Vivimos y trabajamos en un mundo donde parece que la eficacia requiere que los seres humanos no sean vulnerables. La pandemia nos ha mostrado que somos seres humanos con emociones, pero somos analfabetos para leerlas en nuestro cuerpo, poder nombrarlas, y mucho menos identificarlas en los otros. Pertenecemos a generaciones que han fomentado el ocultamiento de las reacciones que la energía de las emociones provoca, ya que "desordenan la normalidad". En realidad, el desborde se produce al no saber qué hacer con esas sensaciones desconocidas, que inquietan y no queremos seguir sintiendo. Ante eso desconocido, muchas veces aparece la pastilla mágica que oculta la sensación.
Como adultos responsables de lo que generamos con nuestras emociones no gestionadas en nuestros ambientes, se hace urgente aprender a identificar cómo se manifiesta en mí el estrés, la ansiedad, la tristeza que llamamos frustración, y cómo manejar esa energía para poder habilitar en el equipo (familia, pareja, compañeros de trabajo, pares) el hablar de cómo nos sentimos ante estas sensaciones displacenteras. No hay emociones buenas ni malas, solo placenteras y displacenteras, para mejorar el manejo de la incertidumbre, la confianza y la certeza de que somos un equipo y estamos juntos en esto.
A través de nuestras formaciones, hemos sido testigos de transformaciones sorprendentes en aquellos que han invertido tiempo y esfuerzo en explorar y aprender sobre sus emociones. Además, nos han relatado los cambios en la dinámica de los equipos liderados al haberse atrevido a poner el tema de las emociones en reuniones y desayunos semanales para poder poner en común las vivencias que hasta allí se ocultaban. Lo que vamos registrando nos reafirma que mejora la comunicación, se anticipa el conflicto, la pertenencia y el compromiso.
Asistimos a un cambio necesario en el liderazgo, lo demuestra para nosotros que cada vez más cursantes eligen para planificar la transformación de sus equipos empezar por la inteligencia emocional. En la cohorte que terminó en diciembre, una cursante desarrolló una planificación desde la inteligencia emocional para fomentar el bienestar del equipo, promoviendo la diversidad y la inclusión. En esta última cohorte, otra cursante desarrolló una capacitación sobre reconocimiento de emociones, gestión e impacto en el ambiente para abordarla en 15 minutos de las reuniones que tienen pautadas con el equipo. Estas planificaciones ya están puestas en marcha. Están elaborando una sobre cómo empatizar con el coequiper en la gestión del sector, ya que se incorporará una persona nueva, y otra sobre la incorporación del bienestar emocional en la evaluación organizacional. Estas realidades nos han inspirado a desarrollar un Programa de Inmersión en Inteligencia emocional y bienestar de la salud mental. En estos días habrá novedades en nuestras redes
A manera de conclusión, animarse a alfabetizarse en emociones es la mejor inversión que podemos realizar para mejorar nuestro desarrollo personal y su impacto en los ambientes donde interactuamos. Como promotores del liderazgo consciente, sabemos que gestionando nuestras emociones, todos juntos podemos más.
Instagram: Karina Bressan facilitadora
LinkedIn: Karina Bressan
Web: https://academiakoruliderazgo.com/
por CEDOC














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