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Danza / 5 de diciembre de 2018

Cosechando tempestades

Estrenada en 2006 por el Ballet del San Martín, “La tempestad” vuelve al escenario de ese teatro para encontrar nuevos rostros para sus personajes.

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Foto: Carlos Furman

Estrenada en 2006 por el Ballet del San Martín, “La tempestad” vuelve al escenario de ese teatro para encontrar nuevos rostros para sus personajes. La adaptación de Mauricio Wainrot de la obra homónima de Shakespeare se centra en el personaje de Próspero, duque de Milán, traicionado por su hermano y condenado al destierro junto a su hija Miranda. Mitad sabio y mitad mago, el duque contará con la ayuda de Ariel, un espíritu que lo salvará de la muerte. La victoria de Próspero sobre la bruja Sycorah y Calibán lo fortalece para provocar una gran tempestad donde sus enemigos naufragan hacia su refugio. Allí serán perdonados por el noble, en un reencuentro que tendrá mucho más de grandeza y libertad que de venganza.

Inscripta dentro de sus obras narrativas, “La tempestad” es una excelente creación de Wainrot. En la rica concepción del coreógrafo hay momentos mágicos, humorísticos, violentos, poéticos; la versión exige a los intérpretes tanto técnica como actoralmente. Con el foco puesto en Próspero, Wainrot modela un protagónico fuerte y dominante, contrastado con la liviandad de Ariel, encarnado por una bailarina y cinco bailarines. La música de Philip Glass es una magnífica elección.

Un manojo de notables intérpretes encarnaron a los fantásticos personajes: con un eficaz Rubén Rodríguez a la cabeza como Próspero, la siempre solvente Sol Rourich fue Miranda, y Sofía Menteguiaga –en las últimas funciones de su carrera– una deslumbrante Ariel. Admirables Damián Sabán y Darcio Gonçalez como Trínculo y Esteban, y temible la bruja de Paula Ferraris.

Quedan funciones de jueves a domingo a las 20, hasta el 16 de diciembre.

****La tempestad. Coreografía, idea y dirección: Mauricio Wainrot. Música: Philip Glass. Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín. En la sala Martín Coronado del Teatro San Martín.