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Clásica / 13 de diciembre de 2018

Bel canto en estado puro

Obra maestra. La historia de la sacerdotisa druida le sirvió a Vincenzo Bellini para concretar una creación admirable.

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“Norma” es una obra maestra del bel canto. La historia de la sacerdotisa druida, poderosa en su imagen pública y vulnerable en la intimidad, le sirvió a Vincenzo Bellini para concretar una creación admirable, en la que la belleza de la música contribuye a potenciar la intensidad del drama.

Sin una protagonista a la altura de la exigente partitura, la obra podría naufragar. Además de encarar pasajes emblemáticos, como la célebre cavatina “Casta Diva”, la soprano debe reflejar los profundos conflictos que atraviesa el personaje. En la producción del Colón, Anna Pirozzi fue una Norma soñada. Su voz suntuosa y contundente, de registro homogéneo y agudos portentosos, impactó desde su entrada. Pirozzi domina su instrumento con maestría: su ductilidad, su fraseo y sus pianissimi son deslumbrantes. De fuerte presencia y sensibilidad dramática, supo transmitir tanto la fortaleza como la fragilidad del personaje.

La mezzo Annalisa Stroppa, como Adalgisa, desplegó un canto refinado, bello timbre y musicalidad exquisita. Con sólidas actuaciones, Héctor Sandoval (Pollione), Fernando Radó (Oroveso), Guadalupe Barrientos (Clotilde) y Santiago Bürgi (Flavio) completaron un elenco impecable.

Renato Palumbo, en la dirección musical, plasmó su profundo conocimiento del estilo en una gran tarea de concertación, con especial atención a los detalles. En el plano visual, Mario Pontiggia optó por un enfoque tradicional. Su puesta logró un justo equilibrio en las escenas grupales y supo dejar espacio para la introspección en los cuadros más íntimos. El Coro, dirigido por Miguel Martínez, fue también protagonista en cada una de sus intervenciones.

“Norma”, de Vincenzo Bellini. Con Anna Pirozzi, Annalisa Stroppa, Héctor Sandoval y elenco. Dirección escénica: Mario Pontiggia. Dirección musical: Renato Palumbo. Teatro Colón.