NOTICIAS URUGUAY | 06-02-2019 22:17

Ahora la moda uruguaya se puede leer

Magdalena Ponce de León y Ángela Rubino son autoras del libro “Historia de la Moda Uruguaya 1985 a 2018”, el primer tomo de una serie que reúne los logros y a los más importantes referentes de la construcción de la imagen local.

El término “diseño uruguayo” parece haber sido acuñado en la época reciente. Pero, ¿qué pensaría si le dijera que las bases para su fundación fueron ideadas por el mismísimo Pedro Figari? ¿O que la tienda multimarca La Ópera ha acompañado a las mujeres uruguayas desde 1926?

Esos fueron algunos de los datos que las autoras Magdalena Ponce de León y Ángela Rubino descubrieron en su investigación para la creación de “Historia de la Moda Uruguaya 1985 a 2018". Motivadas por su propia experiencia académica y la notoria falta de material de consulta sobre el tema, se abocaron a crear un libro que reuniera los acontecimientos y las creaciones que marcaron el camino de la moda local.

En el proceso se encontraron con un gran objeto de estudio, y como tal decidieron abarcarlo en una colección dividida en cuatro tomos temáticos. El primero que ya está a la venta, y ofrece un pantallazo de la actividad reciente y el estado actual de la moda uruguaya, desde la reinstauración de la democracia hasta el día de hoy. El siguiente se titulará “50 diseñadores uruguayos” y recorrerá la carrera de grandes referentes, seguido por “50 actores de la moda uruguaya”, que se centrará en las personas y los rubros que rodean a la producción de moda. Y finalmente, editarán “Historia de la Moda Uruguaya II: de 1890 a 1980”, que como sus fechas indican, referirán al pasado.

“Cuando empezamos a trabajar el tema vimos que era imposible hacer un solo libro con todo lo referente a la moda uruguaya”, cuenta Ponce de León. Pensando en los estudiantes y sus necesidades, decidieron dise­ñar un libro “ágil, dinámico y accesible a todo el público”. Cada uno de los capítulos de este primer tomo versa sobre temas como las tendencias de cada década, la fundación de los institutos de enseñanza, el cambio en el consumo, las tiendas urugua­yas que se man­tienen hasta hoy y la comunica­ción de moda.

Comenzar a estudiar la épo­ca más contem­poránea fue una decisión toma­da en parte por la practicidad. “La mayoría de los referentes están vivos”, apunta Rubino. “La recopilación de información -y eso es par­te de la identi­dad uruguaya-, fue muy difícil. El uruguayo es un poco despro­lijo en cuanto a guardar datos y registros foto­gráficos de bue­na calidad. Pe­ro además, vivi­mos esta época en carne propia, tenemos una aproximación con lo vivido”. De hecho, además de realizar entrevistas con importantes referentes de la moda de diferentes áreas, gran parte de su investiga­ción se basa en un extenso banco de datos que Rubino acumula desde el comienzo de sus estudios -es de la primera generación egresada del Centro de Diseño.

En este sentido, el instituto marcó un antes y un después en la enseñan­za de diseño, tanto que se transformó en el mojón ideal para comenzar la in­vestigación. “Empezaron a cambiar los términos desde que se fundó el Centro de Diseño”, explica Rubino. “Se deja de hablar de ‘modistos’ y pasan a ser ‘diseñadores’. Había una coyuntura y una confluencia que servía para sacar el libro en ese perío­do”.

Noticias: En estos 33 años parece que los cambios se dieron muy rápi­do. Pasamos de las madres haciendo la ropa en sus casas a tener un cir­cuito de diseño.

Ángela Rubi­no: Exacto. Pa­radójicamente sucede también la caída de la in­dustria textil. Se dieron las dos cosas. Pero ade­más, tiene que ver con la idea de ofrecerlo a los estudiantes: los chicos que van entrando a los centros de estudio no sa­ben qué fue lo que pasó. A ve­ces piensan que el diseño surgió ahora, que las movidas nacie­ron ahora. Así que todo se dio para que empe­záramos en esa época.

Noticias: Una de las mayores sorpresas fue el descubrimiento de la injerencia de Pedro Figari en la creación de las bases del Centro de Dise­ño. ¿Cómo ha­llaron ese dato?

Magdalena Ponce de León: A todo el mun­do le sorprende eso. Una de las personas que nos ayudó en esta investiga­ción fue Franca Rossi, que fue la primera directora del Centro de Diseño. Ella fue la que nos recomendó ir al Museo Figari e investigar. A ellos les agradezco mu­chísimo porque fueron muy genero­sos. Figari fue el que sentó las bases del diseño industrial. También fue un incomprendido de la época, porque la­mentablemente era tan de avanzada su pensamiento que no duró más de un año y medio como director. Igual, fue impresionante todo lo que dejó.

Noticias: En el libro ofrecieron al­gunas citas donde dejan claro que era una persona muy visionaria, que tenía claro cómo había que prepararse para el futuro. Habla de fomentar la utili­zación de nuestras materias primas, pero a la vez desarrollar un criterio estético para poder explotarlas de la mejor manera.

Ponce de León: Figari ya trabaja­ba con conceptos que son muy actuales, que impresiona hasta por la actualidad que tienen. Ya hablaba de la industria artesanal pensada como negocio para que funcione, que hoy por hoy es la clave del diseño.

Noticias: El primer capítulo ofrece un repaso de las tendencias de cada década. Y como la moda es cultura, las maneras de vestir hablan de una forma de ser de la sociedad. Los 80 y la salida de la dictadura son claros, los 90 también. Pero, ¿cómo definie­ron a los 2000?

Rubino: Los 2000 fueron compli­cados, porque se te junta la crisis de 2001 que fue nefasta, donde muchos diseñadores jóvenes se fueron y la industria se vino abajo. También lo cierto fue que no pudimos abarcar completamente los 2000, porque estos últimos 18 años fueron muy vertiginosos. Y eso también tiene que ver con el próximo libro. En los “50 diseñadores uru­guayos” si bien vamos a hablar de diseñadores que ya no están y que tuvieron gran injerencia en la moda uruguaya, también tenés un montón de gente que empieza a surgir en los 2000 con sus propias marcas.

Se habla, asimismo, de las modifi­caciones de las costumbres, el hecho de que empezara el tema de la sus­tentabilidad, que siempre nos corre de atrás.

Noticias: La moda masculina siem­pre ha sido un tópico un poco dejado de lado, pero aquí se muestra un representante muy fuerte que fue la familia Muto. ¿Eso es importante de destacar para ustedes?

Rubino: Sí, por varios motivos. Pri­mero, porque fueron muy generosos contando su historia y lo que pasaba. Gabriel Muto revitalizó la Asociación de Maestros Sastres, eso resultó muy bueno para los sastres en general. Pero acá tenemos un problema: no­sotros los uruguayos, y sobre todos los hombres uruguayos, ¿acompañan la moda masculina o no? En el 2000 hubo diseñadores de indumentaria masculina en El Piso. Mutate, de San­tiago Barriola, hacía moda masculi­na. Pero es muy difícil que los hom­bres se animen y que la consuman. Pero cuando tenés una marca como Muto, que tiene mucha trayectoria, las espaldas son distintas, y podés trabajar desde otro lugar. Fueron muy de vanguardia, hasta el día de hoy. Tienen clientes en el exterior, se nutren de la moda italiana y eso acá está un poco resistido. Por ejemplo, los primeros pantalones “slim” los vi ahí, y esas cosas no se saben mucho.

Noticias: Haciendo este repaso dé­cada a década la llamada “identidad uruguaya” es algo que el libro inten­ta describir. ¿Cómo vieron que se fue construyendo esa idea y cómo se po­dría definir hoy?

Ponce de León: Con Verónica Mas­sonnier, que es experta de tenden­cias, hablamos mucho de cómo cam­bió el rol de la ropa y la relación que tienen las personas con ella. La ropa es una gran fuente de información, manifestamos con ella nuestra iden­tidad. Creo que ahora los urugua­yos estamos más abiertos y sueltos en mostrar nues­tra identidad en la ropa y en reci­bir lo que se vie­ne. Después, eso también pasa a ser algo colectivo cuando hablamos de la identidad o marca país. Me gustó mu­cho algo que dice Mónica Bottero, que las identidades son cada vez más heterogéneas, se nutren de distintos lugares. Eso es lo interesante: un di­señador hoy está creando algo que es parte de la identidad uruguaya. Por eso, para hablar de una identidad hay que hablar de algo muy heterogéneo que nos comprenda a todos. Si con­templamos sólo un sector o un gru­po de diseñadores esa mirada sería muy miope, estaríamos dejando de lado al resto. Para hablar entonces de identidad tenemos que tener una mirada muy abierta y muy abarcado­ra, respetando obviamente las dife­rencias de cada sector. No se puede ser totalitario ni fragmentario. Con este libro tratamos de no hacer eso: entran todos los actores que tienen que entrar, más allá de preferencias, gustos personales o amistades.

Rubino: En eso fuimos muy objeti­vas y muy frías. Nosotros abarcamos a todos y a todos los que se quisieran acercar. Tratamos de hacer una re­copilación de hechos, no una toma de postura.

por Kristel Latecki

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