lunes, febrero 24, 2020

OPINIóN | 22-01-2020 19:11

¿Comer 6 veces o ayunar? La loca guerra de las dietas

Mientras parte de la humanidad pasa hambre, médicos y nutricionistas no se ponen de acuerdo. Adelgazar es sano, ¿pero a qué precio?

La situación de hacer dieta en un mundo que contiene los dos extremos en materia de alimentación, el hambre y la abundancia, es sí misma paradójica. Pero en nombre de la salud, la estética o la eterna juventud en estos tiempos somos muchos los llamados a moderar el apetito y bajar de peso, claramente, los que fuimos favorecidos con la posibilidad de comer siempre y más de lo necesario.

Y allí vamos los dietantes tratando de conciliar la primera de las contradicciones del mundo del alimento, que como ya descubriremos, es un universo de mandatos encontrados y verdades insostenibles.

Primer paradoja: la misma sociedad que nos seduce con cientos de envases crujientes y coloridos de caramelos, chupetines, papas fritas, cereales azucarados, gomitas, chizitos y otras golosinas, desde la más tierna infancia, los califica luego de “chatarra”, “basura” y “veneno” y nos obliga desterrarlos.

Después de la adolescencia, la vida es territorio invadido por la restricción.

Los veganos restringen la carne, los “paleo” la comida cocida, los “keto” la glucosa, los naturistas los alimentos industriales. La restricción parece ser la marca de cualquier forma de comer que supuestamente conduzca a la salud.

Mientras tanto, nueva paradoja, la gastronomía es consagrada como una de las Bellas Artes y quien sepa apreciar los buenos vinos y una equilibrada sazón es un gourmandise digno de imitación.

Modas. En las mesas de las librerías se apilan cientos de libros que recomiendan el último método científico para sentirse bien y, lo más importante, perder peso. Pero analizarlos supone sumergirse en el territorio letal del disparate. Una dieta recomienda olvidarse de las harinas y apostar a las grasas, y otra olvidarse de las grasas y apostar a las verduras. Unas aman las frutas, otras las demonizan. Una propone comer 6 veces al día y otra ayunar durante 16 horas (esta se llama, “ayuno intermitente” y es la última moda). Otra muy novedosa indica comer cosas diferentes cada dos días para acelerar el metabolismo y todas proponen combinar poca comida con cantidades ingentes de actividad física, sin inmutarse al recomendar al mismo tiempo, dormir lo máximo posible. Hay quien sostiene que al cuerpo le conviene estar satisfecho para no acumular grasa, y quien declara que un poco de hambre alarga la vida.

La única coincidencia, repito, es que una dieta sana es restrictiva. Hay que sacar algo que nos guste de la alimentación de todos los días, sea lo que sea.

Por eso, comer se parece cada vez más a practicar una religión. Esto es, respetar un relato de un mundo en el que hay santos, pecadores y almas por capturar y redimir. Cosas que se hacen y cosas que no. Grupos de adherentes y gente que está en la vereda de enfrente (siempre hay una grieta).

El placer de comer, entre tanto, la reunión de la familia y los amigos en la mesa, parecen haber quedado en segundo plano. Hacer dieta en estos términos significa entrar en un terreno absurdo y desgastante, del que tal vez se salga flaco, pero muy difícilmente sano.

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Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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