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Música / 13 de diciembre de 2018

El valor de la belleza

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* * * * Un viejo maestro de nuestra profesión, el uruguayo Homero Alsina Thevenet, solía decir que cualquier frase que no contuviera una opinión fundamentada o una información debía ser eliminada de una nota periodística. Y podríamos agregar que cualquier manual de la crítica cultural aseguraría que están prohibidos los adjetivos calificativos sin otro sustento. Sin embargo, esta vez vamos a faltarles el respeto a ambas aseveraciones y decir que lo que ofrecieron Branford Marsalis y sus músicos en el teatro Coliseo fue, sencillamente, un concierto bello.

Llegó nuevamente con un formato de cuarteto en el que siente muy bien. Su viejo ladero Joey Calderazzo al piano, Eric Revis en el contrabajo y Justin Faulker en la batería son el respaldo necesario. Branford se apoya en las melodías, que pueden ser suyas, de sus músicos, de Jarrett o de Ellington. Pasa del saxo tenor al soprano, y de los temas intensos y de ritmo marcado, hasta con aires funk, a las baladas, los blues y, por supuesto, los “standards”.

Tiene una carrera que incluye por igual al jazz como a la música clásica y a las distintas variantes del pop/rock. Pero está claro que se siente especialmente cómodo en esa línea que une al jazz clásico con el bebop y el hardbop. Y así fue lo de Buenos Aires. Con un líder que da rienda suelta a su lirismo, su muy buen sonido y sus improvisaciones siempre originales y virtuosas. Con un Calderazzo que es un maestro en el piano en un estilo que hace pie en el Romanticismo del siglo XIX. Y con una base que se completa de la mejor manera con Revis y Faulkner, tan importantes en sus momentos grupales como cuando les cabe la responsabilidad de los solos.

El concierto tuvo momentos particularmente brillantes con “Snake Hip Waltz” de Andrew Hill, “On the Sunny Side of the Street” de Hugh y Fields y una enloquecedora improvisación del tenor para “The Wild Up” de Keith Jarrett. Y como una exposición de principios, el bis llegó con “I Don’t Mean A Thing (If It Ain’t Got That Swing)” –“No significa nada (si no tiene swing)”– de Duke Ellington. Jazz bello; sin dudas.

Branford Marsalis tocó en medio del G20 tres años después de su anterior visita. Dio cátedra al frente de un cuarteto.

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