La mala racha de Peter Thiel llegó a Buenos Aires con una escena: una docena de personas vestidas como Gandalf, con túnicas y barbas blancas, protestó el lunes 17 de agosto frente a su mansión de Barrio Parque. Bajo la consigna “No pasarás”, se presentaron como Lxs Gandalfs del Sur y llamaron al magnate “un supervillano viviendo en nuestra ciudad”.

La elección no fue azarosa. Gandalf es el mago de El Señor de los Anillos que enfrenta a las fuerzas oscuras. Thiel es fanático de J.R.R. Tolkien y tomó de esa obra el nombre de Palantir, la empresa de análisis de datos que cofundó. En la saga, los palantíri son piedras que permiten observar y comunicarse a distancia, pero también pueden servir para vigilar y manipular bajo el poder de Sauron. El disfraz resume la crítica: Gandalf contra Palantir.
La compañía procesa información para agencias de seguridad y Fuerzas Armadas. Sus contratos migratorios en EE.UU. y con Israel generaron críticas. Aquí, la protesta apuntó al desembarco económico de Thiel. En abril compró por 12 millones de dólares una residencia de 1.600 metros cuadrados e invirtió 76 millones en Vista Energy, petrolera de Vaca Muerta.

Los manifestantes relacionaron esos movimientos con el “Super RIGI”, el proyecto de beneficios para inversiones estratégicas, incluidos centros de datos. Thiel se reunió con Javier Milei y Luis Caputo, mientras el Gobierno busca atraer capital tecnológico.
Al día siguiente se conoció otro revés. Thiel se bajó de Vientos de Cambio, el foro liberal del 1 y 2 de septiembre en el Sheraton de Retiro. Iba a conversar con Axel Kaiser sobre “La contrarrevolución de la tecnología”. Primero se habló de “motivos de fuerza mayor”; después, la organización atribuyó la ausencia a problemas de agenda y logística. No hay evidencia pública de que la protesta haya causado la cancelación.
Los Gandalfs convocaron a otra marcha para el sábado 29: irá desde la Flor de Figueroa Alcorta hasta la casa del empresario, con las consignas “Peter Thiel go home”, “No al Super RIGI” y “La tierra y el agua no se venden”.
La serie había comenzado en Europa. En mayo, el Wiener Festwochen de Viena canceló un debate con Thiel sobre el Anticristo tras críticas y bajas de artistas. En julio, un hotel irlandés dejó sin sede a un retiro de Dialog, círculo que cofundó, luego de una campaña propalestina y el anuncio de protestas. De Viena a Barrio Parque, cada aparición activa una oposición que mezcla denuncias por vigilancia, rechazo político y una ironía nacida en la Tierra Media.














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