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Cultura / 22 de marzo de 2019

Historia: cómo fue la invención de la infancia

Leyes, disciplinas y prácticas que pusieron a los chicos en el centro de la vida familiar y social. Valor político de la niñez.

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La Declaración sobre los Derechos del Niño en 1924 representa un ingreso pleno de la infancia a la consideración social. La educación y la psicología adquieren una importancia fundamental.

Según el diccionario de la Real Academia la infancia se refiere a un período de la vida de las personas que va desde el nacimiento hasta la adolescencia. En términos generales alude a las personas menores, que necesitan del cuidado y la protección de los mayores. Las infancias son los niños y niñas de una sociedad pero su historia ha ido cambiando con el tiempo y sus experiencias varían de acuerdo con la clase social a la que se pertenece, el género, la raza, la etnia. Todos somos niños pero no todos somos iguales.

Los estudiosos debaten desde hace varias décadas sobre cuándo el concepto de infancia adquirió importancia. Esos debates abarcan a todos los países. Niños y niñas estuvieron presentes en todos los momentos históricos y, desde la más remota antigüedad se pensó cuál sería su mejor educación y formación y cuáles serían sus obligaciones. Pero es en el tránsito del siglo XIX al XX, al menos en la Argentina y en otros países americanos, que la infancia es reconocida como una etapa importante en la vida de una persona, que tiene características propias y que tiene derechos.

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Familias. Infancias y familias no pueden pensarse de modo separado. Los niños están en el centro de las dinámicas que constituyen a las familias. Ellos requieren crianza, cuidados, afectos, aprendizajes y recursos. Dichas acciones, a diferencia de la creación biológica de los niños, se realizan a lo largo del tiempo y construyen socialmente a la infancia, involucrando a quienes las realizan –madres, padres, parientes, pero también instituciones– en procesos económicos, culturales y políticos nos dice Isabella Cosse.

El libro “Infancias argentinas” (Edhasa) de Mirta Zaida Lobato.

Infancias y familias van de la mano y cambian en el tiempo y en el espacio. Un niño nahuas que habitaba en la zona del actual México, era designado con las palabras “plumaje rojo” o “joyas preciosas” como indicador de su valoración social. Durante la colonia, los niños y las niñas poblaban las calles, las iglesias y los mercados. En el campo trabajaban en las tareas rurales y en los talleres en las ciudades. El trabajo no siempre tenía igual significado para las clases populares y para las más acomodadas.

Los cambios en la economía y la sociedad de Argentina a fines del siglo XIX nos trae la figura de los niños que migran. Que se mueven con sus familias de un lugar a otro. Todo ello planteó nuevos dilemas a quienes pensaban las infancias. Del mismo modo que los cambios sociales y culturales del presente plantean numerosos interrogantes sobre niños, niñas y familias. Por ejemplo ¿cómo es educado un niño dentro de una familia gay, lesbiana o trans? ¿Qué significa una educación neutra? ¿Cómo vivencia una niña que marcha con su madre a una manifestación de Ni una Menos? ¿De qué modo se enfrenta el ser niño/niña con la violencia cotidiana?

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Disciplinas. La importancia de los niños para las familias y para los estados implicó la aparición de disciplinas que transformaron a la infancia en materia de estudio. La psicología infantil se desarrolló en la segunda mitad del siglo XIX. Se estudiaba en las universidades, se editaban revistas especializadas y se creaban organizaciones que tenían a los niños en el centro de sus reflexiones. La psicología estableció principios fundamentales en los que se apoyaron los pedagogos. La pedagogía se convirtió en la ciencia de conducir a los niños. Niños, escuela y familia se transformaron en una tríada importante que contó con la activa intervención estatal. Se desarrollaron otras disciplinas como la pediatría y se ampliaron las fronteras del derecho para incluir ideas sobre la importancia de proveer al bienestar de los más pequeños. En la actualidad nadie se pregunta sobre qué es ser niño o niña cuando va al pediatra o a la psicopedagoga, muchas ideas están incorporadas al sentido común.

El cuidado de la salud infantil, durante el siglo XX, fue un símbolo de consolidación del estado moderno. Un crecimiento saludable suponía el desarrollo físico y psíquico adecuados del niño.

De modo que la infancia es el resultado de un complejo proceso social, político, económico y cultural y no sólo un estado de la naturaleza. La infancia fue estudiada por la psicología, la pedagogía, la pediatría, la filosofía, el “marketing”, el derecho, la historia y la antropología. El reconocimiento de la importancia y de los problemas que afectaban a la infancia llevó a la Sociedad de las Naciones a aprobar una Declaración sobre los Derechos del Niño en 1924. Era un llamado para que todos los países trabajasen al unísono por la atención de la infancia como un modo de alejarse de los programas de beneficencia. Luego entrarían a formar parte de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, en 1959 las Naciones Unidas se sumarían a ese reconocimiento y en 1989 serían reafirmados en la Convención sobre los Derechos del Niño.

De este modo todas las personas reconocían su obligación de evitar toda discriminación por motivos de raza, de nacionalidad o de creencia; favorecer el desarrollo material y espiritual, proveer a su alimentación, cuidar su salud, estimularlo, protegerlo, prepararlo para la vida.

La idea de la infancia con derechos había ganado una batalla, el desafío sigue siendo hacerlas realidad.

*Doctora en Historia.
Autora de “Infancias argentinas”.