CIENCIA | 21-02-2020 17:12

Las lecciones que dejó un drama evitable

Luego de la muerte de la periodista y legisladora, el miedo redujo la realización de este tipo de procedimientos hasta en un 40%. Ahora, se busca mejorar seguridad y calidad de los estudios. El gran objetivo: detectar tempranamente el cáncer de colon.

El 6 de febrero del 2018 moría la periodista Débora Pérez Volpin mientras se le realizaba un endoscopía digestiva, tras presentar dolor abdominal. Ese día, algo cambió en la salud de los argentinos: en el año que le siguió a ese acontecimiento traumático, la cantidad de personas que accedieron a practicarse endoscopías se redujo en entre un 25% y un 50%, tanto en hospitales como en clínicas y centros de medicina privada. La consecuencia de esta baja, causada por el temor generalizado, es que también disminuyó la realización de colonoscopías, endoscopías de colon y recto que permiten detectar tempranamente la presencia de lesiones capaces de degenerar, con el paso de los años, en cáncer
“El cáncer de colon es el tercero en incidencia en el país, y se detectan aproximadamente 13.000 casos nuevos por año. La mortalidad llega a los 7.000 pacientes durante ese período”, explica Rafael Escobar Fernández, presidente de la ENDIBA, Endoscopistas Digestivos de Buenos Aires. El hallazgo de cáncer de colon hoy en la Argentina se produce en entre un 60% a un 63% de las veces, en estadios 3 y 4, es decir, avanzados. 
Nos falta mucho por hacer respecto a la detección temprana –describe-. Porque de los casos que detectamos, dos tercios son advertidos cuando la tasa de sobrevida es de cinco años. Apenas descubrimos a un tercio de los pacientes en estadíos tempranos, 1 y 2, cuando la sobrevida es de entre el 85% y el 93%”. 
Y advierte: “Es decir que estamos hablando de dos mundos totalmente diferentes y por eso mismo es que precisamos apuntar a que las personas de 50 años y más concurran a hacerse los estudios y tener un diagnóstico, ya sea por colonoscopía o por sangre oculta”. 
Para los expertos, que la población mayor de esa edad concurra a hacerse las pruebas es importante porque el cáncer de colon es una enfermedad prevenible a través de la búsqueda de sus lesiones precursoras, los pólipos adenomatosos. Como se trata de un trastorno de progreso lento, desde que un pólipo se forma y hasta que se transforma en un adenoma carcinoma (es decir, en un tumor maligno), pueden transcurrir alrededor de 15 años. Si la persona, a partir de los 50 años, se realiza colonoscopías periódicas siguiendo los intervalos que le aconseje el especialista, las posibilidades de detectar y extraer esas lesiones potencialmente cancerosas es mayor. ¿Por qué a partir de los 50 años? Porque el proceso mismo de envejecimiento celular es lo que aumenta el riesgo.


El retorno

Pasados ya dos años desde el impacto del fallecimiento de Pérez Volpin, la vuelta a las salas para realizarse endoscopías fue retomando su ritmo normal, lentamente, aunque todavía falta. Eso es lo que preocupa a los especialistas: la cantidad de personas que no han acudido aún en estos dos años a hacerse sus estudios, cuando ya es momento de hacérselos. 
“La premisa fundamental es que esas personas recuperen de alguna manera la confianza y eso es algo en lo que estamos trabajando las sociedades científicas para que los pacientes vuelvan a acercarse a una colonoscopia segura y de calidad”, afirma Escobar Fernández, también jefe de servicio del hospital Julio Méndez.
A lo que más temor le tienen las personas es a la endoscopía digestiva alta, que permite analizar estómago, esófago y duodeno. Expresan temores acerca de cuáles son las complicaciones posibles, con qué frecuencia ocurren. Le preguntan a los gastroenterólogos endoscopistas si alguna vez se vieron en la situación de tener que sortear alguna complicación. 
Noticias: ¿Qué hace usted cuando le preguntan eso?
Rafael Escobar Fernández: Decirles la verdad. Y es que hay complicaciones que pueden ocurrir. Por ejemplo, que sobrevenga una hemorragia,  sobre todo en pacientes a los que uno les reseca o extrae una lesión precursora del cáncer. Aunque los pólipos son superficiales y entonces los cortes no afectan a las arterias y a las venas profundas, esto puede suceder, y entonces se produce un sangrado. Si sucede el médico debe volver a ingresar a la zona y tratar la pérdida de sangre, para lo que dispone de varios métodos. También puede haber una perforación. En general el aumento de riesgo se da en pacientes que tienen una patología previa, como diverticulitis, con cirugías abdominales previas, añosos. De todos modos, estos riesgos se limitan a entre el 2 al 3% en el caso de los sangrados. Pero sí, hay que tenerlos en cuenta y los pacientes tienen que saber antes que tal cosa puede ocurrir, es mandatorio que se les informe.
Noticias: ¿Y qué sucede en los casos de la endoscopía digestiva alta?
Escobar Fernández: El riesgo es muy bajo, prácticamente despreciable, al punto de que se constituye en un estudio muy seguro, más de lo que puede ser una colonoscopía con fines terapéuticos. Sin embargo, es a lo que más le teme la gente, debido a la repercusión del caso Pérez Volpin. 
Noticias: ¿El temor a la anestesia ya no es el miedo mayor?
Escobar Fernández: Cambió un poco el foco del temor. Históricamente era el de la anestesia y ahora aparecen más los miedos al procedimiento en sí mismo. Las anestesias modernas son muy seguras en general, los efectos adversos que pueden aparecer son de leves a moderados, como caídas de presión o de taquicardias, que se controlan durante el procedimiento. 
Conciencia y precauciones.Pese al primer cimbronazo, el drama aceleró la toma de conciencia y una serie de acciones y medidas para mejorar tanto la seguridad como la calidad en la realización de endoscopías y colonoscopías. A fines de marzo del 2019 fueron publicadas en el Boletín Oficial las "Directrices de Organización y Funcionamiento de Unidades y Servicios de Endoscopía Digestiva", que previamente tuvo un par de años de trabajo conjunto entre siete sociedades profesionales y el Ministerio de Salud de la Nación. 
No se trata de un documento reglamentario, sino de uno que describe recomendaciones para llevar a cabo procedimientos seguros, y fue el primer paso hacia un cambio de paradigma en la endoscopía digestiva dentro de la Argentina. Hoy en el país  hay algunas carreras universitarias en tres centros, con poco volumen de profesionales, y algunas residencias que entrenan a los médicos en la realización de endoscopías. 
“En general, tres años de residencia en gastroenterología hacen que uno pueda salir con la idoneidad necesaria para hacer los procedimientos terapéuticos y diagnósticos básicos de cualquier endoscopía”, explica el presidente de ENDIBA. 
Ahora la Sociedad Argentina de Gastroenterología, la de endoscopistas digestivos de Buenos Aires, la Sociedad Argentina de Cirugía y la Federación Argentina de Asociaciones de Endoscopía Digestiva están tratando de arbitrar los medios para definir cuál es la competencia requerida para acreditar a un endoscopista como tal. El objetivo es, luego, trabajarlo con el Ministerio de Salud. 
Otro aspecto que cambió en estos dos años es que centros donde se realizan endoscopías están solicitando acreditaciones de calidad, y pidiendo a las sociedades científicas que supervisen el correcto funcionamiento del equipamiento, del uso y descarte de los materiales, e incluso que analicen la calidad en aspectos vinculados con lo edilicio. 
Hay un cambio de mirada respecto de lo que hacemos y de cómo lo hacemos, poseemos criterios más críticos sobre todo el proceso. También en lo referente a cuál es el fin de hacer estudios, con qué indicaciones. En resumen, durante este tiempo se revisó todo lo que se relaciona con el ámbito de las endoscopías. A veces trabajamos en condiciones que no son para nada favorables –admite Escobar Fernández-. Esto provocó que los profesionales se vuelquen más a las sociedades científicas buscando un mayor grado de entrenamiento y más seguridad en los centros en los que se realizan los estudios. Se han abierto las puertas para que vayamos a ver qué es lo que ocurre y se han solicitado acreditaciones para mejorar seguridad y calidad de los procedimientos”. 

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Andrea Gentil

Andrea Gentil

Editora de Ciencia, Medicina y Tecnología. Coordinadora carrera de Comunicación Digital, UNaB.

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