martes, octubre 22, 2019

PERSONAJES | 28-03-2019 14:31

Ricky Pashkus: “Conseguí mucho por ser obsesivo”

Montó el emblemático musical “Chorus Line” en el Maipo y creó “Argentum”, el espectáculo de la gala del G20. Ansiedad y pasiones.

En 1978 audicionó para “A Chorus Line” y quedó afuera, pero jura que eso no empañó la excitación que había sentido como espectador. La obra fue una conmoción, un rayo que le abrió la cabeza y marcó su elección. Al salir del teatro, Ricky Pashkus (64) sentenció: “Esto es lo que voy a hacer el resto de mi vida”. Ahora es el responsable de que esté en la cartelera porteña (Maipo). “Hacerla fue concretar ese deseo y reconfirmar que cumplí con mi palabra”. Para entender la dimensión de lo que dice, permite espiar por la cerradura de su infancia y adolescencia.

De chico, tenía el ansia de trascender. Quiso ser “saludador” después de ver a Felipe de Edimburgo pasearse mano en alto por la Avenida Alvear. Vivía a pocos metros de allí, en el mismo sexto piso de ahora. Era el hijo mayor de dos inmigrantes judíos que se hicieron la América y pasaron en poco más de cinco años de tener una mano atrás y la otra adelante a levantar una empresa textil que los ubicó entre las familias de clase media alta con aspiraciones a más. Por eso a él y a su hermano Tommy los mandaban a un colegio inglés y católico de Martínez.

La familia frecuentaba el club Hindú, pese a que era una institución con cupo para socios judíos y de que esos chicos detestaban los deportes y le hacían trampa a la madre: cuando ella los animaba a ir a jugar, se alejaban y permanecían sentados bajo un árbol hasta que el mayor se embadurnaba las manos con tierra y manchaba la ropa de ambos para que pareciera que habían potreado de lo lindo. Los hermanos eran cómplices de juegos, como cuando agarraban la revista Claudia y elegían entre las actrices y modelos a Miss Simpatía o a Miss Elegancia.

En el mismo sillón que hoy sigue en el living, uno de los dos se sentaba a ser espectador mientras el otro bailaba. Ricky siempre quería ser el primero, recibía los aplausos y cuando le tocaba a Tommy, se iba. Lo dice en tono de confesión y con un gesto apretado. No es gracioso, sentencia. Tampoco cuando falsificó las firmas de todos los actores y actrices de los que ambos eran fanáticos y engañó a su hermano. Pasó bastante tiempo hasta que le reveló la verdad. Ricky bailaba durante horas, montaba obras en esa sala en la que ahora está sentado como un señor exitoso de 64 años, el mismo que tuvo a su cargo “Argentum”, el show durante la gala del G20.

Todavía niño, le dijo a Tommy que quería ser famoso. “No vas a ser nada”, lo provocó el otro despechado. “Sí, voy a ser más famoso que Doris Day”. El propósito quedó escrito y rubricado en un papel que no encuentran, pero cada tanto el hermano menor se lo recuerda: “No conseguiste lo de Doris Day pero mirá cómo sabías lo que querías”. Ahora bien, ese que imponía jerarquías puertas adentro, se convertía afuera en un “nene buenito”, según el gabinete psicopedagógico de su escuela, y recibía los golpes y las burlas de sus pares. El consejo profesional fue poco ortodoxo: que le regalaran cosas cada vez que se portara mal.

A su madre lo de “buenito” le preocupaba, tal vez fuera una forma de advertirle otra cosa. Un hijo homosexual era lo peor que le podía pasar en el mundo. Por eso su padre lo retaba cuando lo veía bailar. Fue tanta la censura que Ricky Pashkus olvidó durante años la pasión que le producía el baile. Casi lo logran, pero no.

Noticias: Siempre recalca que el verdadero artista tiene que romper moldes y defiende el haberse sentido sapo de otro pozo como una clave para pulir su marca personal.

Ricky Pashkus: Absolutamente, es una frase muy frecuente en mí. Me acuerdo de la maestra diciéndome: “Pashkus, qué pasa, ¿tiene hormigas en la cola?”. Porque era la mezcla del buenito, del juguetón y del ansioso.

Noticias: Probablemente si hubiera sido un niño de hoy, estaría diagnosticado…

Pashkus: (interrumpe) Con déficit de atención, sí. A los padres les digo que si a sus hijos los diagnostican con déficit de atención o hiperactividad, no hagan nada, porque no podés domar a un chico para después pedirle que se entregue a su universo. Yo lo que más me alegro de lo que me pasó en la vida es que no haya podido nadie calmarme, ni el psicoanálisis.

Noticias: ¿Cómo es eso de que se olvidó de su pasión por el baile?

Pashkus: Es literal, me había olvidado. Hubo tres o cuatro años, de los 13 a los 16 más o menos, que no pasó eso…

Noticias: ¿Qué cosa?

Pashkus: Vamos a hablar de algo que no hablé nunca pero prometeme que no va a ser título… Fui a una psicóloga y ella generó un vínculo amoroso conmigo, hoy se llamaría distinto.

Noticias: Sería un abuso sexual.

Pashkus: Por eso no quiero que sea título.

Noticias: ¿Usted lo vivía así?

Pashkus: No, yo estaba feliz. Primero lo sentí como qué piola que soy, después la pasé como el orto. Decía “qué hincha pelotas”, “qué mujer insoportable”, venía de vacaciones con nosotros, se quería separar… una locura.

Noticias: ¿Sus padres lo supieron?

Pashkus: Sí, hacía un año que ella me había dicho que no me podía cobrar y yo con esa plata compraba cosas y mis padres no sabían de dónde las sacaba. Una vez se los conté todo y no me creyeron, no se los conté para que hicieran algo, y no hicieron nada. Y yo empecé a necesitar nombrarla mucho, pero como canchero: “Estos años estuve con tal…”. Hasta que un día ella se enteró de que yo contaba y llamó a casa y me dijo: “Antes de hablar mal de mí, lavate la boca con jabón”.

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Noticias: Si para sus padres verlo bailar era una amenaza, esta mujer lo estaba domando. Casi que en vez de ir al prostíbulo, iba a terapia.

Pashkus: Sí, absolutamente, hacíamos terapia desnudos. Terminó eso y me metí en la actuación. Creo que ese episodio fue tan contundente que tiene que ver con el olvido de todo lo anterior. Hasta que le pregunté a mi nueva analista cómo me veía en una novela que hacía y me contestó: “Vos sos Superman, pero en televisión parecés Clark Kent”. A partir de ahí supe que no iba a ser actor porque no iba a encontrar en la actuación la forma de aparecer.

Noticias: Se reconoce muy obsesivo, ¿le trajo complicaciones físicas?

Pashkus: No, creo que tiene que ver con cómo uno se relaciona con las cosas. Hoy les digo a los jóvenes que no se alejen de la obsesión, que dijo Freud que la ansiedad es la emoción más verdadera y entiendo por qué, porque es una urgencia que vincula la vida consiente con la muerte. Entonces puedo ser obsesivo, pero las cosas que he construido son autogestiones verdaderas en la insistencia.

Noticias: Así convenció a Julio Boca de que participara en la gala del G20.

Pashkus: Así convencí a Julio y he conseguido muchas cosas por ser obsesivo, el punto es qué te obsesiona.

Noticias: ¿Con el G20 llegó al techo de su carrera?

Pashkus: No, no solamente no llegué sino que no me di cuenta, estaba anestesiado. Yo miraba a los presidentes y pensaba: “Deben tener mal olor”. En muchas cosas sí fue el momento más alto, nunca me hicieron tantas notas en mi vida o me reconocieron tanto en la calle. Fue algo inesperado.

Noticias: Hubo críticas también.

Pashkus: Sí, claro, te las puedo decir yo todas. La del Colón, las de Tinelli (las comparaciones con Show Match), ¿por cuál querés empezar?

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Noticias: La de Mauricio Kartún.

Pashkus: Sí, también.

Noticias: ¿Qué le pasó con eso?

Pashkus: No me importa un carajo.

Noticias: ¿Se enrosca con que le digan que pareció la apertura de Show Match?

Pashkus: No. Yo creo que Kartún es un gran maestro, no es que él me importe un carajo, me hubiera encantado seducirlo porque lo admiro profundamente. Pero en este momento de mi vida no creo que todo sea igual, un comentario en las redes me importa un carajo, aunque sea del presidente. Yo uso las redes pero no me vengas con discutir la vida en las redes. Respecto a Tinelli, me parece una fuente de trabajo muy grande y no me siento ofendido por la comparación.

Noticias: ¿Aceptaría ser jurado en Show Match?

Pashkus: Si me pagan muy, muy, muy bien…

Noticias: ¿Cuánto quiere?

Pashkus: 600 mil por mes. ¿Es caro? Es muy caro, es un chiste.

Noticias: ¿Iría?

Pashkus: Sí. Es que vuelvo al chico del que te hablé, yo no puedo renegar que quería la fama, no puedo estar haciéndome el canchero conmigo mismo. Bah, no sé si iría. Le preguntaría a Polino, a quien quiero mucho: “¿Seré funcional al show o me van a cagar?”. Y yo creo que me van a cagar así que mejor no acepto (risas).

Noticias: ¿Cuánto le pagaron por el G20?

Pashkus: Muy poco, no muy poco, muy accesible. Prefiero no decir la cifra exacta. Vamos a ponerlo así, por mes, y durante 5 meses, cifras que no superan los cuatro dígitos en dólares.

Noticias: Es un ingreso menor al que acostumbra.

Pashkus: Sí.

Noticias: ¿Qué evaluó para aceptar?

Pashkus: Hacerlo, esa mezcla de workalcoholic, de dar trabajo, la necesidad de expresarme, al amor por el folclore, la pasión por estos chicos que por primera vez pisaban la capital. Tengo en mi celular dos mensajes muy importantes: Campanella, que me felicita y me dice que nadie hubiera aguantado esta presión y otro de Estela de Carlotto, que me dice que le encantó y que si la gente me dice algo es por política, no por arte.

Noticias: ¿Se considera macrista?

Pashkus: Si adhiero a todas las políticas que se hacen, no. A quién voto, me lo guardo. Pero yo no voy a defender mi obra, me parece que es lo más estúpido que puede hacer un artista. Lo de Federico Fernández (la critica que hizo el primer bailarín del Colón), es otra cosa: él habla de la defensa del trabajo, algo que yo respeto, plantea que está disconforme con la situación que vive el teatro y siente que este proyecto tenía una funcionalidad con lo que ellos padecen. Es el mejor bailarín argentino y lo sigo apoyando en su legítimo reclamo pero creo que no se resolvía con el G20.

Valeria García Testa

@valgarciatesta

Fotos: Marcelo Escayola.

por Valeria García Testa

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