lunes, febrero 17, 2020

POLíTICA | 26-12-2019 12:28

Cristina Kirchner y Sergio Massa: trastienda de una relación difícil

El tigrense está en el centro de la escena pero tiene que mantener un equilibro delicado. El regalo de Monzó y un partido con Alberto.

La puerta se abre de golpe. Sergio Massa aparece a los gritos. Da órdenes, acomoda, mueve. “¡A ver! Los que no sean ministros o secretarios, afuera”, dice. Veinte personas se levantan, rápido y en silencio, y cumplen la tarea. Una vez que liberaron su despacho, entran Matías Kulfas, Cecilia Todesca, Vilma Ibarra, Mercedes Marcó del Pont, entre otros. A la mañana estuvieron Máximo Kirchner y Ginés González García. Están trabajando a contrarreloj los últimos detalles para sancionar la Ley de Emergencia, el primer desafío legislativo del gobierno. En el ambiente hay tensión, varias ojeras y sándwiches de miga a medio terminar. Pero, a pesar de que está a horas de debutar como presidente de Diputados en una sesión caliente, Massa está a gusto. En esas gigantescas oficinas de la presidencia de la Cámara, el tigrense manda. Y lo disfruta. Volvió al centro de la escena. 

Además de que Massa, aunque se cuide en decirlo, siente como una victoria propia que la primera línea del oficialismo -y también más de un opositor- toque su puerta, hay otra conclusión que se puede extraer de la escena: 2019 termina de manera inesperada. Aunque los dos llamados que tuvo con CFK luego de la asunción presidencial fueron correctos, y a pesar de que ambos bandos aseguran que “no es tiempo de boludear”, hay heridas con una parte del oficialismo que vienen de vieja data pero que, para sorpresa de varios, lograron mantener enjauladas. Sin embargo, esto es política: en Argentina no hay lugar para muchos caciques en un mismo equipo. 

Presidente. Entre los massistas corre una historia. El relato se remonta a la tarde del 18 de noviembre, en un coqueto departamento de Recoleta. Alberto Fernández, entonces presidente electo, llevó al hogar de CFK una carpeta celeste. Adentro estaban anotados los nombres del Gabinete que había armado el futuro mandatario. Dicen que en ese primer bosquejo la influencia de Massa, del que el otrora odiado Fernández supo ser jefe de campaña, era mucha. Demasiada, al menos para Cristina, que guarda memoria selectiva. “No sabía que había ganado Massa las elecciones”, habría sido la lapidaria frase con la cual la ex presidenta derribó ese Gabinete inicial. Strike, pero no fue el primero. “Axel es un diputado que no sucumbió al canto de las sirenas, y le dijo que no al pago a los buitres”, dijo CFK en el cierre de campaña en Mar del Plata, en octubre. Massa, que sí votó aquella ley, miraba desde la primera fila. 

Dos meses después de esa escena, algunos nubarrones se aclararon para Massa. Un ministro -Mario Meoni, de Transporte- le responde, su histórica mano derecha, Claudio Ambrosini, ocupa el estratégico Enacom, el ente que maneja las telecomunicaciones en el país y sobre el que varios poderes -como Clarín- posan sus ojos, y Malena Galmarini es la nueva presidenta de Aysa. Además, 16 legisladores bonaerenses y 15 diputados nacionales lo consideran su jefe político. También gente suya fue a las segundas líneas: Micaela Ferraro, ex legisladora, es subsecretaria de Desarrollo, Lisandro Bonelli, sobrino de Ginés González García, fue para Salud, Mónica Litza será Secretaria de Empleo, además de Javier Faroni, que se convirtió en director de Aerolíneas Argentinas. 

Distancia. Malena Galmarini y Sergio Berni habían tenido duros cruces en el 2013. La incorporación de este último al Gabinete de Kicillof fue un momento de tensión.

Aquel es el vaso medio lleno. El vacío también cuenta, y es sobre el que machacan algunos massistas que, dicen, pidieron y hasta pusieron el grito en el cielo durante el año, reclamando la unidad con el kirchnerismo mucho tiempo antes del famoso café entre Fernández y el tigrense. “Podríamos haber puesto el gobernador de Buenos Aires, los K nos habían abierto las puertas”, aseguran. En aquellos pagos lamentan no haber logrado acaparar YPF, lugar estratégico para el que pretendían a Diego Bossio -uno de los que el kirchnerismo prohibió explícitamente-, y Energía. También esperan que Raúl Pérez, aliado histórico de Massa, vea recompensada su trayectoria con un puesto importante, algo que no sucedió todavía. Además, en Buenos Aires Massa perdió intendentes. “Somos minoría dentro del Frente, pero este es un partido de largo plazo. Según cómo se acomode el escenario y la economía podemos ganar o perder lugar”, sintetiza un massista de primera hora.

Los problemas de Massa con Cristina vienen de lejos. Cuando se fue de la jefatura de Gabinete del gobierno K en 2009, habló mal de sus jefes ante diplomáticos de la Embajada norteamericana en Buenos Aires, como revelaron los cables de WikiLeaks. Ella jamás se lo perdonó.  

Al mando. “Con la presencia de 131 diputados, queda abierta la sesión”. Esas fueron las primeras palabras de Massa al frente de la Cámara, el jueves 19. Fue un dia histórico para el ex intendente de Tigre, que se preparó para la jornada y hasta estuvo estudiando la Constitución y el reglamento de Diputados. Un artículo le gustó en especial, en esos días de dudas alrededor del quórum. Es el 23, que le permite quitarle la dieta a los diputados “que sin autorización de la Presidencia faltaren a alguna sesión”. Para los códigos de los legisladores, aquel hubiera sido un golpe por abajo de la línea de flotación. Por suerte para la convivencia en la Cámara, los asistentes de Massa lo convencieron de que era demasiado belicoso arrancar su mandato con esa movida.

Alberto Fernández y Cristina Kirchner

Aunque triunfó la paz, la maquiavélica movida de pegarles en el bolsillo a los legisladores era Massa puro: golpea y negocia, en orden indistinto. Por eso se siente a sus anchas en el Congreso, el edificio que encarna por excelencia la “rosca”. Desde ahí el tigrense puede desplegar su hábil cintura para hablar con opositores, gobernadores, y díscolos del Frente de Todos. Cuenta con la ayuda de un experimentado, su predecesor y amigo, Emilio Monzó, con el que habla seguido y quien le dio un regalo especial.

También mantiene comunicación fluida con el Presidente, al que ya desafió a un partido de paddle en Olivos -que no pisa desde el 2009-, para cuando los tiempos se calmen. A nadie en el oficialismo se le pasó por alto el reconocimiento público que le hizo Fernández a Massa, a principios de diciembre. “De su generación es el que más se preparó para ser presidente, y Argentina le va a dar la oportunidad”, aseguró el mandatario. Máximo, político cinco años menor que Massa y que cada vez oculta menos sus sueños presidenciales, lo escuchó sentado al lado de ambos.

Solo una cosa sufre Massa de su nuevo rol. Por un lado, pasa cada vez menos tiempo en su casa familiar, en Tigre. Además de que está con menos contacto con sus hijos, algo trascendental cambió en su dinámica familiar: Malena, que siempre había sido el sostén de él y sus dos hijos, también asumió un cargo demandante. Galmarini no sólo está al frente de Aysa, sino que estuvo a punto de liderar el ministerio de la Mujer en Buenos Aires.

Varios massistas aseguran que hubo un cortocircuito cuando Kicillof decidió incorporar a Sergio Berni a su gabinete, ya que los Massa habían tenido fuertes cruces con él cuando fue el robo a su hogar, en el 2013. El círculo chico de Massa desmiente esta versión. De la manera que sea, lo cierto es que marido y mujer se están viendo menos. Se abre una era de desafíos para los Massa.

Galería de imágenes

Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

Comentarios

Espacio Publicitario

Espacio Publicitario