domingo, diciembre 8, 2019

NOTICIAS URUGUAY | 03-12-2019 10:57

Quiebre histórico

El triunfo de Lacalle Pou da paso a un nuevo Uruguay político cristalizando una alternancia característica de las democracias plenas.

Con lo justo. Así ganó Luis Lacalle Pou el balotaje contra Daniel Martínez, un resultado inesperado de acuerdo al pronóstico de todas las encuestas. Pero ganó, en un hecho histórico, que quebró un ciclo de tres gobiernos frenteamplistas y que abre una nueva etapa en el país.

Un resultado que, además, debe sumarse a lo ocurrido en octubre para tener un panorama completo del proceso electoral, cuando el Frente Amplio había bajado su votación al 39%: Lacalle Pou será presidente -el segundo más joven de la historia del país- y acompañado por Beatriz Argimón, contará con una coalición de cinco partidos que le asegura una cómoda mayoría parlamentaria.¿Cuánto durará esa coalición? Nadie lo sabe, pero sin duda lo suficiente para aprobar y respaldar los principales proyectos y cambios que el líder blanco propone y que acordó con sus socios. Resulta difícil pensar que cualquiera de sus componentes pueda pasar a hacer oposición al menos en el corto y mediano plazo. Y mucho menos con un perfil que lo asocie al Frente Amplio.

Lo ocurrido el domingo debido a la estrechez del resultado, sorprendió a todos, incluidos los dirigentes del propio Frente Amplio, algunos de los cuales ya admitían una derrota amplia y hablaban de responsabilidades públicamente, apenas se abrieron las urnas para el conteo de los votos. También, por supuesto, al propio Martínez, lo que quedó plasmado en la desmedida euforia que mostró en el estrado en su primer discurso postelectoral, en el que se negó a reconocer el triunfo de Lacalle. En ese no reconocimiento perdió una gran oportunidad para exhibirse con una altura de estadista fuera de discusión, que con el respaldo de más de un millón de votos, le pudo haber dado una dimensión muy importante. Su omisión resultó mucho más evidente cuando un rato más tarde, en otro punto de Montevideo, Lacalle contrastaba la actitud de Martínez con la del presidente Tabaré Vázquez, que sí lo había llamado por teléfono.

Paralelamente otros dirigentes como el último jefe de campaña, el intendente canario Yamandú Orsi -hombre de Mujica- reconocían que Lacalle Pou era el casi seguro presidente. De alguna forma, Martínez pese a la euforia que logró trasmitir a los presentes en el acto frente al hotel en el que esperó el resultado, quedaba otra vez en una postura diferente a las de otros dirigentes de peso de la coalición de izquierda. Esa fue una oportunidad de dar un paso para consolidarse no sólo como el candidato de la izquierda, sino también para pelear su liderazgo.

En ese sentido resultó claro que muchas de las palabras de Martínez iban dirigidas a la interna frenteamplista y en particular a aquellos que no creían que fuera posible la levantada que finalmente ocurrió. Esas frases tenían una dedicatoria especial para algunos dirigentes como Mujica, que pocas horas antes había explicado que la soledad de Martínez en su campaña, en particular la de octubre, había sido por decisión del propio candidato; y dijo que él no va a donde no lo invitan. Martínez respondió que Mujica es “inimputable”. Dicho sea de paso, su ausencia en el búnker de Martínez en la noche del domingo, no pasó desapercibida.

El ajustado resultado dejó planteadas preguntas en relación a las causas del mismo, así como interrogantes y desafíos respecto al nuevo presidente y al Frente Amplio. Pero la estrechez del margen, no puede ocultar lo principal: que Lacalle Pou será presidente y el gobierno cambiará de signo. Por lo pronto han sido varias ya las elecciones que se definieron por un margen muy estrecho y eso nunca quitó legitimidad a los presidentes.

Tanto en la interna, como de cara a octubre y respecto al balotaje, Lacalle realizó una campaña impecable, libre de errores, con un discurso consistente y claro. No cayó en provocaciones y mostró una gran madurez en relación a lo que había ocurrido cinco años atrás.

La misma noche de las internas, sorprendió a todos anunciando a la ex diputada Beatriz Argimón como su compañera de fórmula. Y luego de la primera ronda, otra vez en la misma noche de la votación, quedó armada la coalición cuando uno a uno los líderes opositores anunciaban su respaldo al candidato blanco.

Lacalle Pou, por todo lo dicho, emergió del proceso electoral como líder indiscutido del Partido Nacional. No fue sólo el ganador de la interna y el desafiante del Frente Amplio como cinco años atrás.

Ahora le esperan retos muy complejos, con un país con serios problemas económicos, con un déficit fiscal de casi cinco puntos y desocupación, la inseguridad pública en un punto muy alto y una compleja situación en materia internacional, entre otros puntos. Su primer reto, será el de consolidar la coalición y armarse con la fortaleza necesaria para resistir los embates políticos y sindicales que sin lugar a dudas llegarán más temprano que tarde. En ese sentido, el mayor desafío lo presenta el alineamiento del general Guido Manini Ríos y Cabildo Abierto, novedades absolutas en el escenario político y fuentes de dudas e interrogantes.

Mucha gente se preguntó el domingo y los días siguientes qué había pasado para que el balotaje fuera mucho más cerrado de lo previsto; qué había cambiado entre los últimos registros de las encuestas, el miércoles previo al balotaje, y la votación del domingo. O dicho de otra forma, qué variables habían alterado los pronósticos, qué nuevos elementos se habían precipitado en esos últimos días. Y en ese sentido hubo dos hechos novedosos: el factor Manini, desencadenado por el video del militar retirado, y el voto exterior. Los pronósticos más conservadores establecían que la diferencia entre los dos candidatos era de 5 puntos, por lo que la captación del 2.5, ya llevaría las cosas a una situación de empate.

Al momento de ensayar una explicación no parece improbable que una parte cercana a ese porcentaje de electores primariamente resueltos por Lacalle, tuvieran su voto en una situación de debilidad proclive a cambiar ante un hecho como el del video de Manini, reforzado además por el terrible artículo de la revista de la Cooperativa de Ahorro y Crédito de las Fuerzas Armadas (CAOFA). Fue un golpe para la cuidadosa campaña de Lacalle, aprovechado por el Frente Amplio a través de las redes. El comunicado fue distribuido como hace habitualmente por el Centro Militar. Hubo, por lo tanto, un grave problema de contenido -no muy novedoso para el pensamiento más radical de los militares retirados- y otro de oportunidad.

Manini se quejó el domingo que habían aprovechado electoralmente su video. ¿Y qué esperaba? En un momento crítico, cuando las encuestas anunciaban lo que anunciaban, los frentistas se agarraban de lo que podían y esto les vino justo. Manini debe entender que ahora juega en otro cancha; optó por la política y tiene que acostumbrarse a sus reglas.

Al factor Manini, se puede agregar la votación del exterior, que por menor que haya sido, sumó para ese porcentaje que al final no era tan amplio, al menos para el empate.

El resultado también plantea incógnitas respecto al futuro del Frente Amplio y en particular al papel que habrá de jugar Daniel Martínez, cuya euforia del domingo se debía en gran medida al mensaje que esos votos podían significar para sus adversarios internos.

Había, no hay dudas, quienes ya estaban planificando la “crucifixión” política del ex intendente: es lo que hubiera ocurrido si el triunfo de Lacalle se hubiera alineado con las encuestas. Ese escenario no hubiera sido justo con Martínez quien realizó una campaña muy cuestionable, con decisiones erróneas y un discurso errático -hecho que quedó claramente demostrado con el resultado de octubre- pero que también cargó sobre sus espaldas con temas que no eran de su responsabilidad.

Más de una vez se planteó durante la campaña qué era lo que votaba la gente en el balotaje, ¿al candidato o al partido? El propio Martínez se contradijo: comenzó diciendo en su primer discurso luego de la elección de octubre, que la cuestión sería entre candidatos y no partidos, pero luego alternó las hipótesis. Algunos dirigentes del Frente Amplio parecían resueltos a considerar, en el anunciado caso de una derrota amplia, que el responsable era Martínez. Apenas se abrieron las urnas, en declaraciones públicas, así lo insinuaron no sólo Orsi, como ya se señaló, sino también Carolina Cosse, la segunda de la interna, dejada de lado por Martínez en la fórmula frentista, hecho que le generó notorio malestar.

Pero ahora, cuando Martínez remontó y se llevó más de un millón de votos ¿qué piensan aquellos que iban a personalizar la derrota en el ex intendente? ¿Quién carga con la remontada, el Frente Amplio o Martínez?

El resultado le abrió espacio para un futuro político a Martínez, aunque deberá sortear un problema para nada menor: la construcción de un escenario desde el que hacerse visible. No es legislador, ni será ministro porque el gobierno cambió de signo. Le quedarían como opciones un intento por volver a la Intendencia, cargo para el que ya existen varios postulantes de peso en el Frente, o, quizás, ganar la Presidencia de la coalición de izquierdas en la próxima interna. Ya sabe de desafíos internos triunfantes. Y en una hipótesis de máxima, podría llegar a pensar en liderar un sector moderado que equilibre una interna del Frente que a través de su nueva bancada quedó muy escorada a la izquierda.

El Frente Amplio, de todos modos, no puede olvidar lo de octubre y conformarse con ese casi empate en el balotaje: se debe una profunda autocrítica sobre aspectos relativos a su funcionamiento y a la gestión del gobierno, incluyendo su decisión de prescindir de manera permanente de la oposición exponiendo muchas veces una soberbia que fue castigada en octubre.

El Frente tiene problemas de conducción y liderazgo producto en buena medida del hecho de que en la práctica y sobre todo en el proceso de toma de decisiones, es cada vez más coalición.

También el resultado constituye un reto para el PIT-CNT que deberá enfrentar este nuevo mapa con estrategias cuidadosas, en particular luego de haberse embanderado de una forma que no tiene precedentes en el Uruguay, criticada desde adentro de la central; una especie de peligrosa “CGTtización” al estilo peronista.

El triunfo de Lacalle Pou da paso a un nuevo Uruguay político cristalizando una alternancia característica de las democracias plenas, hecho que el propio Tabaré Vázquez elogió. La realidad varió por completo, no sólo por el triunfo del líder blanco, sino también porque el Parlamento cambió sus colores. El 15 de febrero asumirá ese nuevo Poder Legislativo y el 1° de marzo el nuevo presidente y su gobierno con la legitimidad del voto de la gente.

*PERIODISTA. Doctor en Diplomacia y Magister en Ciencia Política, director editorial de NOTICIAS Uruguay.

por Alfonso Lessa*

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