PERSONAJES | 30-12-2019 12:36

Lorena Vega: "La actuación es mi supervivencia"

Actriz del teatro independiente, cuenta la historia personal que la llevó a hacer “Imprenteros” y la vida del artista.

Lorena Vega, actriz. Fácil de recordar, con rima y compás como el taconeo en la vereda, un nombre de morocha argentina, de esas que hablaba el tango y el cine de los cuarenta. Una presencia encendida, parada en la raíz y criada a pespuntes de barrio que encontró en los dos últimos años, la caprichosa coincidencia de estar en escena con cuatro interpretaciones inolvidables en obras que no podían dejar de volver en 2020.

Por orden de reestreno, este cuarteto imperdible que la tiene como protagonista es: 1) “Yo, Encarnación Ezcurra”, unipersonal de Cristina Escofet y dirección de Andrés Bazzalo, los miércoles de enero en el teatro Picadero; 2) “La vida extraordinaria”, de Mariano Tenconi Blanco, con su amiga Valeria Lois, los martes en Timbre 4, a partir de mediados de enero; 3) “Imprenteros”, el biodrama sobre su familia que escribió, dirige y actúa, también en Timbre a fines de enero; y 4) “Todo tendría sentido si no existiera la muerte”, otra de Tenconi Blanco, a mitad de año otra vez en el Metropolitan. 

Pero eso no es todo. Por Telefe, se la verá en un capítulo de la próxima ficción “Los internacionales” (versión del libro “La conexión Bogotá”, de Nahuel Gallota) y, con poderes de bruja, en una película de terror de Fabián Forte, “Cosa e’ mandinga”, que acaba de filmar. Y como directora, ensaya una obra basada en la novela “Precoz”, de Ariana Harwicz que se presentará en Dumont (ex Santos 4040), con Julieta Díaz y Tomás Wicz.

En pareja con el cineasta Gonzalo Zapico (“El bosque de los perros”, ópera prima protagonizada por Vega, Marcelo Subiotto y Guillermo Pfening), ambos padres de Dante (6), Lorena Vega creció junto a sus hermanos Sergio y Federico en una casa de Flores sostenida por el esfuerzo incondicional de una mamá modista y un papá al frente de un taller de imprenta que, entre otras especialidades artesanales, diseñaba e imprimía etiquetas de salamines. Ruido de máquinas y de pedal para la banda de sonido de una historia de hijos que crecen mirando el trabajo de sus padres, historia hecha espectáculo que prendió en el público y se expande desde 2018, cuando se estrenó en el Cultural Rojas.

Lorena Vega

Noticias: ¿Cómo nació “Imprenteros”? 
Lorena Vega: No quería contar mi historia ni hacer una obra de teatro. Pasó que en la gira de “Todo tendría sentido si no existiera la muerte”, Maruja Bustamante (una de las actrices de esa obra) me propuso escribir para el Proyecto Familia, del Rojas, ciclo que ella programa. Al principio no estaba segura, pero finalmente decidí hacerlo. Primero, busqué marcar un territorio, enmarcarlo en la imprenta, el lugar de trabajo de mi abuelo, mi papá, mis hermanos. Salió un biodrama que trabajé, durante tres meses, en el taller de Vivi Tellas, la creadora del género. Uno de mis hermanos aceptó trabajar en la obra, el otro aparece grabado y mi mamá en el video de los quince. Por supuesto, ninguno es actor. “¿De dónde sacaron esta historia?”, preguntan algunos espectadores. O “¿y ustedes a qué se dedican?” (risas). ¡Es el poder de la ficción, me encante que pase! El humor es central en mi vida, un canal de sobrevivencia, mi mamá lo sabe y una vez más me acompaña. 

Noticias: ¿El centro del conflicto es la imposibilidad legal de volver a pisar la imprenta donde usted y sus hermanos se criaron?
Vega: Sí, cuestiones de herencia (con la otra familia del padre), pero eso lo fui descubriendo en el proceso. Nunca empiezo por el sentido, el relato, el tema, sino que dejo que emerja a partir del trabajo con los materiales. No es un homenaje a mi papá, un hombre complejo, bien patriarcal pero a quien logré comprender aunque no estuviera de acuerdo con sus posturas. En vida, tuve una buena relación con él, gracias a la terapia y a mi voluntad. El arte sí modifica cosas en la existencia. Me reveló mi apropiación y mi lugar en la herencia. Heredé de mi papá no solo ese taller sino la cultura del trabajo. Yo lo entendía más claramente desde mi mamá que sostuvo la casa con tres hijos chiquitos, trabajando todo el día y a cargo de nosotros. Pero me di cuenta de que también era algo muy presente en mi papá.

Noticias: ¿Por qué tiene éxito?
Vega: Estaba pensado como una instancia de laboratorio para un mes. Y siguió y lo sigo haciendo porque viene mucha gente que me pide que no termine. Hay un retrato de una familia común con conflictos comunes que retrata a la clase obrera argentina y contado desde ahí, no desde la burguesía que mira desde afuera, sino desde adentro, es genuina, orgánica, retrata a esa generación. Entonces produce identificación, encuentro, ven a sus propias familias. Ese es el poder que tiene la ficción, cuando se logra hilvanar sin que se vea la costura, cuando se ve toda la pieza y permite que uno navegue en ese mundo, que pueda creer. No importa lo que estés contando sino cómo lo hagas.

Noticias: ¿Cómo fue el proceso de meterse en la piel de Encarnación Ezcurra (de Cristina Escofet y dirección de Andrés Bazzalo)?
Vega: Fue una mujer con mucha voz propia. Compartía con Rosas una mirada federal y la comprensión hacia las clases populares. Bailaban candombe, iban a las fiestas de los negros. Le decían “la negra Toribia” de manera despectiva –era una cuchillera de esa época– como en otra época se dijo “cabecita negra”. La estudié mucho, fue muy poderosa, hasta más central que Evita. Cuando Rosas se iba al desierto, ella quedaba en Buenos Aires y decidía. Están sus cartas, por suerte, donde pude conocer cómo se dirigía a su marido, de qué hablaban, las palabras de amor. Muy batalladora, me identifico con su lugar de resistencia y con la discriminación por ser mujer.

Noticias: ¿Y la maestra de pueblo de “Todo tendría sentido si no existiera la muerte”?
Vega: La obra es más larga, la recortamos. Cuando la leí, me reía y lloraba, daba pena sacar escenas. Me pareció un desafío y me gustó que propusiera cómicas mujeres, la subjetividad de estas minas, con mucho arco para actuar. Son imaginarios de una época y de un tipo de mujer que conocemos, tías, madres, maestras, tomé cosas de mi mamá y su hermana.

Noticias: ¿Cómo se lleva con Valeria Lois, su compañera en “La vida extraordinaria”?
Vega: Somos amigas desde hace mucho. Nos conocimos en el estudio de Nora Moseinco, donde yo me formé y era asistente. Hicimos tres obras y ciclos de improvisaciones. Podíamos hacer cualquier cosa. Después pasaron años sin volver a trabajar hasta que apareció esto, sobre dos amigas de toda la vida: era como hablar de nosotras mismas. 

Noticias: ¿Siempre la pasó bien trabajando?
Vega: Sí, solo una vez sufrí un montón, cuando estrenamos “Afuera”, de Gustavo Tarrío. En un apagón de luz, Martín Piroyansky me golpeó con la frente en la nariz y me rompió el tabique. No quería seguir porque estuve muy dolorida e incómoda en las siguientes funciones. Pero el grupo me apoyó mucho y eso después se vio, algo cambió y tuvo un boom, la obra nos dio mucho (en cartel, de 2002 a 2005).

Noticias: Cuando era chica también le pasó con su primera obra, ¿no? Y lo superó
Vega: Sí, es verdad. Hubo un problema ajeno a mí, yo tenía 16, y la obra se levantó. Los obstáculos me dan ganas de abandonar, me desilusiono. Pero gracias a la terapia y a la vida, ya modifiqué esa conducta y entiendo más los matices.

Lorena Vega

Noticias: ¿Es el año Lorena Vega?
Vega: Supongo que lo dicen por “Imprenteros”. A mí, me resuena más porque es una historia familiar. Creo que coincidieron estas obras de tan buena factura. Pero siempre mi carrera fue así, no es que ahora hice otra cosa. Tal vez responde a algo coyuntural, confluyen distintos materiales muy distintos en simultáneo, se expone el truco de la actuación. Pero siempre hice composiciones, exploraciones a largo plazo con directores que querían experimentar y buscar, donde lo importante es el procedimiento escénico.

Noticias: ¿La llamaron para hacer algo en el teatro comercial?
Vega: No. Me gusta trabajar y si puedo aportar, me engancho. Tenía prejuicios con esas propuestas cuando era más chica pero ya no; respeto la fuente del trabajo, es lo que más importa.

Noticias: ¿La actuación fue un escape a lo cotidiano en su adolescencia?
Vega: La actuación es mi supervivencia, es mi sanación, mi salvación, lo que me permitió ser mejor, comprender que hay otros planos de la existencia y relativizar lo que uno cree que es su destino. A los padecimientos personales, los pude mirar de otro modo, me ayudó a divertirme, a reírme de mí, a ayudar a otros con la docencia, a descubrir que podía hacer cosas que no sabía que podía, que mi cuerpo podía transformarse y hacer operaciones que no tenía idea que tenía, una inteligencia en la escena que no aplico en lo cotidiano.

Noticias: Formó una familia con un cineasta. ¿Podría estar con alguien que no sea del palo?
Vega: Si me enamoro… pero ahora me resulta imposible pensarlo. Tendría que ser una persona que entendiera mi trabajo free lance, varios proyectos, horarios diversos, autogestión, todo el tiempo estoy trabajando. Dante también me entiende, desde chiquito me acompaña, me dice “suerte, mami”, la tiene clara. Mi mamá me ayuda un montón en la crianza y Gonzalo es un papá deconstruido, presente, nos llevamos muy bien, somos una pareja en la vida y en el trabajo, compartimos muchos proyectos.

Noticias: ¿Sufrió alguna experiencia de acoso laboral?
Vega: Sufrí acoso. Cuando era chica, en la calle, en muchos lugares. Es raro que alguna mujer no haya pasado por esas situaciones, es un tema de todas. Pero no me pasó con compañeros de laburo, salvo una vez, algo con un “jefe”, hace mucho, y me fui; solo se lo conté a una amiga, no a mi novio de ese momento. Si una mujer lo dice, es porque sucede.

 

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Leni González

Leni González

Periodista.

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