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Economía / 8 de marzo de 2019

Fernanda Vallejos: “Para los argentinos, las consecuencias son insoportables”

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Dólar y riesgo país en alza, títulos y acciones argentinos desplomándose, profundización de la recesión y -técnicamente hablando- hiperinflación, con una alarmante evolución del precio de los alimentos, mientras el Gobierno no pone freno a su política de impulso a la inflación agregando leña al fuego con más y más tarifazos.

La crisis cambiaria, financiera y, a la postre, económica y social está instalada en la Argentina. Más allá de las (aparentes) coyunturas de “tranquilidad”, la inestabilidad es la regla y no puede ser de otra manera porque es el propio modelo económico que impulsa Mauricio Macri -ahora reforzado por el FMI- el que la engendra. A poco de asumir, el gobierno de Cambiemos hizo del frente cambiario y financiero una zona liberada que promovió un verdadero latrocinio, con la pérdida de U$S 61.000 millones en materia de fuga de divisas, a lo que debe sumarse el pago de intereses, las remesas al exterior de las multinacionales y otras fuentes de demanda ilimitada de dólares que, en ausencia de políticas económicas que permitan la generación genuina de divisas, fue abastecida con un endeudamiento descontrolado a la par que achicaban la economía (2/3 del mandato de Macri trasncurrieron bajo el signo de la recesión), sellando la indisimulable insustentabilidad del programa oficial, observada por los mercados internacionales que le cerraron la puerta al Gobierno y por el propio FMI que, pese a imponer una decisión política de “salvataje” de Macri, no dejó de reconocerlo en todos los informes técnicos que produjo sobre la Argentina, luego de que el Gobierno le pidiera la escupidera a Lagarde para llegar con el pulmotor de los dólares del FMI a las elecciones de este año. Sin esos dólares, la Argentina de Macri hubiera entrado en default. El modelo es inviable.

Lo cierto es que, en el marco de una recesión muy profunda (-2,6% de caída del PBI en 2018, con enero de este año marcando el desplome de 10,8% de la industria y 15,7% de la construcción), la fuga retomó una dinámica preocupante (U$S 1.700 millones en el último mes) y en las últimas jornadas asistimos a la aceleración de la dolarización, que llevó al dólar a marcar un nuevo récord de $43,50 en la jornada de ayer. La falta de confianza que genera la política oficial, con un gobierno y un Banco Central conducidos por las imposiciones del FMI -ajuste fiscal y monetario mediante-, con la tasa de interés mostrándose claramente inefectiva para ordenar tanto la evolución del tipo de cambio como la inflación y con una “banda de no intervención” cambiaria enorme (entre $40 y $50) que deja margen para que el tipo de cambio adquiera una dinámica explosiva en una sola jornada sin que el BCRA intervenga para ponerle límite, dejan al desnudo la extrema fragilidad a la que la política neoliberal expuso a la economía argentina.

Para el conjunto de los argentinos, las consecuencias son cada día más insoportables. La inflación (según el INDEC) fue de 2,9% en enero y se espera que llegue ¡al 4%! en febrero, cuando todavía las tensiones cambiarias de los últimos días no estaban instaladas. Pensar en el número de marzo provoca pavor, después de la escalada del dólar. La hiperinflación alimentaria está provocando daños que el Gobierno parece no dimensionar entre los sectores más vulnerables, en particular, y sobre el conjunto social, en general (48% de los argentinos restringió el consumo de carne en 2018 y 35% el de leche). La angustia domina el mes de marzo para muchas mamás que tienen que aprovisionar de últiles escolares a sus hijos (54% de aumento en el precio de la canasta escolar). Mientras la producción está cayéndose a pedazos y la política oficial sólo impulsa la especulación, con tasas que treparon del 44% al 50%, sin ningún efecto positivo más que agravar la recesión. Decir que es imperioso un cambio profundo en la política económica resulta, a esta altura, una obviedad. Que reclama el 70% de los argentinos pero que el Gobierno -a pesar de encaminarse a una dura derrota en las urnas- parece no escuchar. Es preocupante porque significa que los argentinos deberemos esperar hasta diciembre -y la crisis actual podría profundizarse por varios meses- para volver a poner en marcha una política que recupere la capacidad de consumo de los ingresos, revitalice la demanda y genere las condiciones para la producción y la inversión en nuestro país.