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Opinión / 20 de noviembre de 2018

Hoy no juega Argentina

La Selección pasa tan desapercibida y despierta tan poco interés que es casi como que no jugara. Las culpas de Messi y de Tapia.

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Hoy no juega Argentina. Sí señor, sí señora: hoy no juega la Selección. Así como lo lee. No hay ningún partido de la albiceleste programado para la fecha. Habrá que guardarse los gritos de gol para otra jornada. Ojo: quizás algún miembro del círculo rojo deportivo, ultrainformado lector de suplementos, podría repreguntar ¿cómo que no juega Argentina, si hoy se iba a enfrentar contra México? Bueno, el que piense eso se equivoca. ¿O van a decir que lo de hoy es un partido de la Selección? Ni el hincha más fanático, tatuaje de AFA en el pecho, puede insinuar que hoy juega el equipo que representa al país. Repasemos.

Tanto el evento de hoy, como el de la victoria del viernes en Córdoba, no lograron ni siquiera rozar la fibra emotiva del hincha local. El gol de Funes Mori, candidato a integrar el once del Mundial 2022, o el tanto en contra que anotó el equipo tricolor luego de una buena jugada de nuestra Selección, no despertaron pasiones ni discusiones alteradas. También pasó más que desapercibido el hecho de que los jugadores de la otrora gloriosa albiceleste viajaron hasta su país -evento raro dentro de la vida europea de las estrellas locales-, para disputar los dos amistosos. En criollo: nada de todo esto le importó a nadie, y eso que los organizadores hicieron hasta lo imposible, vendiendo las entradas con un insólito descuento del ¡50%! Ni siquiera asi lograron llenar la cancha.

A tal punto llegó el desinterés que, en Argentina, cuna mundial de las indignaciones sociales y las furias instantáneas, la realidad futbólistica de nuestro equipo ni siquiera dio para molestarse o involucarse. Fenómeno social inaudito por estos pagos. ¿O cuántas camisetas de la Selección vieron en la calle en estos días? ¿Cuántos debates en el colectivo, en la oficina, o por las redes hubo sobre el desempeño del equipo, sobre los titulares, sobre el planteo del DT? ¿Pocos? ¿Ninguno? ¿Pensaron más en la imparable suba de precios o en que lugar del hogar dejaron la SUBE que en los partidos de Argentina?

Más de uno podrá argumentar que el poco vuelo que tomaron estos encuentros tiene que ver con que el sábado juega River-Boca, el evento futbolístico más importante de la historia local, o que estos partidos de Argentina fueron sólo amistosos. Todo eso es verdad, pero ¿cuándo fue la última vez que la Selección provocó una apatía tan generalizada? Más de la mitad de los que leerán esta nota ni siquiera sabe cómo formará el equipo de esta noche. ¿Quién podría reconocer en la calle a Roberto “El Tucu” Pereyra, uno de los titulares del encuentro? ¿Y a Lionel Scaloni, el ignoto DT, cuyo primer trabajo como entrenador profesional fue, justamente, en esta Selección low cost?

Las responsabilidades de este indiferencia absoluta son varias. Un lugar destacado lo tiene la AFA de Claudio Tapia, que ensayó idas y vueltas insólitas con los directores técnicos, llegando a echar a un DT con carrera y galardones mientras que por abajo del escritorio arreglaba con su sucesor, un entrenador que se jacta de “no planificar los partidos” y cuya salida terminó costando millones de pesos, para luego crear un interinato de final incierto. No fueron sus únicos traspiés: haber postulado de manera insólita y sin consulta a Pep Guardiola como DT -que provocó una respuesta lapidaria del entrenador español-, coquetear con la idea de crear Sociedades Anónimas en el fútbol local -idea que varios clubes consideran peligrosa-, o que se le haya escapado un polémico manual para “seducir” mujeres durante el Mundial de Rusia son otros ejemplos.

Pero el “Chiqui” no es el único culpable de este presente triste. El otro podio va para Lionel Messi, protagonista estrella de la larga década sin títulos ni trofeos. ¿Por qué el astro es uno de los máximos responsables? Hay una respuesta inmediata: por no venir a jugar con su Selección. Si Messi estuviera en este momento en Argentina, la atención sobre el partido sería, lógicamente, mayor. No sólo no lo hizo, sino que hasta el cierre de esta nota -casi seis meses después del Mundial- ni siquiera se sabe si el 10 es o seguirá siendo parte del equipo argentino, y todavía no se escuchó de su boca ni una palabra sobre la última competición perdida. El hecho enojó hasta a César Menotti, un hombre poco adepto a las polémicas. “No me parece bien que le guarden la 10, y no creo que a él le interese tanto”. El hecho de que Messi, eterno ganador en su carrera europea, no tenga ni un título con la Selección mayor también pesa: ¿o la relación de la sociedad con el equipo sería la misma si, por ejemplo, Argentina hubiera sido campeona en el Mundial 2018, 2014, o en alguna de las últimas tres ediciones de la Cópa América? Lógicamente, esta responsabilidad no le cabe sólo a él, pero si lo hace uno de los mayores responsables por ser el ídolo, el capitán, el mejor del mundo, y, como aseguró el anterior DT, Jorge Sampaoli, el “dueño del equipo”.

Esta realidad, y esas actitudes del astro, como la de renunciar a la Selección en el 2016 para luego montar un patético show que involucró un viaje de Edgardo Bauza, entonces entrenador, hasta España para “convencerlo” de que vuelva, calan hondo y dejan heridas. ¿Si a Messi ya no le importa la Selección por qué debería ver yo un aburrido partido de un equipo B con un DT B contra una selección clase B? Quizás Messi, en el fondo, tenga razón: no viene a jugar porque hoy, en verdad, no juega Argentina.

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