Martes 7 de abril, 2020

LIBROS | 27-02-2020 07:39

Duro de matar

***** “Crónicas marcianas”, de Ray Bradbury. Minotauro, 351 págs. $ 730.

En un prólogo de 1997, reproducido en esta edición, Ray Bradbury comenta que siempre lo asombró que los cuentos de “Crónicas marcianas” se considerasen ciencia ficción. Para él solo uno (“Vendrán lluvias suaves”) merece el apelativo. Se trató de un núcleo creativo propio que fue creciendo sin que se diera cuenta. La oferta de Walter Bradbury (sin vínculo familiar), editor de Doubleday, hizo que el cúmulo de textos “marcianos” diversos empezara a ordenarse con un modelo: la estructura de “Winesburgo Ohio”, el clásico de Sherwood Anderson, para él uno de los mejores libros de cuentos que había leído.

“Crónicas” apareció por primera vez en 1950. En 1955 fue el primer título de Minotauro, de “Paco” Porrúa, colección que se convertiría en la mejor del idioma castellano. Ahora es acertadamente elegido como el primero de un relanzamiento de Minotauro en su tierra natal. Nobleza obliga: la traducción es la de Francisco Abelenda, uno de los seudónimos de Porrúa como traductor. Después de años de esplendor físico en su versión española (muy buen papel, tapas duras, con imágenes de Oscar Chichoni y otros), y de apagamiento progresivo al ser absorbida por Planeta, esta versión en rústica es de una dignidad intermedia. Porrúa le había encargado un prólogo a Borges, que sigue presente, y se le agrega otro, de John Scalzi.

Los primeros relatos tantean el terreno, con recursos eficaces cercanos al terror y el género “weird”, ya usados en su corta carrera previa (este era su segundo libro). Pero con “La Tercera Expedición”, los motores ya funcionan a pleno. Esas primeras llegadas de terrestres son absorbidas por marcianos que parecen insidiosos, hasta siniestros. Pero pronto Bradbury los convierte en el equivalente de un “pueblo originario”, con cultura, hábitos y modos de pensar propios. En contrapartida, los terrestres se muestran cada vez más necios, tontos, autoritarios y violentos.

Algunos de los relatos (“Encuentro nocturno”, “Los globos de fuego”) tienen el sello del autor. Otros (“Usher II”, “Un camino a través del aire”, “Fuera de temporada”) integran con contundencia la mejor tradición del relato estadounidense. Tanto la tristeza como la nostalgia son dos elementos que se vuelven cada vez más graves, maduros, en los tres últimos: “Los pueblos silenciosos”, “Vendrán lluvias suaves”, y “El picnic de un millón de años”.

A 70 años de su aparición, el libro mantiene la potencia intacta. Tal vez porque es no solo flexible y múltiple, sino también resiliente, empecinado. Al igual que uno de sus modelos: los mejores relatos de la Biblia, otro clásico duro de matar.

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Elvio E. Gandolfo

Elvio E. Gandolfo

Crítico de Libros.

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