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Música / 21 de enero de 2019

El jazz de cada enero

Propuestas variadas. Como todos los años, el “Festival Internacional de Jazz de Punta del Este” mantiene su excelente nivel.

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* * * * Esta edición número 23 del “Festival Internacional de Jazz de Punta del Este” podría ser caracterizada por varias cuestiones. La primera, sin dudas, es la continuidad. Lo repetimos cada enero, pero no deja de sorprendernos que un encuentro que vive casi exclusivamente de las entradas y que depende sobre todo de la férrea voluntad de un productor como Francisco Yobino que no pertenece al mundo del espectáculo se mantenga vivo a lo largo del tiempo.

En la misma dirección, si bien Paquito D’Rivera, director musical además de excelente saxofonista y clarinetista, tiene mucho que ver en la elección de los artistas y el armado de cada año, es obvio que Yobino es quien termina marcando su impronta también en lo artístico. A través de su ya larga historia, el festival tuvo presencias y propuestas de lo más variadas. Sin embargo, como buen amante del jazz más clásico, fue esa la línea estética que sobrevoló a toda esta edición 2019. Hubo algunas referencias al “latin” de la mano de Paquito y su tributo a Chick Corea y bossa nova con la cantante Nnenna Freelon, aunque la mayoría confluyeron en el territorio del swing, el blues y el bebop. Por otro lado, este número 23 deberá ser recordado por los homenajes y por la presencia de enormes solistas de diferentes instrumentos, que no necesariamente son  figuras que están en la cresta más conocida de la ola internacional.

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El combo sudamericano Los amigos del Sosiego tuvo a su cargo el tributo a Lee Morgan en la noche de apertura. Los brasileños David Feldman en piano y Jessé Sadoc en trompeta, los uruguayos Nicolás Mora en guitarra y Popo Romano en contrabajo y los argentinos Diego Urcola en trompeta y Pipi Piazzolla en batería fueron el mejor vehículo para composiciones como “Mr. Kenyatta”, “Ceora”, “The Gigolo” o “Sidewinder”.

El enorme cuarteto del saxofonista barítono Gary Smulyan –con David Wong en contrabajo, otra vez Urcola en trompeta y trombón y Rodney Green en batería– dedicaron su set a recordar a Gerry Mulligan, sobre todo en el trabajo conjunto que hiciera en los años 70 junto a Chet Baker. Y fue el maestro de ceremonias y anfitrión artístico D’Rivera con su grupo multinacional –que tuvo solistas brillantes en Oscar Stagnaro en bajo, Alex Brown en piano, Mark Walker en la batería y los citados Smulyan y Urcola–, quien tuvo la responsabilidad del cierre con la música de Chick Corea en el salón-comedor porque la lluvia no permitió hacerlo al aire libre.

Y si de solistas hablamos, necesitaríamos una nota mucho más extensa para referirnos con plena justicia a todos. Pero valga decir que el veterano baterista Al Foster presentó dos sets diferentes al frente de un cuarteto que incluyó al superlativo saxofonista Chris Potter. Joven aún y con un currículum abultado, sus solos –virtuosos, creativos, técnicamente impecables– quedarán para siempre en el recuerdo y los oídos de los que tuvimos la suerte de escucharlo.

Por cierto, debemos repetir como solistas destacados a varios de los ya mencionados, sobre todo a Smulyan, Sadoc, Piazzolla o Urcola. Pero tenemos que agregar al inefable cantante y pianista Johnny O’Neal, heterodoxo y talentoso por donde se lo mire, a los pianistas Aaron Diehl y Benny Green, a los contrabajistas Paul Sikivie y David Wong, a la cantante Nnenna Freelon y, por supuesto, a Paquito D’Rivera, que hizo la propia pero fue además invitados de varios otros.

Con muchos menos argentinos en el balneario uruguayo, el festival de Punta del Este mantuvo su nivel y dejó ver a grandes solistas.