viernes, diciembre 13, 2019

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 09-07-2019 11:52

La patria empresaria muestra su grieta

La campaña electoral no solo está sincerando las contradicciones profundas de la dirigencia política. El establishment económico también pone en juego sus internas feroces.

Hay una grieta paralela a la campaña electoral: es la pelea empresaria por el reparto de la torta económica nacional. La discusión en el establishment es más descarnada que nunca en la era democrática, y no respeta ni el feriado patrio.

Vamos a los casos concretos y urgentes. La cámara de la industria farmacéutica nacional acaba de sacar un comunicado durísimo contra el periodista Carlos Pagni, por sus acusaciones de supuestos privilegios monopólicos y otras opacidades, que el macrismo viene poniendo en cuestión.

Los empresarios sugieren que detrás de la denuncia de Pagni está la mano del millonario farmacéutico y ex funcionario oficialista Mario Quintana.

Hubo otra pulseada monetaria que estalló en estas horas patrióticas. El sindicalista bancario Sergio Palazzo avisó que ahora va por el imperio fintech que está armando Marcos Galperín, el unicornio que entusiasma al macrismo, como símbolo de la economía argentina para el siglo XXI. Palazzo no dejó dudas de sus intenciones al decir que desea ser “el Moyano de las fintech”.

Más allá de los derechos de los trabajadores reales que se esfuerzan cotidianamente por un salario, el gremialismo moyanista se comporta como un sector más del establishment, que pelea por su porción de la torta de rentabilidad corporativa.

En un debate saludable, de explicitud inédita en la opinión pública argentina, la burguesía nacional -con sindicalistas ricos incluidos-, muestra todas sus grietas al calor de la campaña 2019.

En realidad, es difícil hablar de una burguesía nacional en el país de hoy. Hay muchas y enfrentadas. Una parte está presa por sus vínculos societarios K. Otra parte, por esos mismos negociados, está peleando en tribunales por zafar de sus procesamientos. Otro sector empresario viene luchando contra la modernización recesiva de Macri, acusándolo de lobbysta de un par de empresarios demasiado amigos. Y esos gladiadores de la disrupción tecnológica tienden puentes hacia el futuro, pero también suelen derrapar en las viejas mañas de la burguesía atrasada, que acostumbra llorarle al Gobierno porque los impuestos y los derechos laborales recortan la rentabilidad soñada.

En esta campaña de un país en crisis, no solo los políticos muestran sus contradicciones obscenas. Tal vez un sinceramiento histórico de los números reales de la patria sea una buena noticia.

*Editor ejecutivo de NOTICIAS.

por Silvio Santamarina*

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