El culto a la delgadez ha encontrado en la era digital y en la farmacología de última generación un maridaje de consecuencias tan impredecibles como alarmantes. En las alfombras rojas internacionales y en el universo difuso de las redes sociales, la búsqueda de la figura perfecta dejó de ser una cuestión de disciplina o hábitos para transformarse en una carrera química a toda velocidad.
El fenómeno de las sustancias inyectables para perder peso, con el célebre Ozempic como buque insignia, trasciende hoy la práctica clínica para convertirse en un fetiche estético de escala masiva. Sin embargo, la promesa del adelgazamiento sin esfuerzo ni demoras esconde un reverso sombrío en el que la salud física y la estabilidad emocional quedan supeditadas a los imperativos del espejo.
El debate recobró un dramatismo impactante a partir del crudo testimonio revelado por la influencer Sofía Gonet, más conocida como "La Reini". A través de su cuenta de TikTok, relató el verdadero calvario personal que atravesó tras someterse a la aplicación de inyecciones destinadas a la quema acelerada de grasa corporal. Su relato, distante de la vanidad superficial, describió un cuadro caracterizado por mareos intensos, náuseas incontrolables, temblores extremos y episodios febriles que la llevaron a manifestar que sintió que su vida corría peligro. La exposición pública de su calvario operó como un espejo incómodo para miles de seguidores que observan en este tipo de soluciones mágicas un atajo hacia cánones estéticos inalcanzables. De la mano del Ozempic volvió entonces una cultura que ya se creía superada: la de la delgadez extrema.
Bases y condiciones. Para comprender el origen y la magnitud de este fenómeno peligroso, resulta indispensable precisar la naturaleza médica del fármaco. Desarrollado originalmente para el tratamiento integral de la diabetes tipo 2, la semaglutida —principio activo comercializado bajo el nombre de Ozempic— imita a una hormona natural del cuerpo que realiza diversas funciones en el páncreas, cerebro y tracto gastrointestinal. Su función concreta y originaria consiste en estimular la secreción de insulina, equilibrar los niveles de glucosa en sangre y retrasar de manera considerable el vaciado gástrico, lo cual induce una prolongada sensación de saciedad y reduce drásticamente el apetito.
Con posterioridad, los ensayos clínicos evidenciaron su notable eficacia en el abordaje del sobrepeso crónico y la obesidad severa, lo que motivó su aprobación regulatoria para estos cuadros patológicos específicos. Bajo un riguroso seguimiento médico y en pacientes que presentan indicadores clínicos que lo justifiquen, la molécula constituye una herramienta terapéutica de altísima eficacia. Por el contrario, su prescripción o uso se desaconseja de manera enfática en personas con peso normal o con leves fluctuaciones estéticas, así como en aquellos pacientes con antecedentes de cáncer medular de tiroides o antecedentes graves de pancreatitis.
El despliegue global de esta sustancia no tardó en calar hondo en Hollywood, donde la imagen cotiza como un activo indispensable. Figuras de la talla de Oprah Winfrey, la conductora Amy Schumer o la laureada actriz Kathy Bates han hecho referencia pública a sus experiencias con este tratamiento farmacológico, visibilizando severos efectos secundarios. Por su parte, la actriz Demi Moore quedó vinculada al fenómeno del Ozempic tras sus recientes y comentadas transformaciones físicas. Si bien ella no ha confirmado el uso de este producto, la delgadez exhibida en sus apariciones fue señalada como el paradigma visual de este tipo de terapias, encendiendo las alarmas sobre el regreso irrestricto del talle XXS a las pasarelas y a portadas internacionales. Las figuras esqueléticas de Emma Stone, Ariana Grande y Lily Collins contribuyeron a que el debate se extienda aún más en el mundo del espectáculo.
Voces autorizadas. El médico Adrián Cormillot pone el foco en las grietas del sistema farmacéutico al preguntarse por qué una persona con apenas cinco o seis kilos de sobrepeso, sin autorización médica, logra acceder a una medicación de este tipo, exponiendo la falta de controles estrictos en las farmacias argentinas, una falla histórica que abarca también el consumo indiscriminado de laxantes y diuréticos. Cormillot puntualiza que la semaglutida es una droga excelente, segura y avalada por la evidencia científica cuando existe una indicación formal para la obesidad y se acompaña con el debido soporte nutricional. No obstante, advierte sobre el problema de encarar estos métodos sin supervisión, fenómeno que el ámbito médico ya conceptualiza bajo el término de farma-anorexia. La gran alarma, remarca el especialista, reside en que el uso abusivo e irresponsable por parte de personas sanas altera de manera irreversible el equilibrio natural de regulación del peso, destruyendo el adipostato corporal. Al interrumpir el fármaco, lejos de retornar a su estado previo, el organismo tiende a un rebote hacia valores superiores, habiendo quemado además la posibilidad de responder favorablemente a la molécula si en el futuro la necesitase verdaderamente.
Desde el plano conductual, Berta Spaini (Lic. en Psicología, UBA), responsable del espacio “Vivir Delgado”, argumenta que “prevalece una idea errónea de que la obesidad se resuelve simplemente adelgazando de forma exprés, cuando las inyecciones —que actúan sobre un complejo entramado hormonal retrasando la digestión y modificando el deseo frente a la comida— solo resultan eficaces si se encuadran en un tratamiento integral”.
La especialista advierte sobre “el error de concebir la medicación como una fórmula mágica” y alerta sobre los severos inconvenientes que genera el adelgazamiento indiscriminado, en particular, “la acelerada pérdida de masa muscular si no se incrementa de forma estricta la ingesta proteica y se realiza entrenamiento de fuerza”. Este deterioro muscular es, según explica Spaini, “el causante del aspecto frágil y demacrado que se replica en las celebridades internacionales”. Asimismo, cuestiona “el trasfondo de fantasía en los jóvenes que asocian la delgadez extrema con la belleza sin reparar en el costo sobre su bienestar”.
El lado oscuro. Las alertas alcanzan su punto más crítico con la proliferación de un incipiente mercado negro que comercializa estas inyecciones al margen de todo canal habilitado. Atraídos por precios desregulados o ante la escasez de stock oficial, miles de usuarios recurren a plataformas digitales, redes sociales y circuitos clandestinos que se hayan diseminados en la web sin ninguna regulación. Este circuito informal no solo carece de la supervisión de un médico capacitado para ajustar dosis o evaluar interacciones farmacológicas, sino que priva al consumidor de toda certeza sobre la autenticidad, la pureza y la procedencia de las drogas administradas.
Las autoridades sanitarias alertaron sobre la presencia de dosis adulteradas, compuestos contaminados o formulaciones caseras carentes de cadena de frío, transformando lo que nació como un avance científico en una ruleta rusa farmacológica donde el precio a pagar por la búsqueda del cuerpo idílico es la salud.
SOCIEDAD | 09-09-2026 07:10
Ozempic: la delgadez polémica
Un fármaco para la diabetes es la nueva sustancia de moda para adelgazar. Riesgos y los casos extremos de Hollywood. Las alarmas de La Reini.
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