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Teatro / 27 de noviembre de 2018

“Atracción fatal”: propuesta fallida

A pesar de las buenas actuaciones, el resultado de la adaptación de la película de 1987 es fallido y no satisface las expectativas.

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** . Se sabe: trasladar literatura o guiones cinematográficos al escenario resulta una tarea extremadamente riesgosa. Por supuesto, en sentido contrario, también. No sólo por el hecho de que se trata de lenguajes expresivos distintos y hasta opuestos sino, sobre todo, más allá de la especificidad de cada uno, sus repercusiones primordiales: el hecho inevitable de la vasta e insondable imaginación que aporta quien lee o, en contrapartida, la elocuencia contundente de imágenes y sonidos combinadas y amplificadas en la pantalla grande para la visión y mente del cinéfilo. Como es obvio, la tridimensionalidad del teatro, su aquí y ahora de las diferentes funciones, el vínculo directo entre espectadores y actores, es un ritual ancestral que, enhorabuena, nunca cesará en la necesidad de emoción o divertimento del alma humana, por mucho que avancemos a nivel tecnológico.

Hecha la salvedad, debemos señalar que el resultado de la flamante adaptación y puesta en escena porteña de la exitosa película norteamericana “Fatal Attraction” de 1987, dirigida por Adrian Lyne, con las actuaciones de Michael Douglas y la portentosa e inolvidable Glenn Close está muy lejos de satisfacer las expectativas.

Las razones son, por un lado, la versión que firma Alfred Oliveri apela de modo excesivo a la narración de todas las escenas, acciones y motivaciones de los personajes. A pesar del loable empeño que le imprime Esther Goris, a esta extenuante tarea, el tedio por el reiterado recurso termina por imponerse. En otro orden, ese cabal hombre de teatro que ya es José María Muscari, creó un singular estilo que, entre distintos aspectos, consigue que los intérpretes se amolden a un esquema recitativo, teñido de humor, sarcasmo, autorreferencias, guiños a la actualidad y emociones superficiales. Algo que esta vez no se adecua a la necesidad dramática del angustioso reconocimiento que reclama la alienada criatura que compone Sofía Gala Castiglione, una amante despechada, para perplejidad del infiel y desconcertado ejecutivo asumido por Pablo Rago. Ambos convincentes y creíbles actores, como también Ana María Picchio, en el papel de la entrañable suegra entrometida, pero nada alcanza a salvar el fallido montaje. Una pena.

“Atracción fatal” de J. Dearden. Con Pablo Rago, Sofía Gala Castiglione y elenco. Dirección: José María Muscari. Multitabaris, Av. Corrientes 831.