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Noticias Uruguay / 4 de mayo de 2019

María Noel Riccetto: colgar las zapatillas

La bailarina uruguaya más importante de la historia, ganadora del “Oscar” de la danza, anunció su retiro para diciembre y conversó con NOTICIAS.

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La bailarina uruguaya más importante de la historia anunció su retiro para diciembre. //Fotos: Diego Ituño.

Seguramente en 2020 María Noel Riccetto, la bailarina uruguaya más importante de la historia, ganadora del premio Benois de la Danse hace dos años, vuelva al liceo para terminar por fin su educación secundaria y ser bachiller. Además, tendrá tiempo de ver las series que todos ven como Game of Thrones (confiesa que está entre sus pendientes), leer y dormir más. “Quiero empezar a tener una vida tranquila. Levantarme y decir: ¿Qué quiero hacer hoy? y no ¿qué tengo que hacer hoy?”, resume ella en diálogo con NOTICIAS en su academia de danza, una nochecita de otoño.

El 10 de abril, la bailarina de 39 años, anunció en conferencia de prensa su retiro oficial de los escenarios. Cuando lo hizo, se quebró. Pero esto no es novedad en ella. “Yo siempre lloro”, fue lo primero que dijo, en inglés, en el legendario teatro Bolshói de Moscú el 30 de mayo de 2017, cuando para su enorme sorpresa un vocero trajeado dijo su nombre como una de las dos ganadoras del más afamado trofeo para los bailarines del mundo.

RETIRO PREMEDITADO. “Estoy cansada y el cuerpo no es el mismo que a los 20. Tras un ballet demoro más en recuperarme. Fueron muchos años de carrera. Además, quiero tener tiempo para otras cosas”. //Foto: Diego Ituño

Después sólo agregó: “Esto no es sólo para mí, es para mi país”, y se volvió a su asiento, emocionada hasta las lágrimas.

Al borde de cumplir 40 años, María Noel Riccetto decidió que este era el momento indicado para anunciar que en diciembre, con la obra “Manón” como pretexto, colgará las zapatillas. Los motivos son varios y van más allá de la edad que dice la cédula. Tienen más que ver con una reflexión personal, pero consultada en familia, y con una fuerte introspección como resultado del fallecimiento de su papá Hugo, su gran amigo, hace un año. “Yo se lo había comentado a él. Le dije: ‘Creo que el año que viene voy dejando’. Su partida hizo que yo pusiera en perspectiva todo, porque fue un cimbronazo grande, murió de un infarto. A la tarde estuve con él y a la noche me avisaron que había fallecido”, cuenta María.

También lo consultó con su pareja y con su hermana, su otra gran compinche, y ahí sí, tomó la decisión de retirarse para tener más tiempo para otras cosas. Por ejemplo, para dedicarse -quizás- a buscar la maternidad con su novio. “Está en los planes”, comenta. El mismo día de la charla con esta revista, alguien en Twitter había escrito que era una gran bailarina pero que estaba “vieja” para ser mamá, María se limitó a responder con un “Auch!” y un emoticón de preocupación, y la jauría de tuiteros hizo lo suyo, atacando a quien había realizado un comentario tan hostil. “La maternidad es una opción, si es que está en mis cartas, no lo sé. Nunca lo intenté. Lo que no quiero es decir: ‘Quiero ser madre’ dentro de unos años y ya no poder. Yo ya soy grande, y cada vez se hace más difícil”, se sincera.

El 10 de abril, la bailarina de 39 años, anunció en conferencia de prensa su retiro oficial de los escenarios. //Foto: Diego Ituño

También, una vez que esté retirada, podrá estar más presente en su academia de danza de Carrasco. Hasta ahora, llega a la tardecita después de una jornada agotadora en el Sodre, que comienza al promediar la mañana, y termina sobre las 17 horas. Concurre a la academia sólo para cerciorarse de que todo está funcionando bien. Pero entiende que necesita dedicarle más tiempo: coordinar clases, supervisar profesores, tomarle pruebas a algunas alumnas, y gerenciar mejor su propio espacio.

La academia tiene 140 alumnos de 3 a 40 y pico que ensayan ballet, contemporáneo, ballet fit (que es una combinación de ballet con pilates), pilates y yoga. Hay algún varón, en danza contemporánea, no en ballet, y claramente en el alumnado predominan las niñas, adolescentes y mujeres adultas. “Desde el retiro, me gustaría estar más involucrada, pero no sé si tener una clase. Me gusta trabajar con gente más grande, gente que ya tiene cierta experiencia. Me gustaría tomar tal y tal grupo un par de veces por semana. Eso me gustaría. Sería lindo para ellos también que me vean activa acá adentro. Para los papás también, que son los que pagan la cuota”, dice.

LOS PREMIOS. “Para mí, el premio es el aplauso. Está salado sentir el aplauso. Un trofeo me suena a competencia. (El Benois de la Danse) para la gente fue orgullo, tipo: ‘Esto es nuestro’”. //Foto: Diego Ituño

La niña baila. María Noel quería retirarse con “Manón”. La pieza le recuerda cuando se juntaba con su mamá -también fallecida- a ver la interpretación del Royal Ballet en un VHS que gastó de tanto mirarlo. Por esos días de niñez y primera adolescencia, María iba a la Escuela Nacional de Danza como quien va a inglés o computación. Pero no todo fue diversión y placer: conforme el proceso de aprendizaje iba avanzando, María debió privarse de salidas con amigos o incluso de juntarse en grupo para estudiar. Por eso siempre terminaba estudiando sola.

Salía del colegio sobre las 13 horas y uno de sus padres la levantaba en auto para llevarla a ensayar danza. “Ahí aprendí a comer en el auto. ¡Soy buenísima comiendo en el auto y me encanta! Desarrollé esa habilidad”, dice entre risas. En la escuela de danza estaba de 14 a 20 horas entrenando. “Ahí me pregunté si realmente era un pasatiempo, porque veía que estaba muchas horas. Pasaba más horas bailando que en mi casa o con amigos”, dice. Así, a los 14 años, se dio cuenta que la danza podía transformarse en un modo de vida. Y lo confirmó pronto. Además, descubrió que tenía condiciones para la danza. Fue advirtiendo que la educación artística había despertado un talento que tenía oculto.

A esa edad, a los 14, María fue becada por la North Carolina School of Arts de Estados Unidos. Pero un mes antes de viajar la familia percibió cómo la noticia, lejos de alegrarla, le habían puesto una carga demasiado grande a la chiquilina de cuerpo menudo. Lloraba todas las noches, no podía dormir, estaba demasiado estresada. Sus papás entendieron que, en realidad, María no quería alejarse del núcleo familiar, y mandaron decir que no era el momento de aceptar la beca.

Por suerte para ella, tres años después, tuvo revancha. A los 17 dijo: “Ahora sí, voy a probar a ver qué pasa con esto. Pruebo un año y si extraño mucho, vuelvo”. Y ya no volvió sino hasta 2012, cuando fue convocada por Julio Bocca.

JULIO BOCCA. “Él me dio más sentido de la responsabilidad, me enseñó que la mayoría de las cosas se logran a través del trabajo duro. Tenés que romperte el alma. No conformarme nunca”. //Fotos: Archivo SODRE.

“He tenido la posibilidad de viajar a muchísimos lados, pero siempre por trabajo, no por turismo. Entonces: nos íbamos a París de gira y teníamos el día que llegábamos y al día siguiente libres, y tenías que aprovechar para hacer todo, y después estabas tres semanas más, siempre metida en el teatro. Eso me pasó en pila de lados. En otras ciudades me sentí más en casa. Barcelona es mi ciudad favorita: me hubiera encantado haber vivido ahí, más joven. Todas han tenido algo especial, por sus escenarios, por el público”, le contó a este cronista para el portal Ecos, hace dos años.

María Noel desarrolló su carrera en el American Ballet Theatre de Nueva York y llegó a bailar en el Bolshói ruso, el mismo sitio emblemático donde en 2017 fue agasajada con el mayor premio al que un bailarín puede aspirar.

La idea del regreso se dio a partir de la llegada del argentino Bocca como director artístico del Ballet Nacional del Sodre. Desde su asunción en 2010, Bocca prometió revitalizar al elenco estatal para dotarlo de un nivel internacional. Y un día tentó a María, a quien había conocido en el American Ballet tiempo atrás. “Yo no había pensado jamás en volver a Uruguay a bailar. Eventualmente sí venirme después del retiro, a una casita en la playa, reposera, re tranqui, a los 60 años. Pero vi todo lo que estaba haciendo y me empezó a picar el bichito. Y él me decía: ‘Vos tenés que esperar, porque yo no sé cuánto voy a aguantar acá, no sé si va a funcionar’. Y si me la jugaba, dejaba de estar en las primeras ligas”, se confiesa.

Lo meditó dos años, mientras veía que Bocca dejaba una huella en la cultura uruguaya. “Yo venía y hacía algunas funciones, y me volvía para Estados Unidos. Él me contaba las cosas que podían llegar a pasar, los ballets que podía llegar a traer. Y en determinado momento dije: ‘Pah, me interesa…Mirá todo lo que está haciendo este tipo’”. Y fue así que después de un café concertado en Nueva York, un día se animó a aceptar la invitación de ser la primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre de su país y dejar las “grandes ligas”.

El anuncio del final. María Noel dice que en el mundo del ballet se estila anunciar el retiro de una artista con varios meses de antelación, para que la gente sepa que serán sus últimas actuaciones y vayan a disfrutarlos antes del alejamiento. Fue así que con la complicidad del vizcaíno Igor Yebra, actual director del BNS, decidieron anunciar el retiro de la Riccetto previsto para diciembre. Pero antes de “Manón” se perdió “Carmina Burana” (por una lesión en un pie), pero llegarán “La Sylphide” -fue el primer ballet que bailó en su regreso al país-, “Una gala francesa” en junio, que surgió como acompañamiento de la exposición de Picasso en el Museo de Artes Visuales de Montevideo, luego bailará “Onegin”, el título por el que ganó el premio Benois de la Danse en 2017 y finalmente, en diciembre, su amada “Manón”. “Son pocas compañías las que tienen a ‘Manón’. Es divina, una historia súper dramática, desgarradora, que es lo que me gusta bailar a mí. Los dúos son increíbles, es la misma versión de ‘Romeo y Julieta’ que nosotros tenemos en el BNS”.

Hace un año, María Noel Riccetto se ilusionó cuando su nombre sonaba para la dirección artística del BNS como reemplazo de Bocca, su gran referente. Decisiones políticas desde el Ministerio de Educación y Cultura terminaron con la nominación del español Yebra. Pero antes de eso, cuando la prensa manejaba el nombre de Riccetto, ella llegó a planificar una jornada a doble turno, para el caso de tener que asumir el desafío. “Para mí hubiera sido un desafío enorme, y me encantan los desafíos. Era onda: ‘No me digan lo que no puedo hacer’. No sin antes intentarlo, al menos. La razón por la que no agarré fue porque mi propuesta era ambiciosa: yo quería seguir bailando y dirigir. Y hacer las dos cosas en una estructura como el Sodre era complicado. Pero yo tenía mi agenda hecha: de tal hora a tal hora en el salón, armar un equipo en el que confiar, después ensayar y bailar. Fueron meses que me dediqué a pensar y evaluar, y no se terminó dando”.

Mientras se recupera de la lesión y aprovecha a seguir de cerca el funcionamiento de su academia de danza, la Riccetto ya hace listas con las cosas que tiene pensado hacer a partir de 2020: dormir más es una, comprarse una tele más grande y retomar el Secundario ya están anotadas. Y por estos días ultima detalles para una despedida súper especial de los escenarios -más allá de “Manón”- con detalles que no se anima a adelantar, porque serán “sorpresa”. Será -esa sí- la despedida de la artista que recoge el mismo cariño por los uruguayos que Suárez y Cavani.

Antes de terminar, María dudó algunos segundos antes de contestar la última pregunta:

Noticias: ¿Cómo podrías definir lo que ha sido tu carrera?

María Noel Riccetto: Una vida. Ha sido como un motor. Me ha hecho lo que soy, ¿no?.