Tuesday 8 de September, 2026

MUNDO | 08-08-2026 05:45

El subcomandante Javier

La misión de reclutar gobernantes conservadores para alinear países con el liderazgo continental y global de Donald Trump.

El mesianismo megalómano tuvo, en Latinoamérica, la impronta bolivariana. Hugo Chávez reivindicó de Bolívar no sólo su lucha por la independencia de España, sino su voluntad de liderar la América independizada de España. El teniente coronel que intentó derrocar a Carlos Andrés Pérez en 1992, cuando finalmente llegó al poder financió con petróleo venezolano la expansión de su liderazgo a nivel regional.

Antes que él, lo mismo había intentado Fidel Castro. Pero las arcas de Cuba no le permitían comprar influencia y lo que hacía era comprar influencia con dinero y armas soviéticas, para sumar alineamiento latinoamericano con Moscú.

Javier Milei es el primero que intenta algo parecido, pero con sustanciales diferencias: no lo hace desde el populismo izquierdista como Chávez ni desde el marxismo-leninismo como Castro, sino desde una derecha ultraconservadora. Y el liderazgo al que aspira es, en realidad, un sub-liderazgo: recluta para Donald Trump.

En rigor, lo que hace se superpone con el llamado “Escudo de las Américas” que organiza con gran eficacia el secretario de Estado norteamericano. Con el argumento de la cooperación en seguridad y defensa para combatir el narcotráfico y las mafias transnacionales, Marco Rubio logró las adhesiones de numerosos países gobernados por conservadores. Si el reclutador es nada menos que quien maneja la política exterior de Trump y es además presidenciable, identificarse mucho o poco con el actual jefe de la Casa Blanca no es la razón principal de la adhesión.

En sus encuentros con presidentes latinoamericanos que estuvieron en Lima para la asunción Keiko Fujimori, Milei comenzó a esbozar la organización de un bloque que integre a los gobernantes derechistas para aislar a los gobernantes de centroizquierda que resisten el liderazgo continental de Trump: el brasileño Lula da Silva en Sudamérica y la mexicana Claudia Sheimbaun y el canadiense Mark Carney en América del Norte.

Esos objetivos hacen más difícil la existencia del bloque ultraconservador que impulsa Milei. El antecedente es el Grupo de Lima, creado en el 2017 integrando desde gobiernos duramente conservadores como el del colombiano Alvaro Uribe, a gobiernos de centroderecha como los de Mauricio Macri y Michel Temer, incluidos gobiernos de centroizquierda como el que encabezó Michel Bachelet en Chile y cuyo canciller, Heraldo Muñoz, fue uno de sus impulsores.

El objetivo del Grupo de Lima era más claro y lógico: aislar y debilitar al régimen chavista para que Nicolás Maduro acepte poner fin a la represión y regresar Venezuela a la democracia.

Aun con su amplitud política y su objetivo claro y entendible, las maniobras derechizantes de Uribe y de algunos de sus socios políticos en la región debilitaron al Grupo de Lima hasta su disolución.

Si con Obama en la Casa Blanca y más presidentes moderados que extremistas en Latinoamérica, no pudo sobrevivir una alianza laxa que tenía una pretensión tan lógica como era aislar a una dictadura impresentable, con Trump posando de emperador continental, Milei como su representante en Sudamérica y poniendo como enemigos a gobernantes socialdemócratas como Lula, Sheimbaun y Carney, la supervivencia del bloque ultraconservador parece más difícil.

Además de alinear el subcontinente con el liderazgo continental y global de Donald Trump, el sub-liderazgo de Milei tendría la misión de contrarrestar la gravitación creciente de China en Sudamérica. Una tarea difícil si se tiene en cuenta la dimensión y profundidad del vínculo económico y estratégico del gigante asiático con varios Estados latinoamericanos y lo conveniente de ese vínculo para los países que lo tienen. Entre ellos, la mismísima Argentina.

Que Keiko Fujimori sea derechista no implica que esté dispuesta a sacrificar la inmensa y fructífera relación de Perú con China, ejemplo de lo cual es el megapuerto de Chancay, que se construye con la financiación de empresas chinas en San Juan de Marcona. Cuando en el 2029 entre en funcionamiento, Chancay captará la mayoría de las rutas que conectan Latinoamérica con Asia, relegando a otros proyectos, como el puerto ecuatoriano de aguas profundas Posorja.

Como también los puertos de Guayaquil quedarían relegados por el megapuerto que construye China en Perú, es posible que el presidente Daniel Noboa se tiente con sumarse al bloque alineado a Trump que intenta construir Milei. Pero la presidenta peruana, aunque busque una buena relación con el magnate neoyorquino, podría ser reacia a integrar un bloque funcional a su proyecto geopolítico.

José Antonio Kast expresa un conservadurismo duro pero, igual que la presidenta derechista de Perú, jamás insultó a otro presidente y probablemente tampoco se interese por aislar a Lula y restar influencia a China.

Quizá a Santiago Peña lo tiente un espacio como ese, dado que la relación profunda entre Paraguay y Taiwán pronto incrementará la presión de China sobre Asunción y quizá precise un refugio para sobrellevarla. De todos modos, Milei buscará un bloque ultra y Santiago Peña no lo es. Tampoco Rodrigo Paz. El presidente boliviano es claramente de centroderecha y es difícil imaginarlo chocando con Lula para satisfacer a Milei y a Trump.

El caso boliviano podría depender de cuán graves se vuelvan sus dificultades con los nudos gordianos que le dejaron las casi dos décadas de gobiernos del MAS y en qué tipo de crisis deriva la orden de captura librada por la Justicia contra Evo Morales. Pero con estabilidad económica y gobernabilidad garantizada, es difícil imaginar a un moderado como Rodrigo Paz entusiasmado con integrar un espacio sub-liderado por Milei y alineado con Donald Trump.

Por eso es que, hasta ahora, sólo el clan Bolsonaro y el flamante presidente de Colombia Abelardo de la Espriella parecen adherir con determinación al bloque que intenta crear el presidente argentino. Ambos casos, el brasileño y el colombiano, representan un conservadurismo muy alejado del centro, proclive a la confrontación agresiva, fascinado con lo que implica para las Américas el movimiento MAGA y convencido de que la era Trump no acaba dentro de dos años, cuando el magnate neoyorquino deje la Casa Blanca como le exige la Constitución, si es que no consigue derribar también esa barrera institucional al poder ilimitado.

Pronto se verá si habrá “Cumbre Azul” antes de fin de año en la Argentina, o si un posible triunfo de Lula en las urnas de octubre desalienta la adhesión a un espacio que quedaría enfrentado con Brasil.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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