Lunes 1 de junio, 2020

OPINIóN | 28-03-2020 10:44

Ataques de pánico: ¿Pánico a qué?

En la cotidianeidad de la clínica, los relatos de los síntomas, suelen ser mezquinos y poco descriptivos, dado que el miedo los paraliza de tal manera que quedan limitados para hablar.

Exacerbado por la aparición de la Pandemia del Coronavirus, uno de los síntomas recurrentes por los que los pacientes consultan y demandan iniciar un tratamiento psicoterapéutico, son los llamados “Ataques de Pánico”.

El pánico se define como un miedo muy intenso, extremo, que a menudo es colectivo y contagioso, pero que paradójicamente, a diferencia de cualquier cuadro viral de transmisión por contacto, es absolutamente subjetivo y singular.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) y la NIMH (National Institute of Mental Health) caracterizan al Ataque de Pánico como un grupo de síntomas de aparición súbita, sin motivo aparente y de pocos minutos de duración.

Pero, sin embargo, lo que la OMS ni la NIMH dicen, es que esos pocos minutos, suelen ser vivenciados por el paciente como una eternidad y que, una vez atravesado el episodio, el miedo queda desplazado a la repetición del Ataque, es decir, los pacientes temen volver a tener un Ataque de Pánico.

En la cotidianeidad de la clínica, los relatos de los síntomas, suelen ser mezquinos y poco descriptivos, dado que el miedo los paraliza de tal manera que quedan limitados para hablar. Dentro de las pocas palabras que pueden expresar, las más insistentes son: miedo extremo, ansiedad, taquicardia, presión en el pecho, sensación falta de aire u ahogo, pero lo más aterrador, es que todas estas sensaciones convergen en una sola sensación: que van a morirse. En principio, no pueden decir nada más, y nada menos, al respecto, sólo que se desencadena e intensifica en ámbitos multitudinarios, de aglomeración, de encierro, con pocas posibilidades de escaparse de la situación.

De la definición del síntoma, Ataque de Pánico, un paciente se apropia, luego de haber padecido un primer episodio donde, acudiendo a un servicio de guardia médica, es asistido por un profesional -médico clínico-, que al realizarle los estudios de rutina y al no observar anomalía alguna, lo diagnostica con este nombre y le indica una medicación psiquiátrica, generalmente ansiolítica. Afortunadamente, muchos de estos profesionales no tan adscriptos al discurso de la ciencia, advierten la necesidad de la intervención de un profesional de la salud mental, indicándoles iniciar también un tratamiento psicológico, acompañando la medicación.

Debemos tener en cuenta que, si bien la prescripción de la medicación psiquiátrica es necesaria en un paciente angustiado por la situación, sólo logrará hacer una “pausa” en el síntoma, tranquilizando temporalmente. Esta indicación es, en primera instancia, una solución acertada y relativamente inmediata, pero no deberá ser la única manera de abordar la problemática. Los psicofármacos en general, provocan una ficción en el paciente de estabilidad emocional, pero es necesario decir que, en cuanto prescinda de éstos, volverá a su estado anterior y reaparecerá el síntoma. La medicación psiquiátrica no cura.

Por esta razón, para aliviar su padecimiento y llegar en algún momento a deshacerse o reducir el síntoma, el paciente deberá iniciar un tratamiento psicoterapéutico, y aquí me abstendré de sugerir la orientación, pero de lo que no me abstendré es de decir que, lo fundamental, será que este espacio dé lugar a su palabra, dé lugar a la implicación subjetiva en lo que le sucede “¿Qué tengo qué ver yo en esto que me está pasando?”, que dé lugar a poder desmadejar, desentramar este significante “pánico”, que lo aterra, y que, por más que se presente de manera similar en diferentes pacientes, tiene un sentido único para él. 

Si bien no es un momento adecuado para iniciar un tratamiento en forma presencial, estamos ante una paradoja relacional, porque, en época de aislamiento extremo, tenemos la ventaja de estar hiperconectados, por lo cual los pacientes y los profesionales, podemos optimizar las Aplicaciones como Skype, WhatsApp u otras, para continuar los tratamientos que ya estaban en curso o para iniciar otros.

Sólo a través del trabajo psicoterapéutico una persona podrá encontrar una solución a su síntoma, llegando en algún momento a reducir, y hasta prescindir, de la medicación psiquiátrica.

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Paula Martino

Paula Martino

Psicoanalista.

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