lunes, noviembre 11, 2019

POLíTICA | 06-03-2016 00:10

Macri-Francisco: una relación endiablada

La verdad sobre el frío del Papa con el Presidente. Pragmatismo versus dogma. Los errores PRO.

La brevedad del encuentro, la distancia que le imprimió Jorge Bergoglio a Macri en su primera visita como mandatario y la gelidez que mostró prendieron alarmas y transmitieron la sensación de que al PRO le salió el tiro por la culata: algo no cierra en el Vaticano.

Todos los que alguna vez lo trataron aseguran que cuando Francisco se enoja con alguien no lo deja pasar con facilidad. Eso que en criollo se llama rencor, vale tanto como para cuando su primer nombre era Jorge o para cuando le toca presidir misas desde el balcón de la Santa Sede. En esa lista de viejos temas sin resolver está Macri: más de uno habia alertado que la visita podía salir mal, dada las inequívocas señas que venía mostrando Francisco -como no haberlo llamado cuando ganó las elecciones, el rosario que le hizo llegar a Milagro Sala o el supuesto prólogo que escribiría para Guillermo Moreno-. El problema es que fue peor.

“Esperaban una sonrisa fácil para la foto, como si esto fuera un partido ganado. Se equivocaron”, dice el legislador Gustavo Vera, amigo del Papa desde que este era Bergoglio. Para el titular de la Fundación Alameda, que viene de ver a Francisco a fines de enero, la visita del PRO fue demasiado apurada: “Tendrían que haber esperado hasta tener algún resultado concreto para mostrar”. Un íntimo del Santo Padre también le carga la culpa al Gobierno y asegura que hubo “mala preparación y una pobre designación de la delegación”. “Teniendo a gente que se lleva muy bien con el Papa, como el ministro de Educación Esteban Bullrich, el legislador Omar Abboud –protagonista de un histórico abrazo con Francisco en el Muro de los Lamentos– o la subsecretaria de Responsabilidad Social de la Nación, Victoria Morales Gorleri, no se entiende a las personas que llevaron”, asegura. Es que el Papa tiene motivos para recelar de todos con los que estrechó sus manos después de ver al Presidente: el obispo de Orán había denunciado al gobierno de Salta por tener complicidad con el narcotráfico –acusación que el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, le espetó en la cara a Urtubey–, la gobernadora de Tierra del Fuego es sobrina nieta del cardenal Tarciso Bertone, enemigo acérrimo del Papa que se opuso a su entronación, y Cornejo, el gobernador de Mendoza, le había sacado subsidios a la educación católica en su provincia tan sólo una semana antes. “Francisco sintió que lo obligaban a legitimar una nueva unión política al sacarse una foto con todos ellos y no le gustó”, asegura una fuente vaticana.

Aunque en la breve reunión –de escasos 22 minutos, poco si se los compara a la media hora junto a Ollanta Humala de Perú, los 45 con Michelle Bachelet de Chile, la hora y 48 con Cristina o los 53 que le dio al Obispo de Quilmes, Carlos Tissera, inmediatamente después de ver a Macri–, se hablaron con profundo respeto y franqueza, según ambas partes, hay una tensión con el Presidente que no se puede negar. El impulso al matrimonio igualitario –“faltó gravemente a su deber de gobernante”, dijo en su momento–, la poca atención que Bergoglio sentía que le daban a temas como la trata de personas –enojo que lo llevó a tildar a Buenos Aires de “ciudad coimera”–, ausencias de Macri a un Tedeum y a la reunión de alcaldes de todo el mundo que patrocinó ya como Papa, los coqueteos con el budismo y los gurúes y la reglamentación del aborto no punible en la Ciudad, son algunas de las cosas que a Francisco no le gustan del PRO y que en su momento lo llevaron a deslizar un apoyo a la candidatura de Daniel Scioli. Pero, detrás de estos hechos que podrían parecer anecdóticos, hay algo más profundo. “Francisco y Macri tienen dos maneras opuestas de entender al mundo”, dice un ex funcionario de mucha cercanía con el Papa.

Tanto como en su encíclica “Laudato si” como en sus discursos, el Papa ha dejado clara su posición sobre el capitalismo más salvaje: es una manera de deshumanizar al hombre. “La idea de un crecimiento infinito, que ha entusiasmado tanto a economistas y tecnólogos, supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta que lleva a estrujarlo hasta el limite y más allá... la economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito, sin prestar atención a las consecuencias negativas para el ser humano”, escribe. Este es el punto que comparte el Papa con el peronismo.

“La Iglesia entendió históricamente al poder como algo que Dios te entregaba para que gobiernes de manera cristiana. El liberalismo, en su forma original, viene a imponer que el poder ya no viene de Dios, sino del pueblo”, aclara el historiador Diego Santos. “La Iglesia y algunos papas se opusieron a las consecuencias más salvajes del liberalismo: entienden que le quitan la dignidad al hombre”, asegura también el historiador Mariano Spléndido.

También las diferencias se expresan en un plano más profundo: el budista, liberal y moderno Macri choca contra la manera de ver el mundo que tiene Francisco. El estilo pragmático, cientificista y basado en el hacer que propone el PRO y los consejos antipapales de Durán Barba como aconsejar el aborto, síntomas de la nueva manera de entender a la política, van a contramano con del espíritu del Santo Padre y el dogma que la Iglesia representa.

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