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Danza / 21 de enero de 2019

Una tradición perfectible

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Foto: Máximo Parpagnoli

***En la mayoría de las grandes compañías del mundo, “El cascanueces” es la referencia obligada a las celebraciones de Navidad y fin de año. A lo largo de su historia, y en especial en el último quinquenio –excepto en 2016–, el Ballet del Colón cumplió con esa tradición, ofreciendo distintas versiones del cuento de Hoffmann.

Narraba la legendaria Olga Ferri que cuando el gran Rudolf Nureyev montó en 1971 en el Teatro Colón su “Cascanueces” (que él mismo protagonizó junto a ella y Norma Fontenla), su firme carácter hizo sentir un rigor y exigencia únicos a los bailarines del Ballet Estable. La dificilísima coreografía, tanto para solistas como para el conjunto, exigía –y exige– intérpretes con una notable madurez técnica y dramática. Nureyev puso el eje en el personaje de Drosselmeyer, que debe contar con un bailarín capaz de transformar mágicamente al viejo y misterioso padrino de Clara en el príncipe ideal. Ya no se trata de un cuento infantil, sino de un viaje psicológico al mundo de los sueños, inquietante y revelador. No es solo bailar, sino vivir y entender cada personaje, de los muchos que tiene la obra.

Yendo a las funciones del último diciembre, vemos que pese al esmerado trabajo de Aleth Francillon, falta todavía esa evolución que debería haber tenido el elenco desde las representaciones de la obra en 2017. El empeño puesto por el cuerpo de baile para seguir los magníficos e intrincados diseños coreográficos de los copos de nieve y el Vals de las flores no alcanzó a honrar su originalidad. El conjunto arrastra estos desajustes desde hace años sin vislumbrarse una solución. En el primer acto, si bien hubo simpatía y expresividad en los alumnos del Instituto Superior de Arte, también faltó disciplina.

Macarena Giménez fue Clara, la protagonista, en el estreno y en funciones posteriores. Su interpretación del personaje, si bien correcta, debería trascender lo técnico para profundizar en su psicología. Su partenaire Maximiliano Iglesias, lejos de la magia de Drosselmeyer/Príncipe, tuvo momentos de buena danza, pero sin estilo.

Con acotada actuación, se destacaron Edgardo Trabalón y Carla Vincelli como los hermanos de Clara; una vez más, Paula Cassano, sensual y felina en la Danza árabe; y Norma Molina y Julián Galván se lucieron como los inefables abuelos.

Párrafo aparte merece el particular enfoque musical emprendido por Luis Gorelik al frente de la Filarmónica: tempi demasiado ralentados, falta de brillo y de compromiso con la maravillosa partitura de Chaikovski. Todo ello desmereció sin duda el desempeño de los bailarines, y fue en desmedro del resultado final.

“El cascanueces”. Ballet en dos actos. Coreografía: Rudolf Nureyev, repuesta por Aleth Francillon. Música: Piotr I. Chaikovski. Diseño de escenografía y vestuario: Nicholas Georgiadis. Ballet Estable del Teatro Colón. Dir.: Paloma Herrera. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Dir.: Luis Gorelik. Teatro Colón.