Wednesday 10 de December, 2025

PERSONAJES | 24-02-2025 05:13

Eduardo Hoffmann: “Me da pudor la oscuridad de mi vida”

Artista plástico mendocino y referente del arte argentino contemporáneo reconocido internacionalmente.

Podría decirse que el mendocino Eduardo Hoffmann tiene ese espíritu aventurero, aquel capaz de escalar montañas indómitas impulsado como barrilete por el loco viento zonda. Pero, no es de aquellos que se tira sin red a las mareas de la vida. Todo lo contrario. Tiene ese olfato refinado que le permite bucear en modo selectivo por el entramado del exquisito mundo de las artes, y coquetear con todas, dejando la huella de su pincelada única. Quizás sea por esa aura de cofradía que supo mamar cuando el rugby fue su pasión primaria. Y fue de ese deporte tan viril, a veces tan brutal como cortés, del que supo transmutar esa pasión que lo dominaba, a ese ADN heredado con el que comulgaba diariamente, y que lo conectaba directamente con la belleza del artista. Una vida que aspiraba, sin saberlo, más que al mismo arte que domina. Ese gran apasionado inconformista del arte que a los 14 años comenzó a pintar y tres años después empezó sus estudios en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, con Zravko Ducmelic. Y luego se mudó a París donde estableció una pasantía junto a Julio Le Parc. Su recorrido artístico lo llevó a compartir diferentes propuestas artísticas con referentes de distintas disciplinas y ha participado en las principales ferias de arte del mundo: FIAC, Art Basel, Art Chicago, Art Miami, ArteBA, ARCO Madrid, Beirut Art Fair y Sotheby's Latin American Painting, entre otras, y cuyos trabajos han obtenido destacados premios internacionales donde muchos, ya forman parte de importantes colecciones en Argentina y el exterior como de la familia de Ganay-Bemberg, la colección Amalia Fortabat, de la Reina Máxima de Holanda, de la Familia Rudoph Spölberg en Bruselas,  de Tony Chi o Donald Sutherland, entre otros. Su última exposición, “Todos quieren mi montaña”, se inauguró en la UGallery de la Universidad de Congreso y fue curada por dos mendocinos: Javier Segura y Silvia Mechulán.

Noticias: La pintura no fue su primer amor. En la mano de este artista, además de un pincel antes hubo una pelota ovalada. La suya podría ser “la historia del jugador de rugby que triunfa a través de su arte”.

Eduardo Hoffmann: ¡Es verdad! Me encantaba jugar al rugby. Era mi pasión. Un vicio prolongado a través del linaje, con mi hijo Amancio, que comenzó el torneo juvenil de la URBA y que sigo cada fin de semana. Pero a mis 14 años empecé a notar que cuando me exigía fallaba en el entrenamiento. Me descubrieron una enfermedad llamada talasemia, que es congénita y es una deformación de los glóbulos. Me dijeron que era muy peligroso jugar al rugby. Ese día llegué a casa destruido. Después del diagnóstico estuve un tiempo en cama y mi madre me había dejado unos lápices y un bloc de hojas para dibujar. Y comencé a dibujar a una tía mía que me cuidaba. Siempre me había gustado dibujar. No era un virtuoso, pero sí, un gran voluntarioso.

Noticias: ¿Y cómo fue que la pintura terminó dominando la vida del rugbier?

Hoffmann: Mi abuela conocía a Manuel Zorrilla, un importante pintor y dibujante y le mostró unas acuarelas mías. De alguna manera empezó a ser como el corrector de mi obra. Era bastante estricto y metódico. Me hacía dibujar animales en el zoo, pero nunca podía hacer un desnudo, porque a los quince me sacaban a los bolsazos si intentaba conseguir una modelo. Un día durante un almuerzo en familia me humilló porque me dijo que, si no podía hacer desnudos, ser artista no era una carrera para mi. Entonces mi tía Beba, que era muy linda, me dijo: “Yo te voy a posar para que este viejo estúpido se quede callado”. Cuando llegué a la facultad tenía 50 desnudos de mi tía en la carpeta. El profesor llamó a toda la clase y dijo: “Estamos ante un artista”. Ahí me di cuenta de que toda la pasión que alguna vez había puesto al rugby la estaba poniendo en ser un artista. Me gustaba la vida del artista más que el mismo arte.

Noticias: ¿Cuándo decidió que el arte no iba a ser un hobby sino una carrera?

Hoffmann: Era complejo. Me quedaba afuera de una tribu social porque el rugby te permitía mujeres, amigos, “vida sana” y no una vida de “hippie drogadicto”, que era lo menos que me decían cuando hablaba de ser artista. Pero me impuse, y al poco tiempo todos se sintieron orgullosos de mi decisión. 

Noticias: Tuvo dos maestros a lo largo de su camino. En la universidad a Zdravko Ducmelic un croata y después a Julio Le Parc en París. ¿Qué adquirió de cada uno? 

Hoffmann: Hay un común denominador en los tres, y aquí me incluyo, que es la pasión. Los tres hemos tenido una pasión, y que es la que me llevó a lo largo de mi vida a ir haciendo, descubriendo. De Ducmelic podría decirse que adquirí el amor entregado en tiempo a la pintura. Y con Julio Le Parc se generó una muy buena relación. Yo hacía una especie de ayudantía industrial. Fue como hacer un master en una universidad. De Julio Le Parc me gustaba todo, desde cómo se dirigía a los estudiantes más jóvenes, a cómo atendía el teléfono, o cómo era su humor.

Noticias: ¿Por qué no se quedó en Europa?

Hoffmann: Yo tenía una hija de cuatro años, Joselina, en Argentina y hacía un año que no la veía. Llevaba dos años de esa “vida de bohemia“ en Europa. Empecé a notar terriblemente la ausencia de esa hija que ahora me dio dos nietos, Augusto (12) y Vicente (9). Caí en una depresión que hasta creí que era Sida, porque pesaba 57 kilos. Y surgió una oportunidad en Argentina y pegué la vuelta.

Noticias: Usted comulga con todas las artes. Hace obras con música, pinta telas para ropa de mujer, pinta sobre cuerpos en vivo, ha hecho etiquetas para vinos. Es como un happening ambulante.

Hoffmann. ¡Es verdad! La multiplicidad de las artes. Ahora estoy haciendo una camiseta de rugby para los Cuyis, que es un equipo de rugby integrador para chicos con diferencias en Mendoza, también una alternativa para el equipo del club Newman y para un club de polo.  Ahora con Inteligencia Artificial podés llegar a hacer cualquier cosa. Inicias con una idea y no sabés dónde puede terminar.

Noticias: Le gusta jugar con los claroscuros. ¿Qué claroscuros tuvo en la vida y el arte?

Hoffmann: Tengo mucho pudor de la oscuridad de mi vida. Creo que el dolor y el sufrimiento es muy personal. Pero al mismo tiempo la vida se pone de tu lado cuando tenés que pasar por un gran dolor.

Noticias: ¿Qué atrapa de su arte?

Hoffmann: Que cuando me miro en el espejo todos los días ya me parezco más a mi padre que a mí. Ya no me parezco a mí. Sin embargo, el mirar a la obra es un espejo joven. Y no tiene bótox ni lifting. Es más joven que cuando yo empecé a pintar. Quizás por la falta de miedos, porque es más libre, más sinvergüenza. Soy un ensayista de prueba y error: un mago que no revela sus trucos. 

Noticias: ¿Dónde le gustaría que hubiese un cuadro suyo?

Hoffman: En el MoMa. Soy muy ambicioso: Soy como un caballo que parte cuarto y corre para llegar entre los primeros. 

Noticias: El último proyecto del artista Renacentista…

Hoffmann: Una bodega, hotel, restaurante, galería. Obviamente en Agrelo, Mendoza. Es un proyecto que estamos haciendo con mi ex mujer que es arquitecta. Hicimos todo el diseño como si fuesen los antiguos toneles y barricas. Ya está todo pensado y diseñado y comenzamos la obra para inaugurar 2026. Un sueño en grande.

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Gabriela Picasso

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