NOTICIAS URUGUAY | 05-02-2019 11:48

Todos quieren ir al centro

A quién le conviene cruzarse con quién, qué alianzas pueden darse de acá a junio, quién se bajará, quién es una incógnita y quién tiene las de ganar.

En el centro está el Santo Grial, el dulce que todos quieren, el botín electoral a conquistar, desde comunistas a socialdemócratas o liberales. En el centro viven los indecisos, y los candidatos lo saben.

Al terminar el año y como antesala de un año electoral, los analistas políticos dicen que, para la gente, la campaña todavía no empezó. Los candidatos -ya definidos- sí empezaron a recorrer el país, a dar discursos con cartelería y jingles en mítines de Montevideo y el interior, pero la gente todavía no quiere saber nada con adelantar el clima electoral. “La gente todavía no está con el chip de la campaña. Lo sabemos porque los queremos encuestar y te dicen ‘no embromes’, no quieren saber nada con meterse en clima electoral a un año de las elecciones”, dijo a NOTICIAS Mariana Pomiés, socióloga y directora de Cifra.

En rigor faltan seis meses para el primer peaje, las elecciones internas de cada partido, y diez para la primera vuelta de las elecciones nacionales. Para las agrupaciones el partido ya empezó a jugarse.

Oficialismo en problemas. Politólogos, sociólogos y encuestadores coinciden en algo: la decisión del Ple­nario del Frente Amplio (FA) de inhabilitar a Raúl Sendic y Leonardo De León hasta mayo de 2020 llega tarde cuando gran parte del daño está hecho, pero al menos llegó. Otro habría sido el cantar si no los hubiesen sancionado, ahí sí que la sangría de votantes frenteamplistas se habría ampliado y hubiera comprometido seriamente sus chances electorales. Con la inhabilitación de ambos -el excanciller Almagro, finalmente expulsado del FA, no era una papa caliente en la interna-, el panorama mejora un tris. O como dice el politólogo Daniel Chasquetti, el FA “hizo los deberes”.

“La interna del FA no será sangrienta”, dice Po­miés. Daniel Martínez pica en punta como claro favorito y Caro­lina Cosse lo sigue, por ahora, de lejos. Se puede llegar a convertir en una amenaza si el apoyo del MPP a su candidatura se transforma en una militancia comprometida y no un mero saludo a la bandera. Pero nadie sabe qué tan elocuente  será ese apoyo porque una cosa es la estructura del MPP cuando está Mujica en carrera y otra cosa es sin el Pepe. En este punto, Chasquetti hace una autocrítica: “La mayoría de los analistas hemos sobredimensiona­do el papel del MPP, porque usamos el argumento de su peso cuando vo­ta bien, pero los desechamos cuando tenemos que explicar que votó mal, como en las pasadas elecciones de­partamentales (con Lucía Topolans­ky como candidata a intendenta). La variable es Mujica candidato; cuando no lo es, la cosa cambia”.

Habrá que ver con qué éxito el MPP logra convencer a sus votantes de que adhieran a Cosse. Por lo pronto, la actual ministra de Industria no parece comulgar mucho con el perfil del votante mujiquista. “Yo la veo muy distinta. El MPP es mucho pragmatismo y flexibilidad, Cosse es más bien doctrinaria, técnica, rígida. El votante del MPP es pura emoción, es pasional, ella es chip, es robótica”, resume el politólogo Adolfo Garcé.

Los otros dos candidatos del oficia­lismo, se sabe, no tienen chance de ganar las internas. Pero, seguramente, no peleen esta carrera con ese objetivo, sino con el de fortalecer su nombre de cara a formar una agrupación propia con mayor peso en el futuro. Chasquetti cree que tanto Óscar An­drade como Mario Bergara parecen estar copiando el buen ejemplo de Constanza Moreira en 2014: se presentó contra Vázquez a sabiendas de que perdería, pero fortaleció su figu­ra y su movimiento propio, y así llegó fácilmente a una banca en el Senado. Algo de eso pueden estar buscando Andrade y Bergara. El primero cuenta con todo el respaldo del Partido Comunista (PCU), su experiencia en el Sunca y hasta su pasaje por la TV como panelista de Todas las Voces. El segundo, claramente más a la intemperie, sin estructura, pero con mucho para ganar: si vota bien, pondrá en riesgo la vigencia del Frente Líber Seregni, y puede que conquiste a estos votantes de izquierda moderada.

Martínez ya está donde todos quie­ren estar: en el centro o la centroiz­quierda, en todo caso. Pero, a juicio de Garcé, está asumiendo una conducta peligrosa: criticando a su propio Gobierno y desmarcándose de las posturas de esta administración de Vázquez. Sin ir más lejos, ya avisó en la interna que no lo tomen a mal, pero que algún “palito” al Gobierno le iba a pegar, y acto seguido pidió la sanción a Sendic y criticó la gestión de Bonomi en el Ministerio del Interior. “Ahora, el votante del FA dirá: ‘entonces tienen razón Lacalle Pou y todos los de la oposición. ¿Para qué voy a votar a Martínez, si está criticando a su gobierno?’”, razona Garcé. Es lo que él llama una campaña “Por la Negativa”.

Con un discurso que todavía no enamora, pero un lenguaje juvenil y descontracturado, Martínez seguirá siendo “catch-all” y querrá tener en frente a Jorge Larrañaga, más que a Luis Lacalle Pou, con quien -a juicio de Garcé- cada vez se parecen más. “Hay un proceso de simbiosis entre Martínez y Lacalle Pou: Lacalle Pou está cada vez más viejo, hasta patas de gallo tiene en los afiches, y Martí­nez parece cada vez más joven”, dice Garcé. Los dos tienen discursos centristas y moderados, y el duelo Martínez-Lacalle Pou -que se prevé hoy- para noviembre, será el más parejo y de reñida definición. Ambos están donde el electorado fuerte y los indecisos están: en el centro.

Los blancos, los retadores. Las encuestan dan un favoritismo tan claro de Luis Lacalle Pou en la in­terna blanca, que muchos dicen que está con la cabeza en octubre. Pero cinco años antes, el favorito era Jorge Larrañaga y Lacalle Pou le arrebató el primer lugar en las últimas dos semanas. Cuando se le recordó esta instancia al líder de Todos en entrevista con NOTICIAS, contestó con una frase de su asesor Pablo Da Silveira: “Vamos a prepararnos como si fué­ramos a ganar, y a trabajar como si fuéramos perdiendo”.

Eduardo Bottinelli, de la consul­tora Factum, aseguró que Lacalle Pou se lleva dos terceras partes de los votos a la interna nacionalista y esto representa un 22% de todos los uruguayos. “Está despegado”, dijo. Tanto, que para Chasquetti “es, de todos los candidatos posibles, el que tiene más chances de ser presidente de la República”.

Larrañaga aumentó algunos puntos a caballo de su iniciativa de reforma constitucional, la campaña “Vivir Sin Miedo”. El líder de Alianza Nacional anunció el 15 de diciembre que ya había alcanzado las 300 mil firmas que se le exigía para convocar a un plebiscito (en rigor dijo tener más de 370 mil). Pero, dicen los analistas, este éxito parcial no necesariamente indica que quienes acompañen su iniciativa luego le den el voto en las elecciones. Hasta el anuncio de su campaña, Larrañaga no lograba hacer pie con algún diferencial en la interna y esto le permitió formar una estructura en todo el país que bien útil le será para la campaña de su sector.

El senador sanducero era más visto como de centro o moderado hasta su campaña por la seguridad, que incluye la suma de militares en la tarea de la seguridad interna y cadena perpetua revisable. Desde entonces se “derechi­zó”, dicen, y logró una empatía con muchos uruguayos que se sentían inseguros y descontentos con la ges­tión del ministro Bonomi. Pero resulta improbable que amenace el liderazgo de Lacalle Pou, quien ya se presenta como un candidato cantado de cara a octubre y noviembre.

Lacalle Pou otea la cancha para­do en el centro, donde todos quieren estar. Larrañaga se corrió un poco a la derecha para aprovechar la sensa­ción de inseguridad de gran parte de la opinión pública. Al líder de Todos le resultará más cómodo enfrentar posiciones extremas de un candida­to del FA que llegar a un duelo con Martínez. Larrañaga, en cambio, al haberse corrido hacia la derecha, ya saldrá airoso con sólo pasar la interna y jugará cómodo contra el oficialismo.

Bottinelli no cree que todos los can­didatos de la interna blanca lleguen a junio. Presume que Verónica Alonso -quien coqueteó con Antía y Sartori- puede llegar a tejer alianzas, si le ase­guran un sillón en el Senado.

Mejor País —o "el grupo de los in­tendentes" liderado por Enrique An­tía— es fuerte en varios departamen­tos del interior (Maldonado, Cerro Largo, Treinta y Tres, Tacuarembó, de donde provienen los intendentes blancos), pero no así en otros (Salto, Paysandú, Rio Negro, Soriano, Rive­ra o Artigas), tiene escasa fuerza en Montevideo (allí está Pablo Iturralde) y casi nula en Canelones. Pero intentan hacer gala de una ejecutividad, por su experiencia como jefes departamen­tales que tienen que gestionar todos los días, en detrimento de una Alonso que ha cumplido un rol de legisladora.

El millonario Juan Sartori es, para todos, una incógnita, una incertidum­bre que no termina de develarse por más emotivo que haya sido su lan­zamiento en el Teatro Metro. No dice qué cambios haría en un eventual gobierno suyo, se muestra solo y pide tiempo para anunciar a sus asesores técnicos o alguna idea madre de campaña. “Da la impresión de que desconoce el sis­tema político uruguayo y la importan­cia que tiene mostrarse con un equipo técnico atrás”, dice la sociólo­ga Ma­riana Po­miés.

Para peor, su único comentario audaz -le dijo a La Diaria que la búsqueda de desaparecidos no es prioridad y es un tema ideológico “cada vez menos relevante”- ya le valió cuestiona­mientos y un rezongo de la presidenta del directorio del Partido Nacional, Beatriz Argimón.

De momento se pudo ver que bus­ca “uruguayizarse” mostrando fotos con cuidacoches, gente de campo y trabajadores de Piedras Blancas. Los analistas dicen estar desconcertados y no saber qué busca realmente. Fito Garcé lo llama “el experimento Sartori: consiste en demostrar cuánto importa el dinero en Uruguay”.

Oscar Costa, un exmilitar que apuntala la candidatura de Sartori, dijo a NOTICIAS que se tienen fe para ganar la interna y luego las elecciones nacionales en primera vuelta. “¿En serio dijo eso? Es un delirio. Están mal asesorados”, opinó Bottinelli.

Algo parecido expresó el expresi­dente Mujica cuando explicó de dónde conocía a Sartori y qué diálogo había tenido con él: “Hablé dos veces en mi vida, una cuando puso una empresa y vino a saludarme, cuando yo era presidente. Otra en el norte de Italia. Me cayó un día y me fue a ver como politólogo: me preguntó qué me parecía, que le habían ofrecido partici­par en una agrupación del Partido Nacional. Y yo le dije: ‘está bien, si a usted le gusta, me parece bárbaro’. El hombre no me dijo que se iba a tirar a presidente. Si me hubiera dicho que se iba a tirar como candidato a presi­dente, le hubiera dicho: ‘mire señor, usted está loco’”.

Los analistas consultados compar­ten esa postura. Llegar último a una instancia electoral, sin experiencia ni militancia previa en un partido histórico, fuerte y sólido como el Par­tido Nacional, sin estructura ni equi­pos armados ni ideología definida, en Uruguay no. La política uruguaya no funciona así. No siempre billetera gana votos.

La revolución de Sanguinetti. Para Garcé, profesor del Instituto de Ciencias Políticas, hablar de “revolu­ción” es temerario, por lo temprano; “sorpresivo” sí le pareció más acer­tado. Pero según Eduardo Bottinelli, la irrupción del dos veces presidente Julio María Sanguinetti en la arena política llevó a que su partido pasa­ra del 7 al 16%, y por eso habla de “revolución”. Ernesto Talvi, a su entender, explica dos puntos porcen­tuales, no más. Lo que pintaba para ser la peor votación del Partido Co­lorado en su historia, pasó a ser un florecimiento del partido fundacional del país, y de la mano de un hombre que en enero cumplirá 83 años. Haciendo pe­sar su conocida buena oratoria y su imagen de estadista, Sanguinetti salió al ruedo para dar una mano, sin saber que había un público cautivo que lo estaba esperando. Todos los consultados coinciden en que hubieran jurado que a su edad ya no se presentaría, pero aho­ra creen que liderará el sector Batllistas en la lista.

Y todo por el desprecio del novato en política, el economista Talvi, quien decidió prescindir de la estructura del ex líder del Foro Batllista para recorrer un camino sin ataduras. Para Bot­tinelli, la negativa de Talvi a aceptar la adhesión de Sanguinetti fue “un error garrafal”. “Lo digo en términos de rendimiento electoral. Lo hizo por convencimiento, entonces está dis­puesto a sacrificar eso electoralmente y despreciar a todo el aparato sangui­nettista. Pero con eso consiguió dos cosas: lo estrictamente electoral en su contra y la reacción de los otros, que estaban con Sanguinetti y dijeron: epa, ¿éste nos quiere dejar afuera?”.

La visión de Garcé, en cambio, es totalmente distinta. Para él es buena cosa que Talvi haya asumido el riesgo de no aceptar el apoyo de Sanguinetti y su sector. “Habla bien de él: querer hacer su propio camino, animarse a tomar el camino más largo, capaz que no le sale bien pero es una buena for­ma de hacer política”, dijo.

Habrá que ver si Sanguinetti fi­nalmente decide postularse como precandidato, pero no será buscan­do un tercer mandato sino brindarle un espaldarazo al Partido Colorado, que estaba moribundo tras el aleja­miento de Pedro Bordaberry, y ahora parece cobrar nuevos bríos. Talvi, por su parte, se nota preocupado por diferenciarse de Sanguinetti y dejar en claro que la renovación es él, a pesar de los 61 años de la cédula.

La candidatura de José Amorín Batlle parece meramente figurativa, y en busca de conservar su lugar en el Parlamento, poco más. No logra ser atractivo para los colorados.

El fiel de la balanza. El derechista Partido de la Gente y la nueva coali­ción de centroizquierda La Alternativa se disputan el rol del “partido bisagra”, el que termine definiendo las cosas en el Parlamento. Sin elec­ciones internas -Ed­gardo Novick será candidato por el primero y Pa­blo Mieres en el segundo-, procuran ser el termómetro de un Pa­lacio Le­gislativo que no tendrá un par­tido con mayoría parla­menta­ria. Eso sí, se po­sicionan en lugares distintos y apelan a públicos total­mente diferentes.

A Mieres le convendría enfrentar a rivales extremos (Andrade o Larra­ñaga). Mieres podría perfectamente estar en un mismo partido con Talvi, por ejemplo, pero Fernando Amado no comulga con Talvi (por algo se fue del Partido Colorado) y Talvi no se aliaría con Esteban Valenti, por ejemplo. Ade­más, mientras que Mieres y compañía se definen de izquierda, Talvi nunca llegará a ese extremo. Liberal y pro­gresista sí, de izquierda no.

En una de sus últimas columnas en Montevideo Portal, Mieres buscó separarse del oficialismo y también de los partidos tradicionales. “No que­remos repetir el pasado ni vivir este presente”, escribió. Mieres busca -co­mo Amado, Valenti o Selva Andreoli-apelar a los frentistas desencantados, que no son pocos.

Novick, por su parte, es el gran dis­tinto de todos los candidatos en pug­na. Es el que advirtió que había un público cautivo que no estaba en el centro, sino a la derecha. “Es el que tiene más para ganar. Los políticos parecen olvidar que hay un 25% de personas que están ahí, a la derecha. Todos juegan al centro... excepto La­rrañaga con su campaña “Vivir Sin Miedo”, y claramente Novick.

Si hubo una jugada arriesgada fue ir hasta Rivera para celebrar la vic­toria de Bolsonaro. Novick festejó ese triunfo como propio, y hasta publicitó su alegría a página entera en El País. “No tengo idea de por qué lo hizo... no creo que le dé rédito alguno”, sostu­vo Pomiés.

Como sea, el propio Novick parece estar buscando su lugar en la can­cha. Comenzó apelando a una coali­ción que pudiera sacar a la coalición gobernante pero con un discurso ge­rencista, apelando a la gestión, para pasarse decididamente a la derecha del mapa político y explotar el nicho de la inseguridad, trayendo incluso al exalcalde neoyorquino Rudolph Giulia­ni como aliado extranjero. Su prédica antimujiquista no es casual: busca robarle el electorado más popular, de barrios trabajadores y carenciados, que le habían prestado el voto al MPP.

“Todos, pero todos, van a tener que ir a pelear al centro”, sentencia Pomiés.

En una más que probable segun­da vuelta de noviembre de 2019 es esperable que los candidatos de la oposición acompañen con su voto a quien resulte de la oposición en el balotaje. “Pero no es seguro que los del centro vayan a votar al candida­to de la oposición. ¿Se entiende?”, pregunta Pomiés. Se entiende: todos quieren ir al centro.

por César Bianchi

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