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Cine / 23 de enero de 2019

Glass

Shyamalan demuestra otra vez que sabe entretener, que puede sostener el interés pero nos interesa más cómo va a funcionar la máquina que los personajes.

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*** A esta altura, Shyamalan es un problema para la crítica de cine. Es realmente un autor, y uno reflexivo, además; trabaja sobre lo fantástico y la cultura pop como pocos cineastas, y ha realizado películas notables, incluso una obra maestra como El protegido. Pues bien, aquí vuelve a esa genialidad sumando además al personaje de su penúltima película, “Fragmentado”, para volver a jugar el juego de los superhéroes hiperrealistas.

También vuelve a las vueltas de tuerca y al comentario meta discursivo sobre los lugares comunes del género. Pero hay algo que nos falta: la profundidad emocional. Si ya vio, por ejemplo, “Sexto sentido”, y la vuelve a ver, notará que es una película sobre decir adiós y sobre la tristeza. Funciona igual, digamos.

Aquí Shyamalan demuestra otra vez que sabe entretener, que puede sostener el interés pero nos interesa más cómo va a funcionar la máquina que los personajes. Los intérpretes logran, de todos modos, quebrar a medias tal falencia, especialmente Willis, que vuelve a trabajar a conciencia después de tantos ganapanes intrascendentes.

De todos modos, es posible que “Glass” sea reevaluada en el futuro, dado que no carece de virtudes (Shyamalan, a diferencia de muchos directores de hoy dedicados al terror, sabe cómo hacer que sintamos miedo, cómo impactarnos con las imágenes de un modo único). Pero lo que tenemos, a primera vista, deja un resabio de insatisfacción, como si el propio director hubiera decidido restringir su poder de emocionar.

(EE.UU., 2019, 110′) Suspenso. Dirección: M. Night Shyamalan. Con Bruce Willis. AM13.