Martes 7 de abril, 2020

LIBROS | 16-01-2020 19:24

El laberinto siciliano

**** “La desaparición de Majorana”, de Leonardo Sciascia. Tusquets, 101 págs. $ 590.

A veces el lector de España, o el del Río de La Plata, tienen la fortuna de que un nombre se pone por un tiempo de moda para algún editor de la otra orilla de “las grandes aguas” (como diría el I Ching). Fue lo que pasó en su momento con los libros por lo general delgados del escritor siciliano Leonardo Sciascia y Tusquets, hace algunas décadas. También hubo algunos títulos en otros sellos (“El archivo de Egipto”, “Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel”). Una exigencia pareja en todos los casos, era la pertenencia clara, o indirecta, del tema a la Sicilia natal del autor.

Allí donde el Sur profundo de Italia era denso, mediterráneo, muchas veces mafioso, Sciascia se encargaba de aportar si no claridad (los misterios a veces eran impenetrables), voluntad de justicia, argumentos, un enfoque moral. El “caso Moro” fue un ejemplo.

Por suerte la colección ahora dirigida por Juan Forn ha rescatado este ejemplo paradigmático de su sistema, por así llamarlo. Un prólogo de Forn establece con nitidez el entorno: la desaparición de un joven físico siciliano cuya estatura, según expertos (Enrico Fermi) estaba a la altura no de un sabio destacado, sino de un genio.

Retraído, enredado en algún misterio lateral inextricable (aquí expuesto), por momentos hace recordar el personaje de Bartleby de Melville. Como él, también Majorana habría preferido “no hacerlo” cuando lo reclamaban para cumplir papeles que se creían inevitables. Según deduce Sciascia, uno de ellos lo habría llevado a intervenir casi inevitablemente en la creación de la bomba atómica.

Con paso leve, silencioso, Ettore Majorana prefirió borrarse, después de dejar dos supuestas cartas de suicidio. Quedó alguien (que podía no ser él) ocupando su puesto en un asiento. Y un misterio irresuelto. La bomba no dejó por ello de crearse, y de arrojarse.

Sciascia hace trabajo de campo de investigador, y termina por seguir un hilo hasta un convento jesuita, donde el rastro se corta. Escritor, juez que más que condenar sugiere, no se priva de especular que tal vez al mismo convento haya acudido el piloto del Enola Gay, el avión que arrojó la bomba atómica sobre Hiroshima. Sobre el monje que lo negó, apunta: “De lo poco que le preguntamos, él adivinó mucho y se hizo el desentendido con el resto”. Aun así, considera que “ha satisfecho todas nuestras demandas”.

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Elvio E. Gandolfo

Elvio E. Gandolfo

Crítico de Libros.

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