Menú
Personajes / 26 de febrero de 2019

Gino Bogani: “París ya no es más una fiesta”

El número uno de la alta costura ahora crea el vestuario de “Un tranvía llamado deseo” en el Colón. Pasión y medio siglo de carrera.

Fotos: Juan Ferrari

Está feliz, exultante, apasionado. La dirección artística del Teatro Colón, más exactamente la regisseur argentina Rita Cosentino, lo convocó para crear el vestuario de la versión operística de “Un tranvía llamado deseo”, de Tennessee Williams. Con música de André Previn y libreto de Philip Littell, se estrenó en San Francisco en 1998 y el 7 de mayo se pondrá en Buenos Aires.

“No es una ópera donde hay muchos personajes con gran lucimiento del vestuario; no es La Traviata ni Otelo. Pero es una obra contemporánea importantísima, que se estrena para Sudamérica. Vi el film cuando era chico, con Vivien Leigh que hacía de Blanche (ganó el Oscar) y Marlon Brando que era Stanley. Esa película se estrenó en 1951, la vi en ese momento y la seguí viendo mil veces. Leí la obra de teatro y fui a verla. Ahora, hacer el vestuario es un desafío que me permite un lucimiento intelectual. Porque tiene que haber refinamiento y preciosismo en todo. Por eso estoy tan contento, con Rita tuvimos charlas pero todo fue muy “easy” con ella, nos entendimos enseguida. Lo tomo como un reto. Porque aunque conozco la obra, otra cosa son los tiempos de la música; me imagino las escenas y los diálogos pero no los tiempos. Estoy elaborando todo en mi cabeza. Cuando lo tengo, el pensamiento baja a la acción. Siempre hago lo mismo. Para hacer un vestido doy vueltas y vueltas hasta que ¡tac! lo tengo y lo hago. Voy a instalarme en el taller del Colón y a trabajar con el equipo de la sastrería teatral. El que hace de Stanley es un barítono con un físico impresionante, es el norteamericano David Adam Moore. A Blanche, una mujer frágil, sensual y a la vez voladora, la encarna la excelente soprano argentina, Daniela Tabernig, que tiene que bajar un poquito de peso, es fundamental para el personaje, para que muestre esa personalidad tan volátil. Cuando María Callas le preguntó a Luchino Visconti si era la mejor Violetta de La Traviata, él le dijo que no, que con ese sobrepeso no era creíble que se muriera tísica. Y adelgazó”.

Noticias: ¿No se perjudica la voz?
Gino Bogani: No. Se puede perjudicar por muchos motivos, pero no por perder algunos kilos. Tengo fotos de la Callas con una cinturita mínima. Adelgazó y siguió siendo una cantante excepcional. Quedó devastada cuando Onassis se casó con Jackie Kennedy, estaba tan enamorada. Tenía una voz única, era capaz de interpretar un repertorio infinito. Cantaba Rossini, Verdi, Puccini, cantaba todo. No todas pueden cantar todo. La vocalización de una ópera de Puccini no es la misma que una de Verdi… Es un poco como la moda.

Noticias: ¿Por qué?
Bogani: Porque cuando conocés todas las variables, el por qué, el para qué, podés hacer cualquier vestido, pero no todo el mundo puede. El chiste es que un vestido hable sin que tenga nada. Si tiene de todo –como esa mujer arbolito navideño– viene otra con un vestido simple y perfecto y la hace desaparecer.

Noticias: ¿Viaja mucho? ¿Por trabajo o placer?
Bogani: “Miti y miti”. Me invitaron al casamiento del gobernador de Jujuy, Gerardo Morales. Le hice el vestido a su mujer, Tulia Snopek, y fue un placer estar ahí. Hicieron una ceremonia indígena en Huacalera, cerca de Tilcara, de Purmamarca. ¡Me encantó ese paisaje maravilloso de nuestro norte! ¡Y la gente es tan educada! ¡Qué terrible que nos llame la atención la gente educada! Es porque cada vez noto que hay menos. No sólo acá. París no es más una fiesta –parafraseando el título de la autobiografía de Ernest Hemingway–. París sigue siendo París pero no es más una fiesta. El mundo ha cambiado, hay gente que sufre, a pocos les interesa algo más ambicioso que bajar datos de Internet. 

(Leer también: ¿Se viste realmente bien Juliana Awada?)

Fotos: Juan Ferrari

Noticias: Antes del estreno tiene previsto un viajecito.
Bogani: Sí. Me voy a Nueva York y después, no sé… Me gustaría volver a Italia. La otra noche soñé en colores –siempre sueño en colores– y me desperté en Florencia.

Noticias: Tómelo como una señal.
Bogani: Sabés que sí. Hace unos años, cinco o seis, que no voy a Italia. Tengo ganas de ir a ver a mis tíos, mis primos… Jugaba en la Piazza della Signoria, en Florencia, en la Loggia, a la derecha del Palazzo Vecchio y junto a los Uffizi. Corría entre las estatuas y me ensuciaba con la tierra. Mamá no me dejaba ir pero me escapaba. La piazza era un patio para mí. Nos vinimos a la Argentina cuando tenía cinco años y medio. Pero me acuerdo perfecto de aquel tiempo. Me llevaban al cine, al teatro, a la ópera; tuve la suerte de que mis padres me llevaran y a mí me gustaba.

Noticias: En cualquier momento filma la película de su vida.
Bogani: Me gustaría hacer cine, dirigir una película. Estoy a tiempo. Es una cuestión de sensibilidad. Me siento capacitado para hacer muchas cosas relacionadas con el arte. Después se verá si soy bueno o mediocre, pero como soy muy autocrítico no me metería a hacer algo que no supiera. Cine podría. Muchas veces lo he hablado con Graciela (Borges) y otras amigas; me gustaría filmarlas pero darlas vuelta, mostrarlas de otro modo.

(Leer también: El éxito de las biopics: hacer ficción de la vida de los famosos)

Gino hace un culto de la amistad. Sale a cenar, va al teatro pero disfruta mucho su casa, sus libros. A Graciela Borges y Susana Giménez las conoce desde los 16 años. Mirtha Legrand lo invita a tomar el té. Va a una gala con Ginette Reynal o Mora Furtado. Se rehúsa a nombrar a todos sus amigos por omitir alguno y no ser justo. Es un libriano de manual. “Soy un buen anfitrión. Este año me propuse hacer más reuniones porque lo que importa es el tiempo que queda. Lo que fue ya pasó. De golpe hice clic y reaccioné”.

Noticias: ¿A qué debe su vigencia?
Bogani: Siempre tengo mis clientas que necesitan vestidos, que tienen fiestas. ¡Hace más de 50 años que trabajo aunque muchos piensan que vivo como en el aire o del aire! (Se ríe). Lo que me hace trabajar es la pasión. Siempre estoy aprendiendo. Porque aunque sea el mismo material, el mismo tejido, le das otra impronta… Si hacés un vestido revival de los 50 en 2019, tiene que tener un aggiornamento porque si no es un opio.

(Leer también: Jean Paul Gaultier: “Crear cosas nuevas me mantiene joven”)

Noticias: ¿Los brocatos actuales son más livianos?
Bogani: No, los verdaderos tienen que tener una trama, una consistencia que muestre voluptuosidad, y el relieve exige una pasada de hilos que pesa.

Fotos: Juan Ferrari

Noticias: ¿Es verdad que los vestidos de alta costura se pesan?
Bogani: Pesan más. Pero no necesariamente cuanto más pesan son mejores. Hay una tendencia que es hacer un vestido que no agobie a quien lo usa. Cuanto más liviano sea, más libertad. Una clienta me dijo: “Me da la sensación de que no tengo nada puesto”. Esa es la idea, que te sientas como desnuda. Te hace más joven, más liviana. Es como la sastrería de hombres. Antes era entretela, crin y ahora podés tener un traje estupendo que no tiene forro. Importa la técnica de cómo se construye. Para que algo te quede perfecto, hay que hacerlo con todo, como antes.

Noticias: ¿Usted es rico?
Bogani: (Gesto de asombro). ¡Pero qué voy a ser rico! Trabajé mucho pero acá, no allá (en Europa). Allá tenés 800 licencias de miles de cosas que se venden en el mundo entero.

Noticias: ¿Por qué se quedó?
Bogani: Mamá me decía todo el tiempo, andate: “vattene”. Me quedé por el entusiasmo de mi trabajo. No había nada emocional.

Noticias: Un amor, por ejemplo.
Bogani: No. Pensé que estaba bien lo que hacía acá.