Menú
Noticias Uruguay / 14 de abril de 2019

Instituciones regionales

La vigencia de las instituciones regionales se cuestiona por una reiterada e importante “diáspora” y “superposición”.

Por

CONTROVERSIAL. La sede de la OEA en Washington, la mayor organización del continente, centro de debates y polémicas. //

La reciente iniciativa de los gobiernos de Chile y de Colombia, propiciando la creación de una nueva organización regional que ya tiene el nombre de “PROSUR”, nos llama a reflexionar sobre la necesidad de constituir nuevas “instituciones regionales” de contenido político o comercial, que se van superponiendo como capas geológicas al desdibujarse los objetivos y principalmente los resultados obtenidos por las existentes.

Esa capacidad creadora de nuevas instituciones parece ser, a criterio de sus impulsores y naturalmente por aquellos países que se incorporan, la solución a las dificultades que adolecen las existentes, y que llamativamente no desaparecen. No se trata de la sustitución de una organización por otra, sino que por el contrario, es una superposición de organizaciones donde desaparecen algunos países en su integración, o se incorporan otros, y a su vez se modifican o se amplían los objetivos en la nueva y reluciente organización internacional.

Independientemente de la real importancia que tienen estas organizaciones internacionales o regionales en los distintos temas que forman parte de su agenda a partir de sus normas constitutivas (políticas, comerciales, económicas, sociales, culturales, etc.), no menos cierto es que la superposición de entidades regionales en ocasiones sobre los mismos temas u objetivos, o con variantes sin significación, debilitan las actividades de unas y otras, al igual que los esfuerzos económicos de los países para su mantenimiento y desarrollo.

Esta “diáspora” y “superposición” orgánica institucional es notoria a nivel mundial, internacional y regional, y genera un importante cuestionamiento a la vigencia de las instituciones en términos de su eficiencia y eficacia en el cumplimiento de sus objetivos, y una dilapidación de esfuerzos económicos e intelectuales, donde las voluntades políticas priman sobre las inconsistencias de las soluciones.

Con la idea de que lo expresado, no parezca una elucubración retórica y sin fundamento, veamos alguna realidad regional.

En lo político, los países latinoamericanos que integran la Organización de los Estados Americanos (OEA – 1948) y cuyos pilares básicos se encuentran en la defensa de la democracia, los derechos humanos, la seguridad y el desarrollo de los países, han ido conformando otros organismos regionales con objetivos similares.

A título de ejemplo, y teniendo presente que los factores ideológicos han sido relevantes en ese sentido, se encuentra la “Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños” (CELAC – 2011) como un mecanismo intergubernamental de diálogo, concertación política, cooperación e integración; también la “Unión de Naciones Suramericanas” (UNASUR – 2008), como un organismo de integración suramericano con la finalidad de construir una identidad y ciudadanía suramericana y desarrollar un espacio regional integrado.

No es posible afirmar que es razonable la creación de una nueva institución regional con iguales o similares objetivos pero con distinta integración (i.e. PROSUR en lugar de UNASUR), y mantener la existente con la debilidad propia del nacimiento de una nueva entidad.

Sería más sensato, la adecuación de la o las entidades regionales existentes, en base a los instrumentos que resultan de sus documentos constitutivos, obligando a que sus integrantes cumplan con los objetivos previstos en ocasión de su constitución.

Si los objetivos de las instituciones regionales son claros y precisos, así como los instrumentos para lograr su cumplimiento, los “tintes ideológicos de turno” no deben ser los indicadores de su vigencia, sino que por el contrario debe ser ajenos al contenido de sus objetivos.

Si bien la iniciativa del PROSUR, parece ser la solución a la ideologización de la UNASUR, entonces lo que realmente conspiró contra esta, es el apego a una ideología que no debió formar parte de sus objetivos.

Ahí está el debilitamiento y el cuestionamiento de la vigencia de las instituciones en el cumplimiento de sus objetivos, cualquiera sea su finalidad y su alcance internacional o regional.

*ABOGADO. Director de la Maestría en Integración y Comercio Internacional de la Universidad de Montevideo. Profesor titular de la Cátedra de Derecho de la Integración de la Universidad de Montevideo.