Domingo 29 de enero, 2023

MúSICA | 10-02-2012 13:37

"Flaco" para todo el mundo

Desde el corazón, la razón, la añoranza del Winco y hasta la desaveniencia, Spinetta queda incorporado a la cultura argentina por su rico aporte musical, poético y filosófico. Además, un imperdible recorrido fotográfico por aquellos momentos que ya son historia.

Emilio del Guercio, músico y amigo,El tiempo se detuvo

Si, en este instante en el que me entero de su muerte, la extraña sensación de no poder pensar, me asusta.

Estoy aquí parado en esta calle y no tengo adonde ir. Sólo me habitan las imágenes de nuestros trece años, como en un loop vacío.

Estamos sentados en el banco del colegio dibujando y suena el timbre del recreo.

En el patio hacemos música con la boca entre las manos. No tenemos instrumentos, pero la música ordena nuestras vidas.

¿Qué día es mañana si hoy el tiempo se ha plegado?

No hay lugar para metáforas, ni símbolos, ni juegos del lenguaje.

¡Puta madre, el tiempo se detuvo!

¿Así es el desparpajo de la muerte?.

No... no puede ser que Luis se vaya así del mundo.

Roberto Pettinato, músico y animador

Muchacho de Bajo Belgrano

Un día salí con una chica que tenía la particularidad de transpirar como un jabalí. Vivía en una casa muy oscura y ,en realidad, no era bonita, pero un primer amor, amor de Parque Rivadavia y las colecciones de discos y salvar el mundo charlando debajo de los árboles, organizando reuniones para “La Ballena”, una revista underground que editábamos y de la que solo apareció un primer numero. Bueno, resulta que hablamos mucho sobre Spinetta y me di cuenta de que nunca iba a existir una mujer bonita-bonita y que fuera fanática del “flaco”. De esto concluí en que también eran mujeres que podían dejarse el bello debajo de las axilas y que no les importaba tener mal aliento o llevar con orgullo, en este caso, la transpiración y el olor bestial. Todo esto lo relacioné por siempre con el disco “Artaud”. ¿por qué? Porque Artaud ya era rarísimo como poeta y escritor (desde los Taraumara hasta las Cartas de Rodez). Era como un demente que atraía a otros dementes y así formaban un emjambre del que un Joyce saldría ileso como si fuera el más sano de la clase.

Entre los dementes atraídos estaba lógicamente Spinetta. A los que nos gustaba Artaud o el primero de Invisible podíamos ahora sí levantar el estandarte de una locura por momentos incomprensible. Era como si Spinetta nos hubiese dado la llave que abría la habitación mas extraña pero también ,apenas pasabas del otro lado, se te cerraba detrás de tuyo y no se si volvías a salir, por lo menos tal como habías entrado. Spinetta era el Libro. El Anillo Revelador. El que te llevaba por un océano de palabras e imágenes que no encontrarías en los demás que representaban simplemente: música.

Me acuerdo la primera vez que lo ví. Fue en el Club Gimnasia y Esgrima. Eran 3 que íbamos a verlo porque sabíamos que tocaría ahí. Delante mío había sillas de metal y gente mayor y ancianos, socios del club, que al igual que todos, habían concurrido a un espectáculo más de ..Los Carnavales en Gimnasia y Esgrima. De pronto apareció este tipo complemente calvo. Pelado como Luca. Se sentó y tocó canciones acústicas y absolutamente nadie de los presentes entendió de qué se trataba. Los ancianos comían choripanes y coca en vaso de plástico y de pronto la noche se lo llevó del escenario y apareció una banda cualquiera como si estuviésemos realmente en una peña folklórica. Después entramos al salón del club y el disc jockey puso música para bailar. No conseguimos ninguna chica. De hecho casi no recuerdo que las hubiera, sino niños y más niños correteando como salvajes de un lado al otro de la pista.

Nunca más lo volví a ver.

De Spinetta escuchabas las historias más disparatadas. ¡De creerlo un ser de luz total, venido a la tierra para liberarnos a enterarte que era fanático de River! ¿Quién podía sospechar que Spinetta se detendría en algo tan banal como el fútbol?.

O bien enterarte de sus celos pasionales, de sus histerias que podían llevarlo al llanto como un niño porque la portada de su disco no había sido como él pretendió que fuera.

Y qué de sus fanatismos repentinos como cuando solo escuchaba a Gino Vanelli o su enamoramiento con John Mclaughlin que lo llevaron a una vana imitación de velocidad guitarrística con Spinetta Jade que por suerte no prosperó.

Un día, siendo director del Expreso Imaginario, recuerdo tenerlo al lado mío con su cuaderno Arte azul en el cual había escrito largos discursos que no paraba de leerme en voz alta para escuchar mi opinión o para escucharse a sí mismo. Porque si de algo tenías que enterarte era que Spinetta cuando hablaba o escribía u opinaba, siempre tenía la razón...y si no pensabas que la tenía igualmente te sentías un gusano venido a menos. Spinetta se las ingeniaba siempre para que sintieras que te estabas perdiendo algo inédito en el mundo; algo repleto de seres invisibles que solo él podía ver y que no estaba demasiado dispuesto a regalarlos así como así.

Nadie sabe a ciencia cierta cómo formó esa personalidad entre egocéntrica y frágil como un papel. Un día le dije que no entendía Invisible y su mirada me atravesó. Otro día me dijo que Peter Hammill le parecía un nazi cantando solo por el hecho de que habías mostrado admiración por otro que no fuera únicamente èl. Ni hablar del día en que alguien osó comparar Invisible con ciertas influencias de King Crimson. Todavía se escuchan sus gritos en la redacción.

Y ahora también recuerdo cuando cubrí la gira de la vuelta de Almendra por todo el interior presentando “El Valle”. El malestar, el enojo, de Spinetta había crecido fuera de toda proporción porque Edelmiro Molinari habií vuelto de Estados Unidos fanatizado con el tiro al arco. Edelmiro llevaba consigo toda la parafernalia profesional de un tirador y el alma sensible de Spinetta no podía soportar verlo lanzar flechas a los árboles. Por el amor de Dios...estaba lastimando la naturaleza, estaba hiriendo a los árboles y eso, en la mente de Spinetta, resultaba algo inadmisible.

Pero su atrapante figura se formó así. Y también lo que lo convirtió en un ser único. Es más: estoy convencido, como tantos, que nadie en el mundo entero ha hecho una música ni siquiera parecida...y aunque escuché su furia porque la CBS de Estados Unidos en una gacetilla de prensa había dicho que Pescado Rabioso era una suerte de Led Zeppelin, sigo creyendo que su material es definitivamente una novedad insondable. Spinetta ha sido el ser humano que uno más tardaba en reconocer justamente como tal. Cientos de capas lo cubrían para evitar ser considerado un ser de carne y hueso. Y de alguna forma,de tanto insistir, lo logró.

Todo un mundo...desde los tiempos en que gastábamos sus discos hasta los largos períodos en que dejamos de escucharlo o nos perdimos la otra mitad de su carrera. La carrera de un músico único en el rock nacional. Quiero decir: comparemos cualquier tema de Spinetta con el de otro y veremos que ni siquiera podríamos sacar los tonos de una canción. Sus letras rara vez bajaban a una Avenida Rivadavia o si decía “Las palomas de Plaza de Mayo” creíamos que se trataba de una humorada ¡o de un mensaje cifrado!

Lejos de Páez, de Charly, de los Redondos, de Tanguito, de los Abuelos, de Sumo, de cualquiera, Spinetta realmente formó su propio universo y sus productos funcionaron como si se trataran de simple rock and roll. Es más: sus conciertos se escuchaban de sentado y en teatros. Ni clubes ni mucho menos discotecas. Si uno lo compara, todos los demás parecen una feria hippie de Plaza Francia y él...un Museo de Arte Moderno y Contemporáneo. Una personalidad tan compleja, quejosa, divertida, surrealista, retorcida, hiperquinética, como la de este...como decirlo....muchacho de bajo Belgrano.

Federico Andahazi, escritor

La sustancia de los ángeles

Recuerdo como si fuera ayer el reencuentro de Almendra en Obras a comienzos de 1980. Entre tema y tema, desde el público le gritaban a Spinetta el clásico “no te mueras nunca”. De pie en el medio del escenario, con esa delgadez sobrenatural, El Flaco contestó: “haremos lo posible”. Y cumplió. Desde que me enteré de la noticia no he podido dejar de preguntarme por qué existe tanto longevo hijo de puta y tipos como El Flaco, almas bellas, privilegiadas, se van tan temprano. Del desconsuelo, sin embargo, surge una respuesta: los monstruos cuando se mueren, se mueren. Spinetta, en cambio, está llamado a multiplicarse. Los acordes inauditos, únicos, que inventó El Flaco perdurarán de guitarra en guitarra, de voz en voz hasta hacerse carne otra vez. Eso es, lisa y llanamente, la inmortalidad.

Spinetta es imprescindible. Uno de esos pocos tipos que fueron señalados para dejar una marca en su paso por la vida. Quiero decir: El Flaco hace falta.

Entrando en la adolescencia, empecé a escuchar música con Spinetta. Fue lo primero que experimenté, aún antes de otros clásicos comunes para mi generación como Sui Generis. El Flaco fue el primero. Y, es curioso, porque tuve que dar una vuelta completa en mi vida para reencontrarme con él en los últimos años, luego de recorrer un largo camino que me fue alejando del pop y del rock hacia otros géneros. Un deambular que se inició allá por los '70 con Pescado Rabioso, en la época del Spinetta “heavy”, y que luego me abrió las puertas a la música de Led Zeppelin y Deep Purple.

Ya entonces, en muchos aspectos, no pasaba desapercibido que Spinetta era un adelantado. Después, y supongo que le pasa a todo el mundo a medida que uno va dejando atrás la adolescencia, me aparté del rock y me fui aproximando al jazz, a la fusión de géneros de comienzos de los ochentas. Y me sorprendí al toparme con El Flaco en el camino una y otra vez, como si también él fuera transitando su propio sendero a través de diversos estilos.

A diferencia de muchos músicos que se mantienen en un mismo género, Spinetta era un artista naturalmente inquieto, de una versatilidad poco frecuente y de una enorme capacidad compositiva y poética. De alguna manera, me atrevo a sugerir que Spinetta fue nuestro David Bowie, un tipo que supo ir mucho más adelante de las tendencias, incluso de aquellas que sonaban en otras latitudes.

Elegir un tema de su infinita discografía me resultaría imposible. Casi con seguridad, debería ser algo de “Pescado Rabioso”. Pero aún así no podría hacerlo, no importa cuánto me esmerara. Por una razón: aquel disco no puede concebirse sino como un todo completo, una sumatoria de canciones que adquieren sentido en el conjunto. Es frecuente leer o escuchar de Spinetta y sus dotes poéticas. Para mí, El Flaco no era un autor de canciones sino de discos. Y no solamente discos: eran etapas. “Artaud” no fue solamente un disco, fue el manifiesto de una época. Sus trabajos cerraban etapas. Y eso permite escuchar a Spinetta como un clásico. Cada una de sus canciones era una suerte de Opus, siempre parte de algo mayor.

Se dijo hasta el hartazgo: Spinetta es único. Artistas como él son una excepción y constituyen, de alguna manera, la síntesis de una época. No es posible entender su obra sino en el contexto de un movimiento mucho más amplio que aquello que, genéricamente, se considera el rock. El Flaco es parte de la literatura argentina. Su poesía es comparable a la de los poetas del tango: a Homero Manzi, a Cátulo Castillo y a Celedonio Flores. Más allá de su talento, más allá de ser él mismo un iluminado, supo sintetizar en su figura y en su obra el significado de la música y la poesía argentina.

Siempre estaba envuelto en un curioso halo de luz. No es metáfora. Había algo que lo hacía reconocible aún a la distancia y de espaldas, como me sucedió una y mil veces, al cruzarlo por las calles de Colegiales o Belgrano en las que éramos vecinos.

Spinetta tenía una materialidad etérea, casi incorpórea. “Flaco” era el modo en que los simples mortales intentábamos definir esa sustancia intangible de la que están hechos los ángeles.

Santiago Kovadloff, ensayista y poeta

No lo olvidaremos

Escribo estas líneas mientras me encuentro en Uruguay. Acabo de recibir la noticia de la partida de Luis Alberto Spinetta y me cuesta trabajo asimilarla. Quizás por todo lo que él significa para los argentinos y para nuestra cultura.

Hay un momento en el que la música popular se encuentra plenamente con la poesía, no solamente en el campo del folklore que ya venía ocurriendo con Atahualpa y Mercedes Sosa, pero también en la composición urbana. En Brasil, Chico Buarque de Hollanda fue una de sus máximas figuras y, entre nosotros, Spinetta representó algo muy similar. Fue a través suyo que la música urbana se reconcilió con la poesía y ese cruce fue de una inmensa fecundidad para ambas artes.

Spinetta fue un artista excepcional y, a la vez, la expresión de su época. Ambas situaciones son perfectamente conciliables. Se pude ser un artista excepcional y, por eso mismo, la expresión por excelencia de los tiempos en los que están insertos. Porque toda época alcanza su paradigma más representativo a través de figuras excepcionales. Spinetta encarnó algo fundamental en la sensibilidad urbana, más allá del tango. Y eso es lo que lo volvió y lo vuelve ahora inolvidable.

Además, Spinetta logró algo inusual y es que varias generaciones se sintieran representadas por su concepción de la palabra y de la música. Abuelos, padres e hijos compartiendo las mismas canciones sin importar el paso del tiempo. Nuestra identidad se ha constituido con su música. Por eso no lo olvidaremos nunca, porque todos los hombres, aún aquellos que nos aproximamos ya a los 70 años, supimos reconocer en su obra esa hermandad indispensable entre la música y la poesía. Y valorar su aporte a nuestra cultura.

Norberto "Beto" Alonso, ex futbolista

Gracias por lo que me diste

Mi primer recuerdo con “El Flaco” es la visita que me hizo a una casa que tenía en Florida. Vino un día a con toda su familia y estuvimos conversando mucho. Nos la pasamos hablando de nuestro querido River Plate. Él era uno de los tipos más fanáticos del club que yo conocí. No fue la única vez que nos vimos. Otra vez, vino a la quinta de Salvatori, cuando concentrábamos para el Mundial de 1978. Después de haber cantado varias canciones, me acuerdo que “el Flaco” pidió disculpas a los demás jugadores. “Espero que no se enoje ninguno, pero yo tengo mucha admiración con el Beto y, por lo tanto, quisiera cantarle una cancion a mi ídolo”, dijo ese día. Ahí tocó “El Anillo del Capitán Beto”.

Ésas son las cosas lindas de la vida. Yo intenté devolverle todo a él con jugadas, con goles, con cariño y con amor.

Por suerte, con el tiempo, pude ir al camarín y agradecerle todo lo que me había dado.

Alejandro Pont Lezica, disc jockey argentino

Un legado de belleza

Nunca estamos preparados para dejar ir a alguien que tanto le ha dado a la vida de uno. Luego de las primeras imágenes que llegan a tu mente aparecen en la calma y la reflexión lo que has recibido de esa persona. Esa reflexión recupera la alegría y el agradecimiento por haber sido receptor de eso que recibiste, por haber podido compartir su vida de alguna manera.

Los que crecimos con su música sabemos qué momento elegir de su trayectoria y cómo acceder a sus discos, una obra de invalorable importancia en la cultura de nuestro pueblo. Pero ¿cuál es el camino que tiene la nueva generación para encontrarse con Luis?

Se me aparecen algunos de los discos esenciales de su discografía y me animo a pensar que esta recomendación podría servir para abrir la puerta a todos los demás.

Almendra (el hombre de la lagrima) del ´69 es la llave de entrada al mundo de Luis. “Artaud” de Pescado Rabioso editado en 1973 es uno de los escalones superiores de su música, por su poesía y armonía.

La etapa junto a Pomo y Machi en Invisible es super valiosa. “El Jardín de los Presentes” del ´76 es uno de los momentos mas álgidos de la música argentina.

“Alma de Diamante” (1980) y “Bajo Belgrano” (1983) de su época de Spinetta Jade ofrecen letras profundas y música virtuosa.

Los discos firmados como Luis Alberto Spinetta que no deben faltar entre los esenciales  son: “Mondo di Cromo” del ´83, “Tester de Violencia” del ´88,”Peluson of Milk” del 91, “Para los Árboles” de 2003 y “Un Mañana” de 2008.

Otros momentos claves son “San Cristóforo” junto a Los Socios del Desierto y el concierto del 4 de diciembre del 2009 atrapado en Spinetta y Las Bandas Eternas.

Hay que volver a comprar su música y regalarla como un verdadero tesoro. Hay que escucharla y difundirla porque cada vez que suene una canción de Luis la vida será más bella.

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