Martes 7 de abril, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 13-03-2020 10:15

En la semana del Coronavirus, el cristinismo se vacuna contra el Lawfare

La Vicepresidenta y su tropa en el Senado atacaron por varios frentes el flagelo que los preocupa: la agenda judicial.

En las últimas horas, el 99,9 por ciento de los argentinos alteraron sus agendas, distraídos por la pandemia del Coronavirus, pero solo una persona y su entorno más cercano mantuvieron firme el foco en su objetivo principal. Cristina Fernández de Kirchner no perdió tiempo con el alcohol en gel ni los barbijos, y comandó a su tropa más fiel para combatir durante toda la semana la única plaga que la preocupa en serio: el Lawfare.

Mientras sondeaba en privado a Alberto Fernández y a la ministra de Justicia Marcela Losardo, para monitorear el proyecto de reforma judicial que presentará el Gobierno, la Vicepresidenta impulsó en el Senado (su nuevo búnker político) dos ataques quirúrgicos contra la corporación judicial a la que necesita disciplinar, o al menos ablandar, para que la familia Kirchner quede libre de culpa y cargo en las causas pendientes de resolución.

El primer cañonazo fue el martes 10, cuando el kirchnerismo puso en marcha, en el plenario de la comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, el pedido de intervención a la Justicia jujeña, con la mira puesta en la liberación de Milagro Sala. Aunque el Presidente comparte públicamente el espíritu de la campaña a favor de la líder de la Tupac Amaru, se sintió obligado a aclarar que no está detrás del proyecto de intervención judicial, que fue defendido esta semana por figuras cristinistas emblemáticas como la senadora Anabel Fernández Sagasti y el senador Marcelo Parrilli.

El segundo cañonazo tronó ayer jueves, también en el Senado, bajo la mirada atenta de Cristina Fernández, quien presidió la sesión donde se aprobó la ley de reforma de jubilaciones de privilegio, que ya está generando vacantes en el organigrama judicial, principal objetivo no asumido de la iniciativa. Fue notable ver cómo, durante la tarde del jueves en que se declaró la pandemia del Coronavirus, en el recinto parlamentario se observaba una cuarentena militante referida a la peste judicial que el cristinismo se ocupa de fumigar día tras día, mientras el Presidente se ocupa de los otros problemas del país.

Más que nunca, esta semana quedó clara la división del trabajo pautada entre la Vicepresidenta y su Presidente. Ella garantiza que la lucha contra el Lawfare no decaiga ni un día, mientras a Alberto Fernández le quedan las cuestiones más urgentes de la Argentina, como la renegociación de la deuda, la reactivación económica, la lucha contra el hambre y la inflación, y ahora el virus que tiene en vilo a todos los jefes de Estado del planeta.

Cristina rompe así con la tradición de los vices, que suelen acompañar con gestos públicos las acciones principales de sus jefes. Acá es al revés: Alberto se enfrenta solo con los temas calientes que preocupan a las mayorías, y al mismo tiempo apoya (incluso con un curioso apoyo crítico) el eje fundamental de la agenda cristinista, obsesionada con el futuro de Comodoro Py. Si bien esa división del trabajo puede resultar eficaz para solucionar los problemas personales de muchos kirchneristas, queda por ver si, al cabo de los meses arduos que vienen, el esquema no termina desgastando más de la cuenta la autoridad presidencial. Y contra eso sí que no se inventó ninguna vacuna.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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