SOCIEDAD | 12-07-2019 17:01

La tortura de transformarse en drag queen

El paso a paso de Fabri Watson, una de las drag más conocidas de la noche porteña. Corset ajustado, pelucas enormes, pechos ultra pesados y diez medias para tapar los pelos de las piernas.

Tiene sólo seis horas para transformarse. Frente al espejo, Fabricio sufre. Pide ayuda para ajustar el corset que entalla su delgada figura, le cuesta respirar. Con el décimo par de medias de nailon logra cubrir los pelos de sus piernas. Tiene dos dedos esguinzados del pie izquierdo, pero eso no es obstáculo para que se suba a unos tacos de treinta centímetros. La goma espuma le añade curvas a sus caderas. Y ya sabe que los pechos postizos, de cuatro kilos, le traerán dolor de espalda. Ahora dejó de ser Fabricio y se transformó en Fabri Watson, una de las drag queen más conocidas de la noche porteña.

Este mundo de mujeres exageradas, interpretadas por varones, volvió a llamar la atención cuando se supo que Dyzhy, el hijo del candidato presidencial, Alberto Fernández, era drag. Estas prácticas se han profesionalizado y no son pocas las drags que viven de sus shows. Fabri es una de ellas.

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Es peluquero desde los 14 años y el mismo le da forma a su peinado ampuloso. Es imposible verlo quieto hasta que termina de coser y aplicar las últimas lentejuelas al traje de esta noche. Posa para las fotos y el “producto” ya está terminado. “Para mí hay algo que no te dicen, ser drag queen es sufrimiento”, asegura Fabri Watson, que tiene 15 mil seguidores en Instagram.

Él tiene la posibilidad de vivir de su sueño, su cable a tierra, donde se expresa y muestra cómo se siente. Sobre todo se considera un artista. Trabaja de miércoles a domingo, dependiendo el horario. Si realiza un show gana entre $3.000 y $5.000 por noche. Pero invierte el triple de lo que gana en su vestuario drag: las prótesis de los pechos cuestan 900 dólares; cada peluca entre 2.000 y 4.000 pesos, dependiendo la elaboración, además del costo de las telas para confeccionar la ropa.

Fabricio cursaba el último año del colegio secundario, tenía una novia hippie y usaba una peluca marrón, ya que al ir a un colegio privado en Ituzaingó no lo dejaban asistir con el pelo teñido. Una noche lo invitaron a una fiesta gay y descubrió a las dragas. A la semana siguiente ya estaba transformándose en una de ellas.

Uno de los principales pasos en el drag es elegir el nombre. Su personaje lo creó con el apellido de su padrastro que fue una figura contenedora en su vida, luego de que de chico fuera testigo de los abusos sexuales que sufría su hermana por parte de su padre biológico. “Cuando me pongo su apellido Fabri Watson, también me cree como una máscara que sostuve durante mucho tiempo sin saber que tenía, donde no me mostraba vulnerable, donde siempre estaba feliz y no me di cuenta que hacía eso”, explica Fabricio.

Para las drag queen, transformarse es una forma de rebeldía, de jugar con los estereotipos estructurados por la sociedad. Fabri Watson aplica esto desde siempre en su vida y afirma: “El ser drag es un acto de rebeldía como todo lo que rompa con los estereotipos, con lo que está marcado en la sociedad, me parece que esta genial. Está bueno romper esas normas.”

por Ornella Tiesso

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