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Sociedad / 11 de marzo de 2019

Moda peligrosa: la vuelta del chemical sex

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ÍCONO. Freddie Mercury fue un ejemplo del uso de drogas en el sexo. La película que narra su vida trajo al debate la práctica.

“Sus amantes eran incontables. Verdaderamente incontables. Hubo tantas fiestas salvajes llenas de droga en donde encontraba un nuevo amante cada noche y una rutina de la que no podía escapar”. En “Bohemian Rhapsody”, la película que narra la historia de Freddie Mercury, la preferida por los Oscar, se pone en palabras lo que fue un secreto a voces: el sexo promiscuo y las drogas que caracterizaron la vida del rockero.

Con escenas de fiestas descontroladas en casas y pubs gay, queda flotando la pregunta que le hacían más de una vez a Freddie para saber si estaba drogado. Los diálogos pregonan el “¿Dónde está mi nieve?”, en alusión a la cocaína, y se aborda la temática inevitable de las infecciones de transmisión sexual (ITS), que le costaron la vida al cantante. Este combo saca de abajo de la alfombra un concepto que no es nuevo ni poco frecuente, pero sí tabú: el “chemsex”. La abreviatura en inglés de “chemical sex”, que significa “sexo químico”, se refiere a la utilización de sustancias ilegales para mejorar la experiencia sexual.

El término se originó en el Reino Unido y se atribuye con estigma únicamente a la comunidad gay. Pero es una actividad que practican personas de diferente orientación sexual y donde el alcohol también juega un rol importante. Una moda riesgosa que suma cada vez más adeptos.

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Don’t stop me now. En clave “chemsex”, la famosa canción de “Queen” cobra otro sentido. “Soy una máquina sexual preparada para recargar, como una bomba atómica a punto de explotar”, dice. Es que las sesiones de esta actividad pueden extenderse hasta 10 horas. Desinhibición, mayor excitación y duración son algunos de los efectos que mencionaron los usuarios a NOTICIAS.

“La mejor experiencia que tuve fue en un after, donde hice una fiesta sexual. Se obtiene mayor duración del encuentro y mayor fogosidad”, explica Juan Cruz, de 37 años, que practica chemsex desde hace ocho.  Sofía, de 20 años, consume drogas durante el sexo hace dos. Primero lo hacía con marihuana y, después, probó con éxtasis. “Estás más desinhibido y tenés mucha sensibilidad corporal”, señala.

EFECTOS. Los usuarios aseguran experimentar mayor resistencia.

Enzo Tagliazucchi, especialista en neurociencias, explica: “Las drogas más frecuentemente asociadas al chemsex son estimulantes –principalmente la metanfetamina pero también anfetaminas o cocaína– y sustancias entactógenas, es decir, que aumentan la empatía y sentimientos de amor y cercanía entre individuos –principalmente la mefedrona, pero también el MDMA o éxtasis y el GHB, comúnmente denominado éxtasis líquido”. El especialista agrega que “puede darse el uso conjunto con poppers, sustancias que al inhalarse producen vasodilatación, aumento del ritmo cardiaco, y breve sensación de euforia”.

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Los especialistas plantean los severos riesgos que la práctica genera: adicción, complicaciones por la mezcla de sustancias y hasta una mayor probabilidad de contraer enfermedades de transmisión sexual.

En números. Diego Salusso, infectólogo de planta del Sanatorio Güemes, realizó un informe en Argentina que se presentó en un simposio de Fundación Huésped. El estudio consistió en una encuesta anónima distribuida en distintas redes sociales que involucró la participación de 2.924 personas y cuyo objetivo fue evaluar el impacto del uso de drogas en las relaciones sexuales de la población. El 16,9% de los encuestados reportó uso de sustancias ilegales o sildenafil (Viagra) durante las relaciones sexuales. Se registró mayor impacto en la comunidad de hombres que tienen sexo con hombres en donde un 29,7% señaló su uso. Sólo un 47,3% de los usuarios de drogas en las relaciones sexuales indicó que utiliza preservativo, frente al 67% de los que no consumen.

Distintos estudios se refirieron al chemsex como un problema de salud pública e incluso como una epidemia. Se apoyan en la hipótesis de que en un encuentro de este tipo incrementaría la probabilidad de transmisión de enfermedades por la falta de cuidado. Los datos de la encuesta de Salusso apuntan a esa idea pero no son conclusivos. De las personas no practicantes de “chemsex”, sólo el 7,7% recibió diagnóstico de alguna enfermedad de transmisión sexual en el último año. Entre los que sí llevan a cabo esta actividad, aumenta al 20%. Lo mismo sucede en el desglose que analiza si son personas que viven con VIH. Entre los que no usan drogas para tener sexo, el porcentaje es de 3,70%. Entre los que sí, se incrementa al 13,70%.

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Placeres peligrosos. La hipótesis de que estos encuentros se asocian a una mayor tasa de enfermedades sexuales está basada en la desinhibición que producen estos químicos, lo cual llevaría a prescindir del uso de preservativo. Otro de los problemas más comunes es la mezcla de fármacos. Según los especialistas, el uso conjunto de sildenafil y poppers –ambos vasodilatadores– puede llevar a una crisis hipotensiva y a un paro cardiorrespiratorio.
Lo cierto es que, sin Freddie Mercury, solo falta el rock & roll. Porque la combinación de sexo y drogas es más común de lo que parece.