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Costumbres / 17 de marzo de 2019

Cuáles son los secretos para vivir una vida 5 estrellas

Un verdadero especialista en lujo, Gabriel Oliveri, redefine el prestigio y la clase y enseña sus secretos para vivir muy top. Amigos y celebrities.

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Irreverente, distinto, perseverante. Todas características que lo definen, y que lo hicieron el “selfmade man” que es. Porque si algo tiene la historia de Gabriel Oliveri, desde su Concordia natal donde sus padres inmigrantes lucharon por salir adelante a puro esfuerzo, hasta su actual puesto de Director de Marketing y Comunicación del hotel Four Seasons, es el trabajo sobre sí. Una premisa que se sustentó sobre sueños, y que hizo del lujo y la elegancia que él admiraba desde chico su ambiente cotidiano de hoy. Eso relata en “Una vida cinco estrellas” (Planeta), la “autobiografía de autoayuda” que no solo crea un nuevo género literario, sino que transita cada paso de esta vida intensa con desparpajo y sin pudor. Y en la que NOTICIAS se basó para crear esta nota sobre los nuevos códigos del lujo y la clase.

“Autoayuda no es comer dos manzanas y salir a correr. Es tener un trabajo, y si no te alcanza, buscar otro. He trabajado de maletero de 11 a 7 de la mañana y a las 8 entraba a liquidar sueldos hasta el mediodía. Tuve dos trabajos por siete años para poder ahorrar y comprarme mi primer departamento. La felicidad se la arma cada uno”, dispara.

Claves cinco estrellas. En el mundo en el que se mueve hoy hay ciertas claves tácitas. La capacidad de servicio es una, reina de la hotelería de lujo. “Digo que soy la Madre Teresa de los ricos, porque vine a ayudar a los que no lo necesitan”, bromea. Lejos del chiste, el punto central es brindarse tal cual lo haría una enfermera con un paciente, buscando de veras que el otro la pase lo mejor posible. “Nuestra regla de oro es hacer a los demás lo que quisieras que te hagan a vos”, cuenta. Y en ese camino, se considera un desplante absoluto no involucrarse en un pedido de un huésped porque “esa no es mi área”. “Si te preguntan dónde está el restaurante, decís ‘seguime’ y lo guiás hasta ahí. Jamás te limitás a señalar”, destaca el profesional. Todo, idealmente con una sonrisa genuina.

Otro punto recomendado es la capacidad de gestión, porque la hotelería es un rubro que sobre todo trabaja con personas, por lo cual puede suceder cualquier imprevisto. “Tenemos aniversarios, pedidos de mano, sorpresas de las que no sabemos, pero en las que tratamos de ayudar todo lo posible”, relata, agregando que la complicidad es un punto vital del trabajo. Que también podría trocarse por discreción, algo que asegura que ni hace falta que le pidan. “Ser hotelero es como ser psicólogo o cura, llevás ese silencio dentro tuyo. Y preservamos a todos los huéspedes, sean o no famosos”, sentencia. Su indicación en las reuniones de personal es clara: lo que sucede puertas adentro del hotel no es para hablar en las reuniones del domingo. Gracias a esta política puede enorgullecerse de haber alojado estrellas internacionales de las que la prensa jamás se enteró.

El libro. “Una vida cinco estrellas” de Gabriel Oliveri (Planeta) es definido por su autor como “autobiografía de autoayuda”.

A la vez, la hotelería está viviendo un proceso de desacartonamiento, en el que el Four Seasons bien puede anotarse como pionero en el país. Tras la renovación completa del hotel que insumió US$ 50.000.000 hace siete años, también se renovó el espíritu, proponiendo restaurantes de cocina argentina en lo que antes no salía del buffet italiano o francés, reivindicando la hamburguesa callejera como algo gourmet, convirtiendo el bar en un espacio de reunión canchero y realmente convocante, y permitiendo mozos con tatuajes y piercings, entre otras “insolencias” de lo más acertadas. “Nuestro hotel es para gente de espíritu joven, sea de 20 u 80 años”, sentencia Oliveri.

Y así, el lujo actual se aleja de la ostentación y la opulencia para presentarse mucho más relajado y personal. “Hoy el lujo es que todo sea como lo soñaste. Que el desayuno sea increíble, que estés en la pileta y tengas conexión perfecta, que te hayan recomendado la mejor milonga de Buenos Aires”, describe. Porque además, las recomendaciones también cambiaron y se customizaron. El propósito dejó de ser recomendar lo más caro y exclusivo de la ciudad para pasar a destacar aquello que mejor se adapta a lo que pide el huésped. “Ya no es un listado fijo, sino que se personaliza. Proponemos cosas que nosotros vivimos como argentinos, cuando antes se le daba al turista un listado que uno no hacía”, ilustra el especialista. El lujo hoy, entonces, es vivir como un local. Cuando el dinero y la exclusividad ya se poseen por default, lo que queda es buscar momentos reales.

Desde el lado del huésped, en tanto, también hay recomendaciones válidas para aprovechar al máximo la estadía cinco estrellas. Por caso, bajar revoluciones y permitirse disfrutar el mismo hotel, más allá de todo lo que la ciudad pueda ofrecer. “Nosotros tenemos la única piscina al aire libre en Recoleta, y estar acostado ahí mirando la Mansión Álzaga Unzué de 1920 es la mezcla perfecta de Beverly Hills, Buenos Aires y París. Un placer que muchos pasan por alto y no deberían”, advierte. Otro punto que debería explotarse más es el desayuno, donde puede conocerse en detalle la identidad gourmet del lugar. “Con los años también aprendí a disfrutar de la habitación: las sábanas divinas, los jabones de primera calidad, dormir hasta cualquier hora en ese oasis”, describe.

Y para los que siempre tienen dudas con la propina, el experto dice que esta costumbre debe extenderse a todas las cuestiones de la vida, no solo a un hotel de lujo. “Por un servicio correcto, se da el 10%. Por uno bueno, el 15%. Si fue muy bueno, el 20%. Y también el 20% si se va a comer en grupo y los atienden muy bien”.

Verdadero glamour. Inmerso en este universo, Oliveri pudo conocer a las figuras más icónicas del mundo, contando con recuerdos de Mijaíl Gorbachov, Madonna, Bono, la reina Máxima, Catherine Deneuve y Karl Lagerfeld, entre muchos otros de las más variadas disciplinas. A partir de ese contacto fue reescribiendo su definición de clase. “Hoy creo que aquel con clase es el que se respeta a sí mismo y no aparenta ser otra cosa. Tener clase es ser auténtico, vivir sin careta. Y tal vez ese sea el verdadero lujo”, analiza.

A raíz de esto también ha encontrado verdaderos amigos y aprendido lecciones. Entre los primeros cuenta a Pampita, con quien participó como panelista en su programa “Pampita Online”, a Flavia Palmiero y a la periodista y conductora Myriam Bunin. “No me importa el historial que cada uno tenga, mi amistad empieza de cero y veo cómo son conmigo. También aprendí a escuchar, porque hay muchas personas, sobre todo en este ambiente, que te llaman para ver cómo están ellas”, sostiene, para agregar luego “quiero amigos, no cortesanos”.

Sobre el aprendizaje, destaca la generosidad de Pampita (“me ha presentado de maneras tan divinas que digo que quiero que hable en mi entierro”), la calidez y la atención de Mirtha (“siempre tiene una buena palabra para alguien”), la autenticidad de Moria Casán (“habiendo hecho todo lo que hizo, no está encapsulada”), la sonrisa de Susana aceptando sacarse fotos y charlar con todos (“con total profesionalismo se hace cargo de la profesión que eligió”). Para Oliveri, lo que distingue a las verdaderas estrellas es su permanente construcción. “A más de una le he preguntando cómo iba el laburo. Madonna no se nace”, apunta.

Preguntado luego sobre el canje, es claro: “no me gusta cuando viene una estrella internacional que llena estadios; es diferente cuando hay un famoso con buen target y podemos ayudar a difundir nuestro producto con él”. Como sostiene el dicho, basta juntarse con rosas para oler a rosas. Por eso, muchos famosos reciben una primera invitación para comer, tomar algo o disfrutar el spa, pero luego deben pagar. Caso contrario, se desvirtúa el producto. “Una cosa es tener una persona que venga una noche, te dé su opinión de la comida y hasta decore el lugar. Pero nosotros estamos llenos siempre, así que cada vez que doy una mesa de canje pierdo dos cubiertos”.

Finalmente, desmiente la idea de que el lujo cinco estrellas sea un mundo donde predomine la frivolidad. “El nuestro es un lujo no frívolo. Esta es una cadena canadiense, una nacionalidad relajada. Y todos los mundos son tan frívolos como la gente que los habita”.

Vicky Guazzone di Passalacqua
@misskarma