Cultura / 18 de septiembre de 2018

Achille Mauri: El primer editor de Eco

Achille Mauri es librero y escritor, pero además amigo de grandes intelectuales. En su primera novela “Sorpresa”, los recuerda a todos.

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Achille Mauri más que un escritor italiano es un intelectual y más que un intelectual es el presidente de un holding editorial y alguien que se ha codeado con escritores, pensadores, músicos de la alta cultura, pero también con personajes del mundo del pop. Y es que para él la cultura es una sola.

Dado que su mujer es argentina, viene al país hace muchos años. De paso por Buenos Aires presentó su novela autobiográfica “Sorpresa” (Adriana Hidalgo), en la que cuenta su vida imaginando qué pasaría y qué recordaría después de muerto. De este modo, por estas páginas pasan sus amigos Pier Paolo Pasolini, su hermano Fabio Mauri y Umberto Eco, y personajes del mundo pop, como Woody Allen, Frank Zappa, Grace Jones y Madonna. Cada recuerdo es muy personal, no se trata de la visión tradicional que tiene de Madonna o Eco, sino más bien de quiénes fueron para él.

De Eco recuerda que él fue su primer editor y se sorprende de que haya muerto inesperadamente. Eco, en efecto, murió en 2016, y aquí le rinde homenaje cuando recuerda la revista “Versus”, donde además escribían Noam Chomsky, Roman Jakobson y Félix Guattari. Para él, Eco era “¡maravilla de las maravillas! Lo he seguido toda la vida junto a mi hermano Fabio”. Luego detalla un encuentro con él, en el que le pregunta cuál de los chistes que le ha contado se presta mejor para esa situación (la muerte). En la oficina de la editorial donde se realiza esta entrevista, Achille Mauri explica que “a Umberto, con quien éramos muy amigos, no le interesaba nada de lo que podías decirle, así que llenaba el tiempo con chistes, al contrario de Pasolini, que era una mente increíble, no perdía nunca tiempo, así que si te encontraba el tema era serio”.

De Madonna escribe que la vio por primera vez en una cena en Nueva York, en un edificio donde también vivía Robert De Niro: “Madonna estaba allí, sentada en un divancito, vestida con un tapadito de lana gris y un gorro también de lana”. De pronto tomó su guitarra “y encantó a todos”. Esto sucedió una sola vez, explica ahora, “cuando todavía era nadie, después no la pude ver más, ni la vi más, así que lo que está en mi memoria vale”. De Allen descubre que invitaba un café a “tres o cuatro personas distintas, a distancia de pocos minutos entre una y otra. Por turnos”; al igual que Eco sólo lo muestra interesado por él mismo. A Frank Zappa curiosamente le tiene respeto intelectual.

Alma. La vida y también el más allá se trata entonces de estos encuentros, que son una comunión, por eso Mauri enfatiza que hay que superar las ideas de cuerpo, de sexo y de poder: “El más allá está hecho de hombres pobres, que no tienen nada. O lo único que tienen es la memoria y no necesitan comer ni ganar plata”. Agrega que la inquietud por escribir esta novela nació porque toda su vida le preocupó lo paranormal; “de hecho fui editor de una revista que se llamó ‘Planeta’, que sólo en Brasil tiraba 80 mil copias. Fue un éxito mundial, y una de las cosas con las que se experimentaba era esta sombra que deja el hombre cuando muere. Cuando esto sucede hay una entidad que deja al hombre, que para mí es el alma”. En el libro consigna que, al contrario de lo que se cree, esta entidad no es completamente etérea, pesa 22 gramos.

En “Sorpresa” señala que en el más allá el concepto de tiempo no existe, y que sólo “están las cosas que se hacen y las que no se hacen”. Recalca que “el alma es una memoria, porque no hay cuerpo, no tiene sexo ni edad, así que los intercambios son fantásticos. Si tú sólo tienes tu memoria, el problema es crecer con las vidas de los demás”. En la novela hay un personaje que se llame Alma que le propone al protagonista, Achille, que junten sus almas, pero rechaza la oferta, argumentando que como lleva pocos días muerto, es “profundamente inexperto y desconfío de muchos, así que no soy tan abierto a recibir a cualquiera”. Pese a su profunda reflexión, Mauri duda si creer en el alma: “Más bien quiero creer en el alma, en el libro cuento que uno puede agregarse a otras almas y puede crear un alma poderosa, un alma que vivió el Renacimiento, la guerra y muchos tiempos”.

Si lo paranormal siempre fue de su interés, el mundo de los libros también, por eso es presidente de la Escuela de Libreros Umberto y Elisabetta Mauri. De esa experiencia extrae la convicción de que uno tiene que ir a librerías, porque los libros se descubren: “A veces cuando uno tiene un problema y lee el título de uno, exclama: ‘Ah, yo tengo ese problema’”. Algo similar sucede con las bibliotecas; allí se pueden descubrir libros que podrían haber tenido un éxito increíble: “Si la biblioteca se visita como una plaza, uno puede hacer encuentros increíbles”.

Otra vía que recorre “Sorpresa” es una crítica a las religiones, de hecho ridiculiza a Jesús escribiendo mal el nombre, Gesú. Eso se debe a que de niño tenía un hermano muy religioso, y él, por el contrario, “era muy polémico con la religión. Ahora yo respeto las religiones, pero no entiendo las setenta vírgenes, la separación entre infierno y paraíso y la recuperación de los cuerpos: no, yo quiero ser alto en la próxima vida. ¿Por qué tengo que seguir siendo chico de altura?”.

Tan ridículas les parecen las religiones que parodia a la católica y reinventa la historia de Lázaro. “No hay un milagro que no se pueda explicar”, asegura. “El de Lázaro es el más simple, y cuando la gente lo ve que camina piensa en un milagro. Pero no hay milagro, porque Dios más que nada fue psiquiatra”. Mauri señala que más que revivirlo físicamente lo que hizo Jesús fue revivirlo espiritualmente, darle ánimos.

Luego de charlar una hora, este hombre de casi ochenta años no se ve cansado, es más adelanta que su próxima novela, que ya está escrita, es una continuación de ésta, con la diferencia de que sus cenizas llegan a Argentina. En un último suspiro lamenta, con el cigarrillo en la mano que no encendió nunca, que se descubre muy tarde qué es ser viejo, “básicamente porque el individuo no quiere ser viejo”.