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Libros / 13 de diciembre de 2018

Comienzos de un maestro

John Cheever es no sólo uno de los mejores cuentistas del siglo XX, sino también un gran narrador. Sus cuentos completos o en gruesas recopilaciones han sido un abrevadero seguro para todo escritor en busca de un maestro o guía.

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John Cheever es no sólo uno de los mejores cuentistas del siglo XX, sino también un gran narrador, si se tienen en cuenta novelas como “Suburbio” (o “Bullet Park”) y “Falconer”. Sus cuentos completos o en gruesas recopilaciones han sido un abrevadero seguro para todo escritor en busca de un maestro o guía.

En general se lo considera un autor de postguerra, que tomó como centro de su mundo el despliegue de la sólida clase media norteamericana suburbana, a la que supo retratar con sutileza. Su paleta mezclaba el paso demoledor del tiempo, la angustia, cierto surrealismo urbano, sentido del humor, un oído exacto para los diálogos y un ojo infalible para los paisajes sintéticos cargados de melancolía o grotesco. Uno de los canales favoritos de sus cuentos fue la revista “The New Yorker”.

Sin embargo en los cuentos completos no figuran estos trece, publicados casi todos antes de la Segunda Guerra Mundial, y en revistas como “The Atlantic”, “The New Republic”, “Collier’s” y otras. Los tres cuentos iniciales pueden parecen casi esbozos de sus cuentos más conocidos, incluso en su búsqueda de la originalidad: por ejemplo el conjunto de indios –o gitanos– que se instalan en la casa de una mujer solitaria pero generosa en “Cerveza negra y cebollas rojas”.

El cuarto, “Autobiografía de un viajante”, cumple sin embargo a fondo la promesa del título, y constituye un retrato a la vez profundo y veloz del desbarranque del éxito hacia al fracaso a lo largo de algunas décadas y la Depresión. Ya aparece el estilo futuro de Cheever: “Rara vez pienso en todo eso con amargura. Hemos sido olvidados como viejas guías telefónicas o como almanaques viejos o como la luz de gas o esas grandes casas amarillas con cornisas y cúpulas que construían antes. Eso es todo. Aunque a veces me siento como si mi vida hubiese sido un fracaso total. Lo siento a veces por la mañana, mientras me estoy afeitando”.

El mismo pulso seguro aparece en “Cena en familia”, que oculta una separación bajo el encuentro. También es destacable cómo el entorno tiene mucho más movilidad que en su obra posterior: hay apostadores a las carreras, stripers, triángulos inesperados, gente que va y viene en tren y otros vehículos. Una camarera, “Bayonne”, refulge y desaparece en una demorada viñeta. Una muchacha que parece casi tonta, se revela menos ingenua que los profesionales de un estreno teatral en “La oportunidad”. Allí el éxito fracasa, pero el afecto y la emoción sobreviven intactos.

 

***** “Fall River. Trece cuentos no reunidos”, de John Cheever. Godot, 169 págs. $ 360.