lunes, febrero 24, 2020

POLíTICA | 10-02-2020 14:57

La estrategia de Alberto Fernández para romper con la imagen populista de CFK

Trastienda del viaje presidencial por Alemania, Francia, Italia y España. El factor FMI y las comparaciones con Cristina.

Sentado en la butaca de un avión de Iberia Express, Alberto Fernández pide una bebida de pomelo y repasa la charla con Angela Merkel. Está satisfecho. Horas antes, en la mitad de su primera gira por Europa, consiguió sumar a la canciller alemana al apoyo del primer ministro italiano, Giuseppe Conte, y del presidente Sergio Matarella para que la Argentina renegocie el pago de su deuda con el FMI. Además, la fría Merkel lo invitó a cenar y hasta le pidió que le explique qué es el peronismo.

La butaca no se reclina, pero el Presidente trata de no quejarse. Aunque tenga que pagar el exceso por llevar equipaje, la comitiva argentina eligió la austeridad y se mueve por Europa en líneas aéreas de bajo costo. Alberto está concentrado en su próximo objetivo: España, donde se reunirá con su par, Pedro Sánchez, y el rey Felipe VI. Y en el siguiente: Francia, del que se llevará una incipiente amistad con Emmanuel Macron y una guitarra criolla (y desafinada, según él) de regalo. A cambio, le obsequiará las obras completas de Jorge Luis Borges en francés.

Como la Cristina Kirchner de los primeros tiempos y el Mauricio Macri que prometía “brotes verdes”, Fernández sonríe ante todos y muestra los números del “desastre” que hizo su antecesor para desterrar “los prejuicios sobre el populismo”. El Presidente necesita el respaldo urgente de los líderes europeos para sentarse a negociar con el Fondo y para ello, apelará a lo que mejor saber hacer: decirle a cada uno lo que quiere escuchar.

Prioridades. La gira por Europa fue el segundo viaje internacional del Presidente. El primero había sido a Israel para participar del Foro Mundial del Holocausto, una decisión cargada de simbolismo geopolítico: fue el primer mandatario argentino que eligió Medio Oriente para comenzar a caminar el mundo. Y desde ese lugar del mapa, tejer redes.

El 29 de enero, vía Aerolíneas Argentinas, Alberto emprendió su segundo viaje, que empezó en Roma, donde se reunió durante 44 minutos con el Papa Francisco (ver recuadro). Durante el encuentro, Fernández cumplió con un pedido de su amigo Luiz Inácio “Lula” da Silva para que el Sumo Pontífice lo reciba en el Vaticano, pero la misión le trajo uno de los problemas de la gira: el enojo de su par brasileño Jair Bolsonaro, quien lo calificó de “socialista” y retomó la disputa que los enfrentó durante 2019 y que se creía controlada.

Las repercusiones de ese cruce fueron minimizadas por la comitiva presidencial: “Alberto le hizo la gestión a Lula porque es su amigo y punto. Después es un tema del Papa si lo recibe, y finalmente le dio la audiencia”, resumió a NOTICIAS una persona que lo acompañó. Y pidió “terminar con los dogmas para recomponer la relación con Brasil”.

El vínculo con el país vecino es prioritario para el Gobierno. De hecho, el canciller Felipe Solá viajará a Brasil el 12 y 13 de febrero junto al secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia, Gustavo Béliz, y el futuro embajador Daniel Scioli. “Tenemos que pensar en el bienestar de los pueblos del Mercosur, y Argentina y Brasil son la columna vertebral”, repiten en el Gobierno.

Solá fue uno de los funcionarios que no se despegó del Presidente en toda la recorrida por Europa. Los otros que lo acompañaron siempre fueron el jefe de Gabinete de la Cancillería, Guillermo Justo Chaves; el secretario de Comunicación y Prensa, Juan Pablo Biondi; y la primera dama, Fabiola Yáñez. El grupo voló de Roma a Berlín, de Berlín a Madrid, y de Madrid a París durante los diez días que duró la gira. Por tramos, se sumaron Béliz, los ministros de Economía, Martín Guzmán, y de Justicia, Marcela Losardo, el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, y el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello.

“Fueron muchas horas de avión, pero Alberto siempre estuvo de buen humor y se sacó selfies con los argentinos que lo esperaron en las puertas de los hoteles”, contaron desde el círculo cercano del Presidente. El objetivo, repiten, se cumplió: las potencias prometieron respaldar a la Argentina ante el FMI. Pero también marcaron su agenda.

Sorpresas. Entre los momentos destacados de la gira, en la que Fernández reivindicó que “somos hijos de Europa”, señalan las reuniones con empresarios alemanes y franceses, a quienes les dijo: "Queremos ordenar rápidamente las cuestiones financieras para que sus empresas tengan mejores posibilidades”.

También celebran el cruce con un ex funcionario macrista que lo interrogó en plena charla en el instituto parisino de ciencias políticas Sciences Po. “¿Qué responsabilidad tiene el peronismo por la situación económica que usted describe, dado que gobernó muchos años?", preguntó Ian Sielecki, ex empleado PRO. “El peronismo tuvo algunas culpas pero muchas más tuvieron los que no son peronistas. Vinimos a resolver los problemas que dejaron. Somos expertos en eso. Nos hemos conocido recién y no quiero contradecirte”, le contestó Fernández sonriente, sin perder la calma. Y después, lo llamó por teléfono. La anécdota fue comparada con la actitud belicosa de Cristina en 2012, cuando se fastidió con estudiantes universitarios en Estados Unidos y soltó: “¡Estas cosas son para La Matanza, no para Harvard!”.

Alberto nombró a CFK en su declaración con Macron, para destacarla, junto a Evita, “como una líder importante de los derechos de la mujer”. Pero evitó hablar de la conflictiva Venezuela de Nicolás Maduro, con la que Cristina mantuvo estrechos vínculos en los últimos años de su gestión. Fue el presidente francés quien mencionó a Venezuela y Bolivia al hablar de las “crisis regionales”. Y también Merkel, sin dar nombres, pidió conversar sobre las “situaciones políticas difíciles” de América Latina.

Para Alberto, Venezuela ya no es su problema: a poco de asumir, emitió un comunicado anti-Maduro en el que llamó a “recuperar la normalidad democrática”. Ahora, un nuevo amigo argentino es el punto de conflicto internacional, sobre todo con Estados Unidos. Se llama Evo Morales y está asilado en el país.

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Daniela Gian

Daniela Gian

Periodista de política.

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