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Ciencia, Opinión / 13 de diciembre de 2018

Premios a los científicos del 2017: un camino plagado de discursos

Se entregaron las distinciones incluyendo al Investigador de la Nación 2017, que esta vez fue para el bioquímico Diego De Mendoza.

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Ceremonia. Se llevó a cabo en el Museo de Casa Rosada. Durante la misma también se entregaron los premios Houssay, Houssay Trayectoria, Jorge Sabato y Fidel A. Roig. Macri estuvo acompañado por el ministro de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, Alejandro Finocchiaro, y por el secretario de Gobierno de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao.

Hoy por la mañana, mientras la tormenta afuera del Museo de Casa Rosada arreciaba, el presidente Mauricio Macri entregaba la Distinción al Investigador de la Nación 2017, que esta vez le fue otorgada al bioquímico Diego De Mendoza. En la ceremonia también se concedieron los premios Houssay, Houssay Trayectoria, Jorge Sábato y Fidel A. Roig: cada uno de ellos es un reconocimiento a científicos argentinos.

Durante la ceremonia, Macri estuvo acompañado por el ministro de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, Alejandro Finocchiaro, y por el secretario de Gobierno de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao. Fueron los dichos del presidente de la Nación los que, apenas fueron hechos públicos, comenzaron a cosechar críticas y respuestas de alto voltaje en las redes sociales. “Quiero destacar de Diego, como de muchos otros que están hoy aquí, no sólo su dedicación y pasión, sino especialmente su legado. Esa vocación y esfuerzo puestos en formar a las nuevas generaciones de científicos, de alimentar los sueños de los más jóvenes e impulsarlos a quedarse acá, poniendo en marcha su talento y su potencial en la Argentina”, dijo el mandatario nacional en un tramo de un discurso que se da de narices con la realidad que afronta hoy por el hoy el grueso de las instituciones científicas argentinas.

Y es que en las últimas semanas han llovido las declaraciones y descripciones de integrantes de los institutos que integran el CONICET (Comité Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas) en las que se asegura que, ahora mismo, muchas y muchos investigadores están incluso utilizando parte de sus estipendios y sueldos para comprar materiales de trabajo. “Quiero que los científicos se queden en el país”, dijo Mauricio Macri. Y muchos jefes de equipo preguntan (se preguntan desde hace meses y cada vez con más urgencia), cómo hacer para continuar con las líneas de trabajo cuando los integrantes más jóvenes de los grupos de investigación ya tienen destinos en el exterior a partir de los primeros meses del año 2019.

Pese a todo, el discurso presidencial transitó por los caminos de los buenos deseos, del deber ser, de lo políticamente correcto: “Algo de similar importancia ocurrió hace pocos días, con el lanzamiento del nuevo satélite SAOCOM 1A, en el que trabajaron cerca de 700 personas. Un satélite que a la vez genera trabajo y oportunidades, que es lo que nos preocupa a todos, y que tiene la capacidad de medir la humedad del suelo, que será una información muy valiosa para dar impulso al sector agroindustrial”, agregó.

Más allá de que la descripción en cuanto al valor del satélite lanzado en octubre es más que certera, nada se dijo (ni hoy ni en muchos meses) acerca de los satélites geoestacionarios de telecomunicaciones ARSAT, que quedaron en el camino apenas  el gobierno asumió, hace tres años. Tampoco de otros proyectos de punta que INVAP (uno de los hacedores del SAOCOM, junto con la Comisión Nacional de Actividades Espaciales y la Comisión Nacional de Energía Atómica, entre otros organismos y empresas) está viendo cubrir de polvo: SARA (Sistema Aéreo Robótico Argentino, un avión no tripulado o dron para vigilancia y control de los grandes espacios aéreos, terrestres y marítimos del país para el Ministerio de Defensa) y contratos con la Armada destinados a mejoras tecnológicas de destructores y corbetas, por sólo mencionar un par. La paralización de Atucha III fue un lanzazo para INVAP, para la CNEA, para empresas pequeñas y medianas ultraespecializadas que ya cerraron o que están despidiendo personal científico y técnico altamente capacitado.

También Alejandro Finocchiaro transitó un camino similar al de Macri, el del discurso con poca sustancia y contenido, el del discurso de trinchera, alejado del que deberían proponer quienes llevan las riendas de la toma de decisiones en materia de presupuesto y políticas de Estado. “Hoy estamos reconociendo a quienes no se quedaron sólo con lo que sabían, sino que siguieron a su curiosidad e indagaron más allá hasta encontrar respuestas. Somos un país con recursos humanos valiosos, creativos, entusiastas y con una rica historia de descubrimientos científicos, por eso agradezco a los investigadores que trabajan por el progreso de nuestra Argentina”.

Mientras tanto, afuera, bajo la tormenta, la realidad. El presupuesto 2019 destinado a Ciencia y Técnica caerá en todas las dependencias del Gobierno. El promocionado aumento del 28% que se contempla para el área queda desdibujado, diluido ante la inflación promedio proyectada del 35% y la devaluación que impacta directamente sobre la importación de insumos y la concreción de viajes de capacitación y de intercambio con el exterior. De acuerdo con un análisis realizado en su momento por Chequeado, “la función Ciencia y Técnica ejecutaría en 2018 gastos por 36.000 mil millones de pesos según la previsión del Presupuesto 2019, mientras que en el 2019 tendrá fondos por casi 47.000 millones de pesos. Esto implica que en términos reales la caída será de poco más de un 4 por ciento”.

Si la foto hace foco en la Secretaría de Ciencia y Técnica (que, además, perdió su rango de Ministerio en la segunda mitad del año) la caída de fondos para funcionar se derrumba, en términos reales, casi un 16%.

A estas horas de la tarde no sólo la lluvia, el granizo y las tormentas eléctricas se abaten sobre amplias zonas de la Argentina: también las críticas de buena parte del mundo científico hacia los discursos de los funcionarios.