jueves, noviembre 14, 2019

NOTICIAS URUGUAY | 03-11-2019 17:23

Un ciclón político

La elección de octubre, gane quien gane la segunda ronda, ya cambió por completo la realidad político partidaria del país.

El mes de octubre terminó con fuertes vientos de cambio en Uruguay: la amplia mayoría de votos que obtuvo la oposición y la gran caída en el apoyo electoral al Frente Amplio, abrieron uno de los escenarios más complejos que podían presentarse para el candidato del oficialismo Daniel Martínez y el mejor posible para el blanco Luis Lacalle Pou en relación al balotaje de noviembre.

En cualquier caso la elección de octubre, gane quien gane la segunda ronda, ya cambió por completo la realidad político partidaria del país, lo que se refleja en un nuevo Parlamento con una ecuación de poderes muy distinta a la de los últimos 15 años.

Este cambio permite muchas lecturas, sobre sus razones y sus consecuencias. Y para empezar deja dos caminos para gobernar, según quien gane en noviembre: Lacalle Pou ya anunció una coalición y todos sus socios expresaron su respaldo. La situación de Martínez es muy diferente: no parece posible que pueda formar una coalición con sector alguno de la oposición y por lo tanto le quedaría la alternativa de gobernar buscando acuerdos puntuales, proyecto por proyecto. Desde ese punto de vista, la realidad dejó una tarea mucho más compleja para Martínez que de paso cuestiona uno de los elementos centrales de su discurso: la certeza. “Gobernabilidad” es lo máximo a lo que puede aspirar, según dijo él mismo el lunes siguiente a la elección.

El nuevo escenario -que supone modificaciones importantes al sistema de partidos- también incluye otros factores: la fulgurante aparición de Guido Manini Ríos y Cabildo Abierto con una bancada impensable poco tiempo atrás, y la ratificación de la gran preocupación pública por la inseguridad. El hecho de que la reforma constitucional propuesta por el senador Larrañaga no haya sido aprobada (por poco) no puede esconder el apoyo a la misma de más de un millón de uruguayos, que no fueron convocados por ningún candidato presidencial.

Al nuevo escenario -con cuatro partidos relevantes en el Parlamento- se deben agregar la aparición parlamentaria del PERI, la modesta votación del Partido de la Gente y la fuerte caída del Partido Independiente.

De triunfos y derrotas. Hay triunfos que pueden leerse como una derrota, y derrotas que en realidad, constituyen un triunfo. Es claramente, lo que pasó durante el último domingo de octubre. Sin duda hay motivos diversos parta intentar explicar este fenómeno, entre los que destacan: 1) la campaña de Lacalle Pou; 2) aspectos de las gestiones de los últimos dos gobiernos, en particular en algunas de las áreas más sensibles; 3) la actitud de los partidos que componen el Frente Amplio en relación a Martínez; y 4) el comportamiento del propio Martínez en la campaña.

Lacalle Pou. El candidato blanco desarrolló en la interna y para octubre una campaña irreprochable: sólido, sin errores, sin entrar en provocaciones, mostrándose mucho más maduro que cinco años atrás y manejando adecuadamente los tiempos y su perfil público. En buena medida la campaña de Lacalle Pou se puede sintetizar en dos puntas de su actuación: por una parte, la noche de su triunfo en la interna, cuando anunció allí mismo a Beatriz Argimón como compañera de fórmula; y por otra lado, el discurso que pronunció el domingo 27 ante sus partidarios, parándose como un presidenciable, sin soberbia, y llamando desde allí a la formación de un gobierno de coalición. La designación de Argimón implicó anticiparse a su rival, con una mujer de amplia experiencia parlamentaria, feminista y con buenas relaciones en todos los partidos. Además, luego de su triunfo en la interna, Lacalle Pou encolumnó a todo el partido y logró salvar exitosamente los resentimientos que en algún momento provocó el factor Sartori. Lacalle solo no podrá hacer nada, pero con los colorados ya tiene la mayoría relativa del Parlamento. Y por supuesto que los votos de Manini le serán muy importantes. El acuerdo con el general retirado será uno de los principales objetos de crítica en la campaña para el balotaje, pero sin embargo el lunes siguiente a las elecciones, Mujica legitimó esa alternativa al afirmar que el propio Frente podría lograr acuerdos con Cabildo Abierto.

Las brechas del gobierno. En cuanto a los factores intrínsecos a la propia izquierda, cabe destacar en primer lugar las brechas que dejó el oficialismo a la oposición en temas varios y que incluso opacan los logros que podría exhibir el oficialismo. Queda claro, como ya se expresó, que la inseguridad constituye un problema crucial para los uruguayos y parece un error a esta altura irreparable, que el gobierno no haya dado al menos una señal de cambio al mantener de modo irreductible en sus cargos a los responsables del área. El ministro Bonomi y su equipo seguramente se manejaron con la mejor intención y han dado pasos positivos en materias como el equipamiento de la Policía y las mejoras salariales. Pero no lograron detener la inseguridad, con cifras alarmantes en materia de robos, rapiñas y homicidios. El argumento de que siempre, en todo los gobiernos, aumentaron los delitos, no resulta válido cuando se multiplica del modo actual. Y mucha gente lo percibe así. Negarlo, es negar la realidad.

 

Este asunto trae otro de la mano: el dudoso beneficio que puede haber provocado a Martínez el hecho de haber anunciado -con tanta anticipación además- que su eventual ministro de Interior, sería alguien del propio riñón de Bonomi. Y esto mucho más allá de las virtudes que se le puedan reconocer a Gustavo Leal.

A la inseguridad se suman otros temas como la economía, con un déficit del 5%, la pérdida de fuentes de trabajo y el incumplimiento de las promesas electorales respecto a que no habría un ajuste fiscal. Y a esos se agregan los problemas en la educación, problemas sociales nunca vistos antes como más de dos mil personas durmiendo desparramadas en las calles de Montevideo y la continuidad de los asentamientos como el primer día o peor que cuando el Frente llegó la Intendencia hace treinta años, cuando Tabaré Vázquez prometió erradicarlos. Y la corrupción: un vicepresidente que debió renunciar, un diputado que debió dejar sus fueros, Envidrio, un senador que no fue procesado por temas formales pero mereció un duro juicio del fiscal, una senadora trans con varios delitos, los problemas de ASSE, los ecos de Pluna (con el procesamiento de un ministro y el presidente del BROU) y Alas-U, la regasificadora que nunca existió pero costó mucho dinero, los 800 millones de dólares de pérdida de ANCAP. Los oscuros negocios con Venezuela: fue Alberto Fernández y no Mauricio Macri quien reveló públicamente este año que los bolsos con dinero venezolano detectados en Argentina venían a Uruguay, información que había adelantado en círculos reservados hace largo tiempo. A lo que se suma una política exterior que tuvo en el caso de Venezuela su expresión más dramática. Es decir, un cúmulo de hechos que fue generando un sentimiento de malestar que cuesta comprender cómo no fue captado por el oficialismo.

Como si fuera poco, el presidente cometió un error muy caro -que se suma al mencionado en materia de seguridad- cuando se negó a recibir en un momento a delegados del campo: ese hecho dio vida o un gran empujón al movimiento que derivó en Un Solo Uruguay. La historia ha marcado que es muy difícil ganar teniendo al campo enfrente: sino, véase lo que pasó en 1958 cuando los blancos ganaron después de casi un siglo; o, mucho más acá, la visión que tuvo José Mujica tejiendo laboriosamente apoyos en el interior.

El apoyo. Otro factor que no puede desconocerse, es el del tibio apoyo que recibió en los hechos Martínez dentro del propio Frente Amplio, producto de viejos cuestionamientos y vetos que lo colocaron en una posición muy difícil. Incluso haber ganado la interna del modo que lo hizo, bien puede considerarse casi una hazaña política de Martínez. Sabido es que el candidato frentista no cuenta con simpatías en el MPP, ni en la dirección actual del Partido Socialista ni en el Partido Comunista, que lo llamó al orden cuando osó criticar a la URSS. Un ejemplo ya mencionado pero muy claro: cuando al comienzo de la campaña fue presentado el libro sobre su vida, escrito por el periodista Antonio Ladra, no había dirigentes del ala ortodoxa del Partido Socialista y hubo una escasa o nula presencia de dirigentes destacados de otros sectores. Lisa y llanamente le hicieron el vacío.

No hubo entusiasmo de los líderes en la campaña y ocurrieron hechos, como buena parte de la campaña de la 609, en la que Martínez ni siquiera era mencionado. Todo ello conspiró contra el resultado electoral del Frente, desanimó a muchos votantes y corrió a otros.

El candidato. Finalmente, en ese complejo marco, se puede analizar el desempeño del propio Martínez en la campaña. Y no fue el mejor.

Su primer error fue la designación de su compañera de fórmula, Graciela Villar, seguramente muy respetable en algunos círculos, pero una desconocida para la amplia mayoría. En una campaña dirigida en buena medida a competir por los votantes del centro, no le aportó nada. Más bien lo contrario, ya desde su famosa frase de “oligarquía o pueblo”. La designación fue realizada de apuro y por descarte después de recibir más de una negativa de otras eventuales candidatas.

Martínez, preso de las contradicciones planteadas entre la necesidad de captar votos de centro al mismo tiempo de contemplar a los sectores y militantes más duros, realizó un discurso muchas veces zigzagueante y con errores incluso conceptuales que no puede cometer.

Quizás nada exhiba las contradicciones como la reiterada apelación que realizó el último domingo de octubre a Wilson Ferreira Aldunate y Batlle y Ordóñez, cuando poco tiempo antes (como se señaló en la columna pasada) había criticado con dureza lo hecho por los colorados y blancos en 70 años, periodo que incluyó gran parte de los logros de batllismo y del neobatllismo -incluidas la creación de los tan reivindicados Consejos de Salarios- y en el que actuó precisamente el fallecido caudillo blanco.

Ahora dos personas compiten por el balotaje: uno, no sólo es candidato, sino líder de su partido y reconocido por sus posibles socios como jefe de una coalición multipartidaria; el otro, candidato, pero no líder. Las cosas no están totalmente definidas, pero Martínez tendrá que remar mucho y cuesta arriba. La nueva composición interna del Senado frentista de 13 bancas, (de las cuales 5 son del MPP, 1 del sector ortodoxo del PS y 2 de la lista del PCU y su aliada, Carolina Cosse) tampoco lo ayuda en lo que necesita: ubicarse en el centro.

Una autocrítica -como la que no hace mucho realizó Astori- ayudaría mucho al Frente a saber exactamente dónde está parado.

Los días vuelan, los candidatos necesitan estrategias claras y cada error puede costar muy caro.

*PERIODISTA. Doctor en Diplomacia y Magister en Ciencia Política, director editorial de NOTICIAS Uruguay.

por Alfonso Lessa*

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