lunes, noviembre 18, 2019

CULTURA | 27-12-2018 13:53

Museo Fortabat: cómo se renovó la Colección Amalita

El edificio de Puerto Madero que alberga el patrimonio de la empresaria se reinventa con nuevo relato. Las estrellas de la exhibición.

El décimo aniversario de Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat es celebrado con una renovada exhibición de su patrimonio, con la inauguración de una nueva sala, el anuncio de publicaciones y premios y una nueva edición del programa “Explorando la colección”. En la búsqueda de crear una mayor cercanía con el público, el nuevo logo -realizado por un estudio australiano de diseño- dice simplemente Colección Amalita, tal como se la conocía a Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1921-2012).

Las obras y el edificio -diseñado por Rafael Viñoly- pertenecen a los herederos de la empresaria y están cedidas en comodato por Fundación Amalia Lacroze de Fortabat, responsable del Museo; Bárbara Bengolea preside el Consejo de Administración y la vicepresidente es Amalia Amoedo.

Nueva visión. El reconocido crítico Marcelo Pacheco imaginó el nuevo relato curatorial de la Colección permanente desplegando 180 piezas, a partir de un conjunto tan rico como ecléctico; el acervo de este museo privado -cuyo director artístico es Germán Barraza- se constituyó a partir del gusto personal de su fundadora. El primer subsuelo alberga el arte internacional.

El retrato que Amalita le encomendó a Andy Warhol en 1982 recibe a los visitantes; como era su costumbre, el afamado artista la retrató a partir de fotos Polaroid que tomó él mismo. En ese sector brillan las pinturas de J. M. William Turner (“Julieta y su niñera”, radiante vista de Venecia de 1936), del artista flamenco del siglo XVII Pieter Brueghel el Joven (“El censo en Belén”, magnífica composición con la llegada de María y José a Belén en la víspera del nacimiento de Jesús) y Marc Chagall (“Bouquet de Printemps”, c. 1966-67, colorida obra de uno de los padres del modernismo), entre otras; hay un sector especial con objetos griegos y esculturas y relieves egipcios.

(Leer también: Turner en Argentina: el lenguaje de la luz)

En el segundo subsuelo, Pacheco desplegó con inteligencia el arte argentino, incluso con la incorporación de obras jamás exhibidas como “Ramona espera” de Antonio Berni y “David fragmentándose” de Marta Minujin en el exterior. Berni es uno de los artistas más representados aquí, también con “Domingo en la chacra o El almuerzo”, 1945-1971, cuadro de gran tamaño (210 x 400 cm.) pintado sobre arpillera en 1945 y modificado por el artista en 1971. El ensayo sobre esta pintura, con firma del historiador Roberto Amigo, será el segundo volumen de una serie dirigida por Amigo, con coordinación editorial de Patricia Carames; el primero es el estudio de Gabriel Peluffo Linares sobre “La Cautiva” de Juan Manuel Blanes.

La hipótesis de trabajo de Pacheco acerca del arte argentino del siglo XX, que es el período exhibido, es que “estuvo marcado por luchas y enfrentamientos entre dos sectores que buscaban ocupar la posición de dominio en el campo artístico con su correlato en el campo de poder. Se trataba básicamente de las batallas que se daban entre los artistas tradicionales y los renovadores. Este tipo de dualidad no fue un fenómeno propio de lo local sino un comportamiento de la escena artística visible desde los inicios de la modernidad en París, alrededor del 1800. (…) A esta tensión madre entre tradicionales y renovadores se suman otro tipo de contradicciones que enfrentan a las obras, que a veces son motivos de choques adicionales y otras atracciones para crear sectores de sentidos reconocibles en sus armados…”. En un notable trabajo de curaduría, Pacheco cumple con lo esbozado en su texto de presentación.

El curador elige presentar la colección a partir de siete piezas del siglo XIX, para luego comenzar con los años 1900 a 1920, donde incluye pinturas de, entre otros, Fernando Fader del grupo Nexus integrado también por Collivadino, Ripamonte, Bernaldo de Quirós, aquí también en exhibición. Los años ‘20 están representados por Lacámera, Spilimbergo, Figari, Xul Solar y Pettoruti mientras que en los ‘30 agrega a Raquel Forner -y más-, que ya conocía las sutilezas del arte moderno. Berni primero aparece en el segmento de la década del ‘40 junto a Centurión, Victorica, Castagnino y Lozza. Dos arlequines de Emilio Pettoruti de la década del ‘50 figuran junto a Russo, Batlle Planas, Presas y Soldi. Obras de Deira, Macció, C. Alonso, De la Vega, Kemble, Polesello y Kosice reflejan los pródigos años ‘60. En las décadas de 1970 a 1990, el curador suma a Aizenberg, Bonevardi, Mac Entyre, Benedit, Porter, Noé, Paksa, Gorriarena, Testa y Prior.

Otros proyectos. Colección Amalita rinde homenaje al nieto de su fundadora, Alejandro Bengolea (fallecido en 2015 a los 50 años), destinando un espacio en el primer subsuelo. Con curaduría también de Pacheco, en Sala Alejandro Bengolea se exhiben 30 obras de la colección del empresario. Piezas de Bony, Heredia, Greco, Kacero, Kuitca, Kuropatwa, Pombo, Siquier, Gordín, Norberto Gómez, Pablo Suárez y otros, recorren el arte argentino de las décadas de los ‘60 y ‘90.

En el primer piso, el curador Rodrigo Alonso organizó la muestra temporaria “Premios Fortabat. 1984-1999”, interesante repaso de un galardón que regresa con importantes premios para mayores y jóvenes; inscripción www.colecciónfortabat.org.ar a partir del 2/1 y hasta el 28/4/2019. En el segundo piso, el programa Explorando la colección exhibe el diálogo, curado por Gabriela Francone, entre Mildred Burton (con obras del museo) y Luciana Rondolini, donde se destaca en ambas el virtuosismo y la irrupción de lo inesperado.

por Victoria Verlichak

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