una orquesta teniendo las condiciones que tenía para cantar. Tenía miedo de que me pasara como a ella, que había viajado mucho. Quería tener una familia y estar en casa. Pero era cuestión de dejar los miedos.

Noticias: Hablando de miedos, ¿cómo encuentra el país?
Cangemi: Encuentro que hay un cambio en el país, cuesta un poco pero se necesitaba un cambio en este país. Vamos lento pero es el camino.