jueves, noviembre 14, 2019

OPINIóN | 04-11-2019 16:41

El siglo "trans"

Ya nada parece ser lo que era, todo parece esfumarse al modo de las especies biológicas en extinción. La "forclusión" de Lacan y la mecánica del capitalismo.

Una característica de nuestra actualidad es el fenómeno “trans”. Si hasta hace poco lo transexual indicaba la pertenencia a un género independiente del anatómico, hoy además se aplica para prescindir también del género: ni femenino ni masculino dice el movimiento queer.

Originalmente utilizado como un término general para los individuos no binarios, ya intenta sobrepasarse con las famosas 112 maneras que intentan nombrar a los sujetos. Resulta muy interesante la lógica de tal procedimiento ya que, ni bien aparece una nominación, ella es rechazada por otra y así lo trans se extiende, abriendo la perspectiva de una deconstrucción permanente de toda identidad, lo que llevaría a la utopía de un sujeto que nunca pudiese ser identificado. Sin embargo, vemos que en el rechazo a lo que se denuncia como “etiqueta” impuesta por la cultura aparecen otras: las de los no identificados, nombres al fin.

Así lo “trans” parece no tener ya un límite, y podemos afirmar que se trata de un suceso que supera ampliamente el campo sexual para definir una de las aristas de nuestro siglo. Nietzsche anticipó este acontecimiento cuando se refirió a la transmutación de todos los valores reverenciados por Occidente, pero dudo que haya percibido los alcances insospechados de tal suceso. El ideal de una deconstrucción constante es la parodia del león depredador como figura del espíritu descripta en “Así habló Zaratrustra”, ese que ataca lo establecido desprendiéndose de la pesada carga del camello (Nietzsche).

Lo trans tiene un hoy un alcance ubicuo que rápidamente se observa cuando nos detenemos en pequeños detalles como, por ejemplo, cuando se reivindican los productos orgánicos, ya que lo que allí se demuestra es que en general han dejado de serlo. O cuando el dinero mismo se transforma en virtual.

Trans es un prefijo que significa más allá de, al otro lado, e indica sobrepasar un estado original llegando al punto de negarlo a tal extremo que hasta ya hay algunos que se consideran pertenecer a la transespecie, como el caso del británico que se cree perro dálmata. O transedad, como el de ese hombre que se considera una niña de seis años. Pero sin ir a tal grado de locura, el procedimiento de desustancialización de la realidad ha llevado a Paula Sibila a hablar del “hombre postorgánico” como figura de nuestra contemporaneidad.

Este fenómeno abarca múltiples territorios: el del cuerpo, cuando se dice haber nacido con el envase equivocado; el de los alimentos transgénicos, que hacen referencia a los derivados de un organismo genéticamente modificado; y el de la inteligencia suplida por la artificial, que representa un conjunto de disciplinas de software, lógica, informática y filosofía que están destinadas a hacer que las PC realicen funciones que se pensaban exclusivamente humanas.

Tal mecanismo también se encuentra en la dimensión lingüística del lenguaje políticamente correcto caracterizado por la proliferación de nuevos términos. En principio, se trata de eufemismos para sustituir vocablos que puedan ser ofensivos por otros que suenen mejor. Pero una vez desencadenado el proceso, no se sustituyen solo los términos ofensivos, sino que la dinámica misma de lo políticamente correcto lleva a la diseminación de más y más expresiones.

Ballester señala unas cuantas manifestaciones de lo políticamente correcto: interrupción voluntaria del embarazo (aborto), cesión permanente de niños (adopción), alternativa a la opción sexual mayoritaria (homosexualidad), impuesto revolucionario (extorsión), interno (preso), invidente (ciego), poliamor (adulterio). Ya nada parece ser lo que era, todo parece esfumarse al modo de las especies biológicas en extinción.

 Los griegos sabían bien lo que hoy se denomina simulacro.

Durante muchos siglos, en la tradición occidental reinó una diferenciación entre physis y techné, es decir, lo natural y lo artificial. Los griegos sabían bien lo que hoy se denomina simulacro, pero la distinción estaba trazada y no había negación del original.

Hace unas décadas Baudrillard evocó el célebre mapa descripto por Borges en “Del rigor de las ciencias”, donde los cartógrafos del Imperio trazan un mapa tan detallado que llega a recubrir con toda exactitud el territorio, fábula que ilustra cómo las imitaciones pueden con el tiempo confundirse con el original.

Sin embargo, este autor afirma que el relato pertenece a los simulacros de segundo orden y que lo que impera como abstracción no es la del mapa, la del doble, la del espejo o la del concepto. La simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los modelos de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal.

Apliquemos esta idea a la ley de identidad de género en la infancia para ver de qué manera ella prescinde de la realidad sexual y de la elección del partenaire cual modelo que precede a modo de una identidad a todo devenir de la sexualidad. Vivimos en un mundo “trans” que trasciende su aspecto sexual y que abarca una multiplicidad de aspectos.

Cuando Nietzsche se refería a la devaluación de los valores se refería a que ellos eran como la moneda gastada de Mallarme, es decir que se alejaban cada vez más de la realidad de las cosas. Si nos detenemos en ese proceso de distanciamiento, veremos que es el que está presente en otros ámbitos, como por ejemplo en los discursos separados de los hechos y en las palabras divorciadas de las cosas. Estas dimensiones van por carriles distintos, lo que hoy está devaluado es lo real, que cuando emerge lo hace sin ley, abrupto, intempestivo, desmadrado.

Si “trans” significa “más allá de”, vemos que el vocablo se aplica por doquier: en el “más allá de” como espacio político ignorante de la triste “realidad”; ”más allá de” cuando no hay límites, “más allá de” cuando el cuerpo no importa sino el género; “más allá de” cuando no vale ya el género sino el transgénero; “más allá de” cuando los discursos hoy se llaman “relatos”; “más allá de” cuando los semblantes devienen -como bien lo explican en este libro- simulacros bien “líquidos”.

Tal proceso se corresponde con la forclusión que Lacan tomó como un mecanismo típico del capitalismo. Este libro clarifica cada una de sus aristas y tomaré solo algunas de ellas. No faltan aquí abordajes acerca de la ley de identidad de género y análisis acerca de la quimera de sus supuestos como el de suponer que tal identidad se percibe y lo que es más grave… en la infancia.

Tal como afirman los autores, el gran descubrimiento del psicoanálisis no ha sido la sexualidad -ya abordada previamente por la sexología- sino su carácter ajeno al yo, su esencia díscola, excesiva e imposible de satisfacer plenamente, en cualquier época. Si la sexualidad nace en la infancia es que surge cuando el sujeto no está preparado para tramitarla psíquicamente, fijar pues una identidad equivale a rechazarla como también ignorar su desarrollo ulterior en la adolescencia y en el encuentro con un partenaire.

Es así que se trata de fijar un género o un transgénero que por un lado forcluye lo sexual y que se independiza absolutamente del otro en el lazo erótico. Muchas veces se escucha a una mujer decir que tal la hizo sentirse una mujer como si eso no fuese de suyo, lo mismo vale para un hombre que en determinadas situaciones se experimenta como tal y ello indica que en todo caso el “género” no puede prescindir totalmente del encuentro con el otro.

 El gran descubrimiento del psicoanálisis no ha sido la sexualidad sino su carácter ajeno al yo.

Su fundadora, Gabriela Mansilla, es madre de Luana, la primera niña en el mundo en cambiar su DNI a los 6 años por el nombre que responde a su identidad de género autopercibido gracias a la Ley de Identidad de Género. Luana nació con pene, pero a los 18 meses, apenas pudo expresarse, dijo: «Yo nena mamá, yo princesa». En el siglo de la revolución de género, cada vez son más los niños y niñas que manifiestan una identidad de género distinta a la asignada por genitalidad desde una edad muy temprana, entre los 3 y 6 años.

Con respecto a los menores de 18 años, el artículo 5 dicta: Personas menores de edad. Con relación a las personas menores de dieciocho (18) años de edad la solicitud del trámite a que refiere el artículo 4º deberá ser efectuada a través de sus representantes legales y con expresa conformidad del menor, teniendo en cuenta los principios de capacidad progresiva e interés superior del niño/a de acuerdo con lo estipulado en la Convención sobre los Derechos del Niño y en la Ley 26.061 de protección integral de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Asimismo, la persona menor de edad deberá contar con la asistencia del abogado del niño prevista en el artículo 27 de la Ley 26.061. Cuando por cualquier causa se niegue o sea imposible obtener el consentimiento de alguno/a de los/as representantes legales del menor de edad, se podrá recurrir a la vía sumarísima para que los/as jueces/zas correspondientes resuelvan, teniendo en cuenta los principios de capacidad progresiva e interés superior del niño/a de acuerdo con lo estipulado en la Convención sobre los Derechos del Niño y en la Ley 26.061 de protección integral de los derechos de niñas, niños y adolescentes

Definición. Se entiende por identidad de género a la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo. Esto puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido. También incluye otras expresiones de género, como la vestimenta, el modo de hablar y los modales.

Hoy en día, la abstracción ya no es la del mapa, la del doble, la del espejo o la del concepto. La simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los modelos de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal. El territorio ya no precede al mapa ni le sobrevive. En adelante será el mapa el que preceda al terrtorio —PRECESIÓN DE LOS SIMULACROS— y el que lo engendre, y si fuera preciso retomar la fábula, hoy serían los girones del territorio los que se pudrirían lentamente sobre la superficie del mapa. Son los vestigios de lo real, no los del mapa, los que todavía subsisten esparcidos por unos desiertos que ya no son los del Imperio, sino nuestro desierto. El propio desierto.

La transexualidad existió siempre y fueron los griegos quienes mejor la supieron expresar en sus mitos. La bella Cenis, no consintiendo ser amada por Poseidón, pide al dios que la transforme en un hombre invulnerable para así escapar de la injuria de ser violada. Zeus, el dios por excelencia, fue también un gran exponente de la metamorfosis: se hace mujer para seducir a Calisto y adopta la figura de Artemis, pues ese ninfa rehuía de los hombres. También aparece en la mitología embarazado cuando planta al feto Dionisio en sus muslos, extrayéndolo de su madre, a quien carboniza por la furia de Hera. Hermafrodito llevó en su nombre tanto el de su madre Afrodita como el de su padre Hermes y pasó a representar la doble naturaleza masculina y femenina. Su belleza encantó a Salmacis quien al sentir que el amor no era correspondido, dirige una plegaria a los dioses pidiendo que jamás pudiesen separarse ambos cuerpos.

La transexualidad existió siempre y fueron los griegos quienes mejor la supieron expresar en sus mitos.

Notablemente todas las transformaciones se originan en la mitología griega para vencer impedimentos y hacer posible lo que ellos obstaculizan, pero el destino no augura finales felices. Son siempre las consecuencias las que muestran los precios que se pagan y la figura del castigo se yergue en general como su representante. El célebre Tiresias, como resultado de su intervención en la cópula de dos serpientes, quedará convertido en mujer, pasados siete años vuelve a ser hombre al ver otra vez a dos serpientes acopladas. El día en el que Zeus y Hera disputaban para saber quién experimentaba más placer en el amor, lo interrogan a Tiresias, quien responde sin vacilar que si tal goce se compone en diez partes, 9 son para la mujer y una para el hombre. Esta respuesta encoleriza a Hera al ver revelado el secreto de su sexo y privó a Tiresias de su vista. En compensación, Zeus le entregó el don de la profecía. En Roma no serán solo los mitos sino que los ciudadanos invertirán grandes sumas de dinero para lograr la amputación del genital. Nerón, enamorado de Esporo por su parecido con su difunta esposa, ordena que lo castren y contrae matrimonio. Esporo se vestía como mujer, se hacía pasear en litera y recibía del emperador muestras de su cariño. Abundan sobradas referencias referidas a la transexualidad a lo largo de la historia, pero cabe precisar su particularidad en el mundo actual. Sin duda es su legalización y el hecho de no ser ya considerada en el DSM como patología quienes marcan algo inédito. Pero no me detendré ahora en este punto.

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Silvia Ons

Silvia Ons

Psicoanalista.

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