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Clásica / 7 de febrero de 2019

Ópera como en el cine

Plaza Vaticano. Este verano, se presenta la quinta edición de un festival que propone proyecciones de óperas y de conciertos en diferido.

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Fotos: Prensa Festival Plaza Vaticano

Cada año, el verano porteño depara la misma sequía de actividades relacionadas con la música clásica. Mientras se espera el inicio de las temporadas de teatros y de instituciones musicales, algunos ciclos de ópera en pantalla gigante funcionan como un oasis.

Hace décadas que los teatros líricos vienen implementando estrategias para acercar la ópera a un público más amplio. Los primeros intentos de masificación fueron las transmisiones por radio y por televisión. Más recientemente, gracias a los avances tecnológicos, las transmisiones en pantalla gigante y mediante streaming han ganado terreno.

Pionera en este espacio, la Metropolitan Opera House de Nueva York realiza transmisiones en directo desde 2006, vía satélite y en HD. De esta manera, con un impresionante nivel de producción y con elencos soñados, sus funciones llegan a cines de Estados Unidos y de todo el mundo. En Buenos Aires se pueden disfrutar en el Teatro El Nacional.

En los últimos años, otras instituciones, como el Liceo de Barcelona, la Royal Opera House de Londres y el Teatro Colón, comenzaron a apostar por las transmisiones de sus funciones en pantalla gigante. El coliseo porteño transmitió en temporadas recientes algunos de sus títulos en Plaza Vaticano. Este verano, en ese mismo espacio, se presentará la quinta edición de un festival que propone proyecciones de óperas y de conciertos en diferido, en registros tomados en el Colón y en otros teatros del mundo.

La tendencia de la ópera en el cine, en ámbitos cerrados o al aire libre, tiene sus adeptos, pero también sus detractores. Es cierto que la experiencia no puede sustituir a la ópera en vivo. La magia del espectáculo y el impacto de las voces en un teatro son fenómenos incomparables. Pero estas transmisiones no buscan reemplazar lo que sucede en los teatros, sino ofrecer una experiencia distinta, que permita apreciar detalles, acortar distancias y disfrutar de artistas y de producciones internacionales. Si, además, esas transmisiones son al aire libre, tal vez se pueda alcanzar a un público casual que se vea sorprendido, y por qué no atraído, por esta forma de arte.

Las transmisiones que pueden verse en Buenos Aires en estos meses permiten una aproximación diferente del género.