Menú
Libros / 5 de diciembre de 2018

El país de los sueños y el misterio

En este fascinante estudio sobre las horas de oscuridad que cubren a la tierra y las actividades humanas sabiduría y experiencia brillan.

Por

Al Álvarez es un estudioso de la literatura y su ámbito, y un erudito. Dio clases en Princeton y en Oxford. También coordinó durante años la sección de poesía del diario “The Observer”. Allí publicó repetidamente a Sylvia Plath. Un intento de suicidio propio (frustrado) y otro logrado (el de su amiga) impulsaron su libro más conocido, “El dios salvaje”, sobre autoeliminación y creatividad.

En un momento de su vida, alrededor de 1960, dejó la enseñanza y la erudición para dedicarse al montañismo y el póker, juego sobre el que escribió dos libros. En sus distintos volúmenes de ensayo emplea un estilo claro, fluido, con referencias personales abundantes y un fondo de sabiduría aprendida de la experiencia cada vez más amplia.

En este fascinante estudio sobre las horas de oscuridad que cubren a la tierra y las actividades humanas esas virtudes brillan. Un efecto es tomar conciencia, por ejemplo, sobre cuán corto es el período en que la noche dejó definitivamente de serlo, gracias a la electricidad (después de hogueras, velas y lámparas de gas). Esa zona es abarcada por la primera parte: “La oscuridad al final de la escalera”.

El tramo más extenso está dedicado al sueño fisiológico y a los sueños. En el primero fue clave el descubrimiento del “sueño REM” (sigla en inglés de “movimientos rápidos de ojos”), en 1953. En la interpretación de los sueños, en cambio, retrocede hasta Artemidoro, recorre largamente “La interpretación de los sueños” de Freud (con sus progresivas limitaciones), y pasa por capítulos dedicados a las “alucinaciones hipnagógicas” (ráfagas al borde de caer dormido, que nos hacen marear como si cayésemos) o los sueños que resuelven problemas. El largo texto sobre el cerebro muestra que cuando cada músculo del cuerpo está totalmente inmóvil, los sueños lo siguen haciendo funcionar como si estuviera en vigilia.

Esa temática que puede sonar conocida de otras fuentes adquiere un brillo inédito en manos del autor. Más aún en los capítulos dedicados a escritores donde los sueños fueron esenciales: Samuel Taylor Coleridge, Gérard de Nerval y Robert Louis Stevenson.

Un capítulo más general está dedicado al surrealismo. Otros, a paseos nocturnos personales acompañando a las policías de Nueva York y Londres. Una lechuza invisible firma la última página, como una enviada protegida de la noche.

****“La noche. Una exploración de la vida nocturna, el lenguaje de la noche, el sueño y los sueños”, de Al Álvarez. Fiordo, 299 págs. $ 520.