lunes, diciembre 9, 2019

MUNDO | 21-07-2019 12:12

El péndulo europeo: la vuelta al centro

Retroceden las izquierdas duras y las ultraderechas pierden terreno en las urnas pero crecen en los partidos conservadores.

El enigmático temblor de Angela Merkel parece una metáfora de Europa. La política del viejo continente evidencia vibraciones convulsivas. Se sacude por la tensión entre el nacionalismo anti-sistema y anti-Bruselas que avanzó en las últimas dos décadas, con los síntomas de resurrección de los partidos convencionales.

El viraje hacia la izquierda dura en algunos países, con el surgimiento de Podemos en España, el crecimiento de Jean-Luc Melenchon en Francia y la llegada al poder de Syriza en Grecia, se trastocó con los derrumbes electorales que sufrieron en el 2019.

Probablemente, las abruptas caídas que pusieron fin al vertiginoso asenso que habían tenido las izquierdas anti-sistemas española y francesa tuvieron que ver con lo que mostró el gobierno de Syriza. Su líder, Alexis Tsipras, un joven marxista que había militado en el Partido Comunista y en la coalición izquierdista-ecologista Synaspismos, que llegó al poder derrotando al conservador Antonis Samaras y al bipartidismo tradicional con la promesa de poner fin al ajuste draconiano que imponían Berlín y Bruselas, terminó aplicando esa durísima receta elaborada por la Troika: Banco Central Europeo, Comisión Europea y FMI.

El primer gran traspié de la izquierda radical griega fue el giro copernicano de Tsipras, sacudiéndose al principista Yanis Varufakis y traicionando lo votado por más del 60 por ciento del pueblo heleno en el referéndum sobre el ajuste que él mismo había convocado.

Revés. El segundo gran traspié fue su derrota frente a Kyriakos Mitsotakis, cabal exponente de las dinastías políticas que componen el establishment (es hijo del ex primer ministro Constantinos Mitsotakis), que devolvió el poder al partido de la centroderecha tradicional: Nueva Democracia.

Podría decirse que la izquierda radical liderada por Varufakis quedó reducida a un rol marginal y que la derecha neonazi del partido Amanecer Dorado quedó fuera del parlamento y prácticamente extinguida, lo cual es cierto. Pero también es cierto que el Partido Socialista Panhelénico (PASOK), la otra fuerza del tradicional bipartidismo heleno, ahora llamada Kinal, quedó relegado a un distante tercer puesto, y que el derrumbe de Amanecer Dorado se compensa con el crecimiento de la extrema derecha dentro de Nueva Democracia.

Mitsotakis supo conformar equipos que seducen al centro y la centroizquierda, pero el motor de su campaña fue la facción de derecha dura que tiene entre sus principales figuras al controvertido Adonis Georgiadis, uno de los articuladores de la reacción ultranacionalista contra el acuerdo por el que Grecia reconoció el nombre de Macedonia del Norte a la antigua república yugoslava.

También hay derecha radicalizada en la facción tory que apoya a Boris Johnson. Si el vigoroso avance del extravagante demagogo que impulsó el Brexit dentro del Partido Conservador pareció trastabillar en la recta final hacia la sucesión de Theresa May, se debió al estropicio cometido por su aliado y promotor norteamericano que motivó la renuncia del embajador británico en Washington.

La irá de Trump estalló al filtrarse los cables diplomáticos en los que Kim Darroch describe como caótico a su gobierno, usando los términos “inepto” e “ignorante” para describirlo a él.

Trump llamó “estúpido” a Darroch y atacó a la primer ministra May, ofendiendo a buena parte de la dirigencia y la sociedad británicas. Los ataques de Trump dejaron a la vista su arbitrario rencor, más que la supuesta falta de un avezado diplomático.

En el 2010, cuando WikiLeaks difundió miles de cables diplomáticos norteamericanos, muchos gobernantes duramente cuestionados por los embajadores estadounidenses en sus respectivos países reaccionaron de manera racional, entendiendo que esos informes no fueron redactados para que se hicieran públicos.

Agrava el estropicio de Trump el hecho de que él mismo acostumbra a agraviar a líderes de otros países. Los británicos lo comprobaron cuando en su última visita insultó al alcalde de Londres, Sadiq Khan, antes de inmiscuirse en los asuntos internos promoviendo abiertamente el Brexit duro y el arribo de Boris Johnson al 10 de Downing Street.

Trump. El presidente norteamericano es el menos indicado para indignarse con las críticas que, en el marco confidencial de su actividad, le realiza un diplomático. Por eso Jeremy Hunt, el otro aspirante al cargo de primer ministro, defendió al embajador atacado y cuestionó la agresiva injerencia del magnate neoyorquino. El que se quedó callado fue Boris Johnson, la carta cantada de Trump. Y ese silencio se volvió ensordecedor.

Paralelamente, se produjo el salto del líder laborista Jeremy Corbyn a la vereda anti-Brexit, un paso desde el izquierdismo duro hacia la moderación.Hubo más acontecimientos en ese mismo sentido. Por caso las multitudinarias protestas en Praga contra el gobierno de Andrei Babis y el triunfo de la liberal pro-europeísta Zuzana Caputova en Eslovaquia.

Al emerger ultraderechista escandinavo lo está revirtiendo una ola de victorias socialdemócrata en alianzas que incluyen a liberales. Las urnas de Suecia, Finlandia y Dinamarca marcharon en esa dirección, en tanto Islandia y Noruega siguen gobernadas por moderadas y originales coaliciones entre ecologistas y conservadores. Los socialdemócratas también están resucitando en Turquía, donde causaron el primer traspié electoral importante al proceso de “sultanización” de Recep Erdogán. Hasta aquí, el líder islamista avanzó en la construcción de su híper-presidencialismo y a contramano del legado político de Ataturk, el fundador de la república turca. Ese avance se volvió arrollador tras aplastar la sublevación militar del 2016. Pero acaba de sufrir su primer gran revés: los socialdemócratas arrasaron en los comicios municipales de Ankara, la capital; Esmirna, la tercera ciudad más populosa, y Estambul, la urbe más importante y emblemática de Turquía. Con el agravante de que la ciudad del Bósforo fue donde, como alcalde, Erdogán empezó a construir su liderazgo. Además, para no correr riesgos de derrota, había postulado a su mano derecha: el ex primer ministro Binali Yildirin.

La victoria del socialdemócrata Ekrem Imamolú fue un cachetazo para el líder islamista. Más allá de que Erdogán continuó su desafío a las potencias de Occidente al comprar misiles S-400 a Rusia, las urnas turcas dan señales de que crece en la sociedad un deseo de volver a la senda secular y europeísta que modernizó a Turquía y la introdujo en la OTAN.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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