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Noticias Uruguay / 30 de noviembre de 2018

Claudio Fantini: “Uruguay (…) puede perder su salud política”

El politólogo argentino, especialista en temas internacionales, asegura que en todas partes hay candidatos a ser Bolsonaro, Trump o López Obrador.

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DIFERENCIAS. “El caso Sendic en Argentina no hubiera llegado a recuadrito de un diario.” //Majo Casacó

El periodista y politólogo argentino Claudio Fantini estuvo de visita en Montevideo para presentar “La tenue virtud. Uruguay como excepción al caos en la región” (editorial Planeta), y concedió una entrevista a NOTICIAS Uruguay -es habitual columnista desde Argentina- para explicar qué rasgos distinguen a la clase política uruguaya (y ergo, la sociedad que la mandata) en el mapa regional. El libro cuenta, además, con entrevistas a los expresidentes Julio Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle y al presidente Tabaré Vázquez, y Fantini se lamenta por no haber contado con José Mujica, quien no quiso contestar las preguntas formuladas por el autor. “No participo de entrevistas colectivas”, le mandó decir por intermediarios.

El analista político cordobés dijo que Uruguay es “distinto” ya desde su origen: “nació republicano y secular”, señaló, en contraposición con su país, que desde el germen apostó al mesianismo, con José de San Martín. Fantini advirtió de qué se tiene que cuidar Uruguay para seguir manteniendo su tenue virtud: “Acá las discusiones políticas siempre fueron más respetuosas, más de igual a igual, más entre adversarios. Cuando sube el tono de las discusiones y empieza a haber un trato donde los adversarios ya se ven como enemigos, se multiplican las descalificaciones o aparecen programas de TV con panelistas que se gritan y vociferan, hay que cuidarse. Argentina está plagada de eso. Contra todo eso hay que prevenirse”.

Noticias: En el libro usted destaca la “estabilidad política y cierta serenidad económica” de Uruguay y de Chile, en contraste con la realidad del resto de países de la región. ¿Esos son los diferenciales, o hay otros?

Fantini: En este lapso que toma el libro -desde las últimas dictaduras militares hasta la actualidad- sólo en Uruguay y en Chile los gobiernos empezaron y terminaron en fecha, solo en Uruguay y en Chile las crisis económicas se dieron en marcos razonables, no llegaron a ser sísmicas y cataclísmicas (sic) como han sido en casi todos los países de la región. Hubo un país como Colombia, donde los presidentes empezaron y terminaron su gestión, pero ni Chile ni Uruguay tienen las sumatorias de guerras que ha tenido Colombia (guerrilla, paramilitarismo, narcotráfico). En Uruguay, entonces, las crisis sociales no dejaron tendales de muertos, no hubo magnicidios, no tienen un (fiscal Alberto) Nisman como en Argentina, no tienen un Luis María Argaña como en Paraguay. Hay un montón de males que pertenecen a la política perturbada por la violencia, que ustedes no lo tienen. Me parece importante señalar sus rasgos distintivos de la región, para que los tome de modelo, pero el propio Uruguay debe concientizarse. A veces, hay ventajas que se tienen, pero se tienen como la salud en el cuerpo. Uno no es consciente de la salud que tiene hasta que se enferma. Creo que la tenue virtud que tiene Uruguay, en ese rasgo positivo de su cultura cívica y su salud política, si no es concientizada a tiempo, se puede perder.

EN MONTEVIDEO. El libro de Fantini fue presentado por los periodistas Raúl Ponce de León y Gerardo Sotelo.

Noticias: Usted señala a Uruguay y Chile como excepciones de gobiernos saludables y estables en la región, incluso por el simple hecho de que sus presidentes terminan sus mandatos. Pero alerta que no deben dar su salud democrática por sentada y pone el caso de Costa Rica, que, curiosamente, suele ponerse como ejemplo de democracia en América Central. ¿Por qué?

Fantini: Hay que estar alerta y concientizar, como decía. Sobre todo porque Uruguay ya tuvo dictadura. Y veamos en qué vecindario está Costa Rica: en décadas de guerra, de golpes de Estado, de tiranías sanguinarias, Costa Rica tenía democracia y no tenía Ejército, no tenía militares, impulsó procesos de diálogo para pacificar la región. ¿Pero por qué marqué el ejemplo de ese país como una alerta? En sus últimas elecciones, en la primera vuelta ganó Fabricio Alvarado, un pastor evangélico de posiciones fundamentalistas y retrógradas, en contra de la diversidad sexual, en contra de la libre determinación de la mujer sobre su cuerpo, en contra del movimiento  feminista. Después fue conjurado en la segunda vuelta por Carlos Alvarado, pero Carlos Alvarado casi no ha podido gobernar porque tiene un país paralizado.

Esto muestra a lo que puede llegar el ultraconservadurismo, con las iglesias evangélicas como caballito de batalla (ya lo estamos viendo en Brasil con Jair Bolsonaro). Todo esto de Costa Rica es para decirles: en Uruguay hay un rasgo positivo y es importante concientizarlo, porque cuando no se concientiza, como la salud, se puede perder. Y porque también estoy viendo que el tono político acá va subiendo, las descalificaciones en el debate se van multiplicando, y por ende, hay señales de que ese rasgo positivo de la clase política uruguaya también se puede perder. Ya veo síntomas de esa perturbación patológica que tienen Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia también.

Noticias: Habla del pasaje del “ciudadano” al “usuario”, el habitante de las redes sociales. Estar tan absorbidos -ensimismados, dice- por las leyes de las redes, ¿facilita la manipulación y las “fake news”?

Fantini: Absolutamente. Yo no hago una crítica de las redes sociales, porque es absurdo, es como criticar el océano. Las redes sirven para democratizar, para generar equidad, pero también hay acechanzas. Las redes nos ofrecen zonas de confort, habitamos aldeas donde los otros aldeanos tienen nuestras mismas filias y fobias, entonces me voy acostumbrando a escuchar y leer sólo a los que coinciden conmigo. Ahí empieza el ensimismamiento, y termino reemplazando la razón por la emoción. Creo que estoy pensando, pero no estoy pensando, me estoy emocionando, y con la emoción llega la intolerancia frente a lo que contradice lo que yo pienso (que en realidad, es lo que yo siento) y eso lo repudio. Ahí aparece el riesgo de la manipulación. Primero alimento tus filias y tus fobias, y ahí te doy las noticias reales que querés escuchar, o falsas noticias. Ahí te conduzco a votar al energúmeno de turno: puede ser Bolsonaro, puede ser Trump. Esta es una titánica lucha contra los que quieren que dejemos de percibir las cosas como son.

Noticias: ¿Cómo se explica la llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil? Porque da la impresión de que no alcanza con señalar la corrupción y falta de autocrítica del PT, ¿o sí?

Fantini: Sólo eso no es suficiente argumento, porque alguien que no quería votar al PT podía votar a Ciro Gomes, a Geraldo Alckmin o a Marina Silva. ¿Por qué te sentiste obligado a votar a Bolsonaro? Lo que yo no creo es la teoría de la derechización, porque eso no explica, por ejemplo, el triunfo de (Manuel) López Obrador en México. Las razones de los triunfos de Bolsonaro y López Obrador son parecidas: en este tiempo, a nivel global, la ventaja la tienen los que se paran en el antisistema, los que patean el tablero. La gente votó eso. Es un tiempo de incertidumbre y miedo -donde el capitalismo se convirtió en un capitalismo tecnológico y financiero-, y mientras nuestros antepasados podían imaginar el futuro de sus hijos y nietos, nosotros no podemos imaginar ni nuestro propio futuro. No sabemos si la profesión que acabamos de estudiar nos va a servir dentro de cinco años, o el negocio que acabamos de abrir va a funcionar cuando la esquina sea totalmente diferente. Esa incertidumbre nos convirtió en seres con miedo, y el miedo suele empujar a la sociedad a buscar refugio en el autoritarismo, de izquierda o de derecha. Y si la política tradicional no me calma esos miedos, no detiene el cambio vertiginoso de la tecnología, entonces termino buscando opciones fuera del sistema. Y me pongo a cazar “outsiders”, que es como tomar medicamentos placebos. Esa es la explicación global, a la que hay que sumar explicaciones locales en Brasil. Ahí la principal explicación es la recesión, porque genera intolerancia a la corrupción. El brasileño es como el argentino, la corrupción le importa un rábano, hasta que le duele el bolsillo. Ahí quiere cazar corruptos y colgarlos en la plaza pública. Y finalmente, la falta de grandeza de los partidos tradicionales. Que un Bolsonaro se pusiera en posición de conquistar el poder ameritaba el acto de grandeza de resignar candidaturas en pos de evitar que alguien así llegue a la presidencia. Nadie depuso su candidatura, nadie tuvo esa grandeza.

Noticias: En Uruguay tuvimos casos de corrupción reciente: Raúl Sendic renunció a la vicepresidencia por maniobras irregulares con el uso de las tarjetas corporativas, hubo corrupción con Pluna y pérdidas millonarias con Ancap. ¿Usted cree que es cambio chico comparado con la corrupción en el contexto regional?

Fantini: Sí, en la comparación sí, objetivamente es así. El caso Sendic en Argentina no hubiera llegado a recuadrito de un diario. Esté una semana en Argentina, prenda la radio, y dígame cómo un intendente pone toda la publicidad que quiera y nadie le dice nada, o por qué un gobernador o un presidente son tan arbitrarios, sean del partido que sean. Con esto no estoy diciendo que Sendic haya actuado bien. Sólo digo que el océano es más grande que el mar, y eso es una realidad objetiva. Todos los países del mundo tienen corrupción: el tema es ver en qué punto sonó la alarma. En Uruguay sonó la alarma por los gastos corporativos del vicepresidente, en Argentina suena cuando ya está lleno de humo y las llamas se ven de dos kilómetros a la redonda, recién ahí suena la alarma. Y acá sonó la alarma y se inició un proceso político, que terminó generando su renuncia.

Noticias: A la luz del triunfo de Bolsonaro, hay quienes alertan que pueden aparecer Bolsonaros en Uruguay. De hecho, algunos dirigentes políticos acá festejaron su victoria, como el empresario Edgardo Novick. ¿Puede dar rédito electoral pescar en esa pecera?

Fantini: Me parece que es más aventurado y delirante intentarlo en Uruguay que en otros países de la región, pero en todos lados hay gente tentada de ser el Bolsonaro de cada país. En Argentina apareció (el diputado Alfredo) Olmedo, un personaje bastante grotesco que se hizo bendecir por pastores protestantes en Formosa. En Chile y Uruguay no parece muy lógico, pero si Trump ganó en los Estados Unidos, si Matteo Salvini gobierna en Italia desde el Ministerio del Interior y teniendo a Giuseppe Conte, el primer ministro, como un títere de él, si a Polonia la rige el pensamiento ultranacionalista de los hermanos Kaczynski, si a Filipinas -una potencia asiática- la gobierna un criminal confeso que cuenta sus crímenes en la Casa de Gobierno, bueno, digamos que no están tan locos aquellos que quieran pescar en ese río tan revuelto que vemos en estos días.