lunes, febrero 24, 2020

POLíTICA | 24-01-2020 13:28

Las mil caras de Stiuso

La nueva vida del ex espía más temido después de coprotagonizar el documental de Netflix sobre la muerte de Nisman.

Jaime” Stiuso fue a cargar nafta. Hacía pocos días que había llegado de vacaciones de Punta del Este y cuando bajó a buscar su auto a la cochera se dio cuenta de que tenía el tanque casi vacío. Arrancó y apenas llegó, rumbeó directo hacia una estación de servicio. Pidió que se lo llenaran con nafta premium. Su primer reflejo fue pagar en efectivo, como aprendió en la Secretaría de Inteligencia, pero no tenía tanto dinero encima, así que sacó la tarjeta de crédito. El empleado le pidió el DNI para corroborar la titularidad de la tarjeta y al verlo soltó una mueca: “Disculpe, no lo había reconocido. Lo vi en la serie de Nisman, está muy buena”. Stiuso solo atinó a sonreír y tras firmar el ticket con una extraña sensación de satisfacción, se fue.

Antonio Horacio “Jaime” Stiuso disfruta de la fama, no es algo que le genere conflictos. El jueves 16, mientras esta nota se escribía, caminaba por la zona de Arroyo y Suipacha y una vecina del barrio le pidió una foto con él. Accedió sonriente. Iba vestido con jean, remera blanca y una campera Patagonia color turquesa. A diferencia de sus colegas, fue desarrollando tolerancia a la exposición desde que en los años 80 salió por primera vez en la revista Línea, una publicación de extracción peronista, y con el tiempo aprendió a sacarle rédito.

Ahora, esa fama, que solo se limitaba al suelo argentino, se expandió al mundo, tras coprotagonizar el documental de Netflix “El fiscal, la presidenta y el espía”. En el título, el lugar de “el espía” es para Stiuso.
La serie está disponible desde el 1° de enero en toda América Latina, Estados Unidos, Canadá e Israel. Luego, el 12, se estrenó en España y el pasado 14 debutó en Alemania.

Serie. El documental no le gustó, les confió a sus allegados. Dijo que al director le faltó información y que usó a dos agentes norteamericanos que trabajaron poco durante el caso para contradecirlo. Uno es James Bernazzani, quien fue asignado al caso AMIA entre 1997 y 1998. El otro, Ross Newland, el ex jefe de la CIA en Buenos Aires, de quien Stiuso no tiene los mejores recuerdos. En el documental Newland se presenta como amigo de Stiuso, pero allegados al ex agente de la SIDE sostienen que no son cercanos. Newland, allí, lo define como una suerte de “Rasputín” vernáculo y dice que le gusta “figurar”. Sincero amigo.

Lo que más molestó a Stiuso, según pudo reconstruir esta revista, fue que ambos agentes norteamericanos sostuvieron que la pista iraní sobre el atentado a la AMIA estaba “floja de papeles”, uno de los ejes de la investigación sobre los que trabajó la SIDE. Una novedad en línea con esto se dio hace algunos meses. Stiuso tenía una denuncia por incumplimiento de los deberes de funcionario público hecha por Oscar Parrilli cuando era jefe de la AFI. Esto fue porque habían encontrado en la AFI unas notas que intercambiaron Nisman y Stiuso durante varios meses en los que el fiscal le pedía que apuraran unos informes y Stiuso demoraba en las entregas. A finales de la gestión de Macri, se encontró un pendrive con los informes en los que se estaba trabajando y fueron presentados en la causa donde se había denunciado a Stiuso. En esos documentos habría más indicios sobre el rol de Irán en el atentado.

Horror. Uno de los puntos más polémicos del documental es cuando el director, Justin Webster, le pregunta a Stiuso por qué no le dijo a Nisman que Allan Bogado, el supuesto nexo K con los iraníes, no pertenecía a la SIDE. No faltó quien especuló que ese fue el motivo principal que derivó en la muerte de Nisman. Bogado es uno de ellos. En la serie, Stiuso sostiene que Nisman sabía que Bogado no era de la SIDE, aunque lo había incluido en la denuncia como un agente oficial del organismo. Para Stiuso, el problema fue que Nisman se apresuró y no llegó a constatar quién era Bogado realmente. Stiuso estaba siguiendo la pista de que Bogado trabajaba para una suerte de SIDE paralela que era encabezada por Fernando Pocino, uno de sus enemigos más célebres dentro de “La Casa”, como se suele llamar a la Secretaría de Inteligencia. En una escucha que tenía Nisman, Bogado afirmaba trabajar para la “base Billinghurst”, donde funcionaba el área de Reunión Interior. En diferentes entrevistas, incluida una con esta revista, Bogado sostenía que trabajaba como agente “inorgánico” de los servicios de Inteligencia, pero la tesis de Stiuso es que Bogado ni siquiera era eso. Porque no trabajaba para operativos del organismo sino para intereses particulares de otros agentes, incluso de diferentes fuerzas, como la Gendarmería Nacional. Es decir: un cuentapropista.

Presente. Hoy Stiuso ya no es más parte de la estructura del Estado, aunque sigue recibiendo las miradas de quienes lo consideran una amenaza o lo recuerdan como un agente infalible y peligroso. Se dedica a la consultoría y está reorganizando una empresa que prestaba servicios a constructoras de obra pública. Gana mucho más dinero que cuando era funcionario del Estado, y además recibe una jubilación de unos 130 mil pesos mensuales.

La consultora se llama Security and Health Company (Compañía de Seguridad y Salud) y, dicen, la principal actividad es trabajar en crisis internas y externas dentro de empresas. Además, como no podía ser de otra forma, hace asesorías en temas de seguridad. Uno de los primeros interesados en sus servicios fue el empresario bahiense Gustavo “Turco” Elías, quien, como reveló esta revista, lo llevó en avión hasta su casa en Bahía Blanca, a fines de 2016, para consultarlo por unos problemas de inseguridad. Esa misma sociedad también asesora en temas nutricionales a empresas alimenticias, pero de eso se encarga la actual pareja de Stiuso, que es nutricionista.
Otra actividad que está desarrollando el ex espía es volver a trabajar como proveedor de empresas de obra pública, algo que ya había hecho mientras era agente de la SIDE. Aparentemente, ahora está arreglando algunas máquinas que tenía arrumbadas en un corralón y también está por crear una empresa nueva porque la que tenía antes fue denunciada por lavado de activos durante 2015 y comenzó a tener todo tipo de problemas, especialmente en los bancos. Por eso hará borrón y empresa nueva.

El último trabajo que le ofrecieron fue asesorar a una serie de Netflix sobre la Mossad –el servicio de Inteligencia israelí– llamada “Fauda”, porque quieren hacer un capítulo sobre Nisman. Todavía no respondió. Lo está pensando.

Sus amistades, como él, tampoco son las mismas. Mientras estuvo en actividad, supo cultivar lazos con Javier Fernández, auditor general de la Nación y célebre padrino de jueces federales, y con Darío Richarte, ex número 2 de la SIDE, quien también supo tener una fuerte gravitación en Comodoro Py. Hoy, el vínculo con ambos jugadores judiciales está debilitado. Según las fuentes de esta revista, el enojo con Fernández es porque en la causa de los cuadernos, cuando se descubrió que el chofer Oscar Centeno escribió que había llevado dinero a la casa de Fernández en Villa Urquiza, el auditor intentó que los cañones apunten hacia Stiuso, porque en la anotación decía “J de inteligencia” y Fernández argumentó que eso era alusión a “Jaime” y no a “Javier”. El problema es que la anotación era de octubre de 2015 y para ese entonces, Stiuso estaba asilado en Estados Unidos.

Con Richarte la fricción se habría dado durante la gestión de Macri. Todo indica que Stiuso habría detectado que el grupo de la AFI que estaba apadrinado por el ex presidente de Boca, Daniel Angelici, habría invocado el nombre de Stiuso para facilitar algunas gestiones frente a jueces con los que el ex espía tiene buena relación. Stiuso se enteró y la situación no le agradó. Pero a pesar de todo y de estar lejos del Estado, mantiene vínculos con jueces. Stiuso y el entorno de Richarte niegan que haya habido un cortocircuito.

Carpetazos. Desde que Stiuso regresó al país en 2016, se esperaba que hubiese “carpetazos” contra Cristina Kirchner, su principal enemiga desde 2015, el año que lo echaron. Ese mismo año en que su amigo Alberto Nisman presentó su denuncia, antes de ser encontrado muerto en su departamento de Puerto Madero. También en 2015, Oscar Parrilli, por pedido de la entonces presidenta, buscó todas las maneras posibles de generarle problemas judiciales e incluso se pidió una circular azul de Interpol para averiguar su paradero. Para ese entonces, la influencia del gobierno K en Comodoro Py era bajísima y fue imposible avanzar con esos pedidos. La desesperación por encontrarlo era tal que la propia Cristina le pidió a Estados Unidos, en su último discurso ante la ONU, que le diga dónde estaba “Jaime” Stiuso. Cuando se supo que el agente había regresado a la Argentina, se esperaba que comenzara la vendetta. Algo que no pasó. La mayor amenaza judicial a CFK llegó desde el lado de Claudio Bonadio, uno de los enemigos del ex espía, y de Julián Ercolini. No hacía falta que Stiuso activase a sus jueces y fiscales conocidos con los que solía compartir asados en una casa que había alquilado Javier Fernández en el country Pilar del Lago durante el verano de 2014/2015. A esas comidas solían ir el ex fiscal Germán Moldes, y los jueces Luis Rodríguez, Sebastián Ramos, Marcelo Martínez de Giorgi y Eduardo Farah.

Ahora lo difícil será desarrollar un vínculo con la gestión de Alberto Fernández, sobre todo por el seguro veto de Cristina Kirchner. En una entrevista con Horacio Verbitsky, el Presidente tuvo una doble definición para el rol de la SIDE en tiempos de Stiuso. Dijo que se hizo un buen trabajo con la resolución de los secuestros extorsivos, sobre todo en los casos de Axel Blumberg y el padre de Pablo Echarri, pero que ese vínculo con la Justicia había dado lugar para que se desarrollara una relación espuria.

Otro factor de conflicto es Gustavo Béliz, quien mostró el rostro de Stiuso en televisión en 2004. En el inconsciente colectivo está instalado que Béliz fue echado por ese hecho, pero Verbitsky, en una entrevista con María O’Donnell en 2015, recordó que en una charla telefónica con Alberto Fernández, este le dijo que Béliz fue echado por oponerse a que la Policía Federal vaya a las manifestaciones sociales con armas. “Béliz inventó la acusación contra Stiuso para encubrir su salida vergonzosa del Gobierno”, afirmó Verbitsky.

Al día siguiente de que su foto saliera en televisión, Stiuso llegó a su oficina y tenía un regalo sobre el escritorio. Cuando rompió el papel que lo envolvía se encontró con una caja de madera laqueada que tenía en su interior una botella de vodka y dos vasos con una tarjeta del agregado de Inteligencia de Rusia que decía: “Ahora sabemos que sos vos”. El problema no había sido que Béliz nombrara a Stiuso, sino que contara todo el poder que tenía y hasta dónde llegaban sus tentáculos. La relación entre Stiuso y Rusia siempre fue conflictiva porque se formó como aliado de Occidente, es decir la CIA. En 2010, cuando un agente ruso llamado Alexander Poteyev desertó y entregó un listado de agentes rusos alrededor del mundo, se descubrió que muchos estaban infiltrados como periodistas. En esa lista estaba la célebre modelo y conductora televisiva Anna Chapman. Desde entonces, Stiuso acuñó la frase: “Para los rusos, la debilidad de Occidente es la libertad de prensa”, en referencia a que los periodistas de esta parte del mundo tienen mucha más libertad para ejercer su profesión y tener acceso a información privilegiada. La diferencia entre los periodistas y los espías es que los periodistas publican lo que saben.

Hoy a Stiuso solo le preocupa una cosa: se acaba de estrenar la película “El robo del siglo”, protagonizada por Guillermo Francella y Diego Peretti, que está basada el atraco al Banco Río de Acassuso. La historia oficial dice que la caída en desgracia de la banda se produjo porque una ex esposa despechada entregó a los ladrones. La versión de la Inteligencia argentina (o sea Stiuso) es que quien aportó la primera información para detener a la banda fue la SIDE y de eso se sabe muy poco. No sea cosa que le roben parte del protagonismo que aprendió a disfrutar y que, como cuando era el espía más temido, no está dispuesto a compartir.

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Rodis Recalt

Rodis Recalt

Periodista de política y columnista de Radio Perfil.

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